UNO DE los hombres más hermosos que ha creado la Naturaleza», pensó andrea . No era sólo guapo, era guapísimo.
El joven que estaba sentado en el banco habría llamado la atención de cualquiera. Su pelo oscuro se rizaba un poco en la nuca. Sus rasgos eran perfectos, equilibrados, excepto la boca, generosa y sensual. Parecía dormido, pero aún así estaba sonriendo.
No había un gramo de grasa en todo su cuerpo. Con una vieja chaqueta, pantalones vaqueros y barba de un día podría parecer un vagabundo, pero un vagabundo con estilo.
Con los ojos cerrados y la cara levantada hacia el sol, parecía un dios pagano, el símbolo de la perfección física.
«Seguramente no tendrá dos dedos de frente», pensó andrea . «Aunque con una pinta tan fabulosa, no le hace ninguna falta»
Pero no era verdad. Su rostro contaba una historia diferente. Las ojeras decían que era un hombre que estaba pasando por una terrible crisis. Alguien que no había dormido bien en mucho tiempo.
—Mamá.
Andrea se volvió para mirar a su hija, que tenía una pelota de fútbol en la mano. —Perdona, cariño. —Vamos a jugar, mami.
Era el primer día de primavera y Nikki había querido celebrarlo en el parque. Andrea había puesto pegas al principio...
—Pero si todavía hace frío.
—¡No hace frío, no hace frío! —había protestado su hija de ocho años, indignada.
Y era verdad. Hacía un día precioso. Pero ella tenía otras razones para no querer enfrentarse con el mundo, razones que no podía contarle a su hija, pero que Nikki entendía sin necesidad de hablar.
Antes de salir de casa, andrea se pasó un cepillo por los desordenados rizos rubios, aunque no había forma de controlarlos. Tenía aspecto de adolescente, pensó. Parecía una animadora sin una sola preocupación en el mundo. Y, a los treinta y dos años, seguía teniendo la figura de una jovencita.
Pero su rostro estaba marcado por la tristeza y la desesperación. Era demasiado pronto para tener amigas, pero una sombra oscurecía sus ojos azules.
Y lo que más le dolía era que esa misma sombra empezaba a aparecer en los ojos de su hija. A los ocho años, Nikki empezaba a perder su alegría infantil.., por una razón terrible. Y no había nada que ella pudiera hacer.
El parque estaba lleno de gente y los niños jugaban a la pelota mientras los adultos tomaban el sol.
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Un Destino inesperado
Romancetodo por una niña muy especial... andrea era una madre soltera que sabía perfectamente que su hija quería un padre que la amara incondicionalmente. Por eso, por el bien de la pequeña Nikki, andrea aceptó un matrimonio de conveniencia con el italiano...
