CAPÍTULO 1

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Ya estoy en el aeropuerto. Esperando sentada en un banco a que llegue mi avión. Con el móvil en la mano, hablo con mi mejor amiga mientras miro todas las notificaciones que me llegan de Instagram aprovechando la mala, pero única conexión que hay en el aeropuerto. Cuando me despido de todos mis amigos y familiares voy yendo al detector de metales, un poco aterrorizada - aunque pienso que es la misma sensación que tenemos todos al pasar por allí, ya que me imagino lo vergonzoso que tiene que ser que te pite, delante de TODA la cola - pero intentando meterme en ella rápidamente con miedo de perder el avión. Llega mi turno. Cruzo los dedos para que no pase nada. Y en efecto, no ha pasado absolutamente nada. A continuación, me dirijo al mostrador donde espera una - aparentemente - amable señora tendiéndome la mano para que enseñe mi billete y DNI.

- ¡Que tenga un buen viaje, señorita Sparks!

Yo se lo agradezco, aunque pienso que no va a ser así, porque no he montado en un avión desde que tenía ocho años, cuando fuimos de vacaciones a Italia, y lo pasé fatal. - Y solo fueron 2 horas de viaje - Todavía, con dieciséis primaveras, no he conseguido dejar de temblar al oír la palabra 'avión'.

Después de dejar mi maleta - o maletón - en la cinta transportadora, subo por las escaleras del avión hasta que llego a mi asiento. Lo primero que hago es poner el móvil en 'modo avión', por si acaso. Después me abrocho muy fuerte el cinturón, preparándome para despegar. "Va a ser un viaje muy largo, Lucía" pienso. Voy a pasar 10 horas, ni más ni menos, encerrada en este cacharro volante. El avión empieza a despegar y yo cierro los ojos mientras me agarro con mucha fuerza a los brazos del asiento, como si de la montaña rusa más alta del mundo se tratara. Contengo mi respiración esperando a que ya estemos en el aire cuando por fin abro los ojos. Me doy cuenta que todas las personas de mi alrededor me están mirando intentando contener la risa. ¡Hasta a un crío que parece tener alrededor de siete años se le escapa una carcajada!

Como últimamente me da bastante igual la opinión de los demás, los ignoro, les miro en plan arrogante y cojo los auriculares para escuchar la lista de reproducción favorita de mi móvil. En ella, obviamente, no pueden faltar Justin Bieber, Zayn, Zara Larsson, David Guetta, Coldplay, y por supuesto los hits de este verano. Le doy al 'play', y mientras escucho 'Love Yourself', me quedo pensando en que tenía que haber respondido a esos tontainas. He cambiado mucho este año. Desde luego, si hubiera tenido trece años, bien que se habrían enterado esos listos - ya que era muy impulsiva - Ahora, como he dicho antes, me limito a soltar una mala cara y obviarlos. Veo que la música se ha parado, y suena otra canción, 'Hymn for the weekend', o 'el himno de fin de semana', que es el nuevo single de la banda Coldplay, a la cual me estoy enganchando muchísimo estas ultimas semanas.


Mientras la música sigue sonando, pienso que todo esto se pasara rápido, que mi hermana me estará esperando en el aeropuerto, con su gran sonrisa de siempre. Me estará esperando en el aeropuerto de California. Estoy deseando verla, ya que llevo casi dos años sin verle el pelo. Espero que esté igual que siempre. Ella era la alegría de la casa, y me dio un buen bajón cuando se fue a California con el enorme sueño de algún día llegar a ser una gran actriz de Hollywood. La verdad es que, con lo cuentista que ha sido siempre, no creo que le haya ido tan mal. Ahora tiene diecinueve años. Hace tiempo que llevaba planeando este viaje. - por lo menos desde hace un año y medio - Yo quería haber ido antes, pero mamá siempre decía que era muy pequeña para viajar sola, y era la única forma para poder visitarla, ya que el nivel económico de nuestra familia, no es que sea muy alto - a quien le voy a engañar, es mas bien bajo - y no había dinero suficiente como para poder viajar los tres desde España hasta California. Así que, ahora, con dieciséis años y después de haber estado ahorrando dinero para el billete de avión, me dirijo a la ciudad mas cinematográfica, la mas chula, la mas soleada. Al paraíso juvenil.

Mientras pensaba todo eso, resulta que me he dormido, y me despierta un altavoz con la voz de una chica, diciendo que nos abrochemos los cinturones, porque vamos a aterrizar. A mi no me ha supuesto ningún esfuerzo porque ya lo tenia atado, y la única vez que me lo he desabrochado ha sido para ir al baño. El aterrizaje resulta un poco brusco, pero salgo viva. Cuando el avión por fin para, intento salir lo más rápido posible de aquí. Me dirijo hasta la cinta transportadora de maletas y después de haber localizado la mía fácilmente - gracias a mis súper pegatinas con corazones y flores que puse exactamente para eso - busco una cara conocida y parecida a la mía hasta que la veo. Mi hermana. La que no veo desde hace dos años y que esta bastante mas alta que de costumbre. Miro hacia abajo, y, claro, llevando esos pedazos de tacones yo también mido 1'80.

- ¡Alba! - grito con mas energía que nunca.

- ¡Lucía!- lo hace ella también.

Tiro la maleta hacia un lado y la abrazo fuertemente.

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HOOLIS!! ¿Quetaal? ¿Os a gustado la historia? ¿Quereis que siga? Decidmelo pliis :)) Muuchos besoss <3

FOREVER WITH YOU Where stories live. Discover now