–Hija ¿Podrías hacerme un favor?– Escucho a mi madre desde la cocina
–Claro mamá ¿Qué necesitas?– Respondo desde el jardín.
–Ven un momento– Solicita.
–Voy– Digo levantándome del suelo y dirigiéndome hacia donde está ella.
–Toma– Dice entregándome una cesta llena de comida con una botella de vino y una cantimplora con agua dentro.
– ¿Para quién es esto?– Pregunto revisando la canasta en busca de una tarjeta que respondiera mi pregunta.
–Eso es para tu abuela mi niña–.
–Oh vaya. –Veo que ella toma algo de color rojo y viene hacia mí con la prenda en sus manos
–Lleva la caperuza que te hizo tu abuela– Dice poniéndomela encima.
–Como quieras– Suspiro resignada.
–Entonces ve rápido antes de que anochezca. –Apura mi madre
–Vale, volveré pronto– Digo emprendiendo paso hacia la salida.
–Espera Allen. –Me detengo con la mano en el pestillo de la puerta –No te desvíes del camino. Siempre sigue la ruta de la villa sin adentrarte más allá en el bosque, es muy peligroso.
–Sí, ya lo sé–.
–Vale–'.
– ¡Te veré más tarde mamá!– Digo saliendo de la valla que rodea toda la parcela en la que está la casa.
– ¡Te estaré esperando!– Dice ella despidiéndose con un gesto de la mano antes que yo hiciera lo mismo.
Un rato más tarde ya me encuentro en el camino hacia la casa de mi abuela. Observo detenidamente las flores a lo largo del sendero: las margaritas, las azucenas, las rosas, los claveles y las violetas. Todas tan hermosas y delicadas, ¡Son incontables! Este es un verdadero paisaje oculto a los simples ojos de una mirada superficial. Mi mente está perdida entre la belleza del bosque, en lo alto de las copas de los árboles, hasta que la sombra de una silueta desconocida irrumpe en mi plano de visión.
– ¡Hola pequeña niña!– Es la voz de un hombre que proviene desde atrás mío
– ¿Quién es?– Me detengo en seco
–No tengas miedo– Dice la voz emitida por el hombre quien se acerca a mí cada vez más mientras me giro.
– ¿Qué quieres?– Digo retrocediendo un paso.
–Ven conmigo... Tengo muchos dulces para darte–.
– ¡¿Quién eres?!– Repito con algo de enojo
–Sólo soy alguien a quien le gusta tu tierno y precioso rostro. – Produce una corta risa –Eres como una muñeca rusa de porcelana: tan delicada, tan sola, tan... vulnerable–.
– ¡Aléjate!– Grito antes de salir corriendo por el sendero para llegar a un punto en el que trato de tomar un atajo a través del espeso bosque pero me topo con una especie de muro de piedra. Trato de encontrar una salida pero no la hay, el hombre me tiene acorralada.
Se oye el eco de una cínica risa acercándose rápidamente junto a unas pisadas y el sonido de arbustos moviéndose.
–Ya te tengo. –Logro ver su desgastado rostro gracias a un débil rayo de luz solar que atraviesa las ramas de los robles. –No hay salida... Ven con papá. –Al parecer no hay más opción, no hay nada que pueda hacer.
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Caperuza Roja: El Monstruo del Bosque ©
Short StoryLa pequeña con cerca de dieciséis primaveras es víctima de un horrible monstruo en el bosque del cual logra escapar para luego encontrarse en la casa de su abuela, a quien su madre le encargó llevara alimentos, despertando de un estado de inconscien...
