El Té

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La rara historia de la vida de Emma comienza en una casa de Inglaterra, en la casa hederada por su madre ya difunta, una casa bastante antigua que a flor de piel se notaba, una puerta de madera desgastada, con grades ventanas antiguas que adornaban la fachada y con cortinas tan desgastadas como los sofás que en su interior habitaban. Una casa pequeña de dos pisos.

Esta historia no remonta a épocas muy antiguas, sin embargo eso pareciera. Esta se podría relatar en 1989.

Una mujer sentada en el sofá de su casa adornaba y iluminaba la sala; que estaba compuesta por una fina alfombra, un candelabro con muchas joyas y una pequeña y bien cuidada mesa de té, en donde se podía observar un juego de té decorados con delicados y elegantes estampados de lilas.

Un té con delicioso olor a manzanilla que la mujer, de cabellos dorados y rosados labios, consumía mientras se deleitaba saltando entre cada una de las líneas de su libro.

Se preguntarán por el Señor de esta Señora, pero esta elegante y siempre soberbia mujer era demasiado inteligente y cuadrada para "dejarse caer tan fácil en ese juego" como ella lo diría.

Aunque todos los hombres que la conocían, o que alguna vez la conocieron, intentaron dominar sus curvas tan bien marcadas ella nunca cedía.

La vieja madera de la puerta sonó repetidamente, Emma se levantó cruzó por la sala para llegar a la bien decorada entrada de su casa.

Al abrir se dio cuenta que era el mensajero que llevaba un paquete de tamaño mediano, aunque ella ya sabía de qué se trataba.

-Buenos día señorita- dijo el hombre con una radiante sonrisa en el rostro- bello día, soleado, ¿no cree?.

-Un día no se puede limitar porque este soleado o nublado- Emma tomó el paquete- una tarde es una tarde, una mañana es una mañana, una noche es una noche- el mensajero extendió la mano en la que llevaba unos papeles y un bolígrafo azul,en señal a que procediera a firmarlos- sin importar el estado del clima ¿no cree?.

El hombre tomó los papeles y pudo percatarse de la firma impecable que estaba en ellos, y dijo:

- Mis valores me llevan a creer que cada persona tiene una opinión válida- el hombre se quitó el sombrero- Que tenga un buen día.

- Igualmente- respondió Emma y seguidamente cerró la puerta.

Emma estaba en la cocina en busca de una tijera para poder abrir el paquete. Era un reloj, que le pertenecía a su padre, quien había muerto en el hundimiento de un barco, una tragedia con la cual Emma tenía que vivir toda su vida.

Emma iba a subir y dejar el reloj en su cuarto pero el estruendo de pedazos de vidrios chocando contra el suelo hizo que la atención de Emma se fijará en la sala, a la cual se dirigió rápidamente.

Al llegar pudo ver la taza rota en millones de pedazos en el suelo y el té de manzanilla esparcido en el suelo.

¿Cómo había pasado aquello? Se repetía cada vez más frecuente en su cabeza, ella estaba sola, la mesa era estable no se tambaleaba y la taza la había dejado en el centro de la bandeja, rodeada de la tetera y de otras tasas. ¿Cómo era posible?

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