Como todos los días casi sobre la misma hora; enfundé mis piernas en aquellas botas negras tan incómodas, de cuero, altas, como ellas solas, me puse delante de les espejo y coloqué sobre mis labios un color rojo que siempre hacía que resaltasen más de lo normal. Porque de eso consistía para mí en este trabajo; resaltar más que las demás ya que si no sucedía eso habría que despedirse de la luz ese mes como sucedía en Enero o mi alimentación se basaba en arroz como sucedió en Febrero. La verdad es que no lo entendía pero en lo que llevaba de año me iba demasiado mal económicamente tan solo venían algunos de mis clientes fijos pero día a día descendían y yo me encontraba desesperada porque si seguía dentro de poco tendré que comenzar a tirar de los ahorros para la universidad porque si no acabaría en la calle, otra vez.
Hice el último repaso en el espejo viendo que todo estaba en orden: el top de lentejuelas enseñaba el suficiente escote; los pequeños shorts se ajustaba a la perfección del poco trozo de piernas que tocaba aquella tela; la botas finalizaban en mitad del muslo tapando más incluso que el ridículo pantalón y ya. Aparte obviamente del maquillaje notablemente excesivo.
Cogí mi tarjeta de transporte público junto con mi carnet de identidad y salí de mi apartamento; bajé las escaleras al abrir la puerta del portal y encontré ahí mi duda: ¿iba hacia un lado o el otro? En la derecha había más posibilidades de encontrar clientes pero eso significaba más competencia y debería bajar mi precio por hora y eso no me lo podía permitir; en la izquierda, en cambio, había menos de mi clase al igual que clientes pero los anteriores eran personas más adineradas y eso producía que mis precios subieran...mucho.
Comencé a andar hacia la izquierda mirando el suelo porque ya sabía lo que estaba pasando a mi alrededor; me observaban con descaro, con asco y llenándome de prejuicios como si me gustase a mí trabajar en esta profesión porque yo me encontraba en estas situaciones a causa de una desesperación muy palpable.
Nada más llegar a la calle me puse apoyada en la pared con los brazos cruzados resaltando todo lo que podía mis curvas. A mis lados había más como yo pero ellas iban más provocativas; enseñando pechos, bragas y cualquier parte de su cuerpo que pudiera llamar la atención sobre las demás, eclipsarnos.
La verdad es que entre todas yo parecía menos atrevida y eso en algunas ocasiones era bueno pero en otras...
Transcurrió el día de forma lenta y no había aparecido ningún cliente. Fue mala idea elegir este lado, en la derecha habría conseguido a lo mejor solo cincuenta euros pero por lo menos era algo aunque en cierta parte estaba más a gusto por el simple hecho de que podría relajarme de la actividad sexual por un día.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un Audi A8 negro entrando por la calle. Me quedé ensimismada en ese coche, si conseguía llamarle la atención podría no tirar de mis ahorros universitarios pero todas las demás se me adelantaron incluido Ann, una amiga mía, siempre conseguía lo que quería y eso significaba olvidarme de aquel hombre con grandes cantidades de dinero.
Solté un suspiro de rendimiento mientras me puse en un banco, sentada, ahí me descalcé y mis muecas de dolor que llevaba haciendo todo el día se transformó en el mayor placer del mundo. Mi largo cabello rubio ondulado lo até en una coleta floja entonces volví a ser casi yo misma. Miré hacia donde estaba ese increíble coche y encontré que estaba aparcando en uno de los muchos sitios que tenía por elegir al igual que chicas, jugué con mis manos a la espera del autobús mientras escuchaba a las chicas con sus diferentes acentos que hay por el mundo convencer al señor que fueran con ellas. Una vez alcé otra vez la cabeza me encontré con lo que esperaba un señor mayor saliendo del coche pero mi sorpresa fue increíble al encontrarme a un hombre de unos años mayor que yo vestido de forma elegante, pero su rostro estaba serio y concentrado buscar algo rodeado de todas aquellas señoritas de compañía. Examinaba la vestimenta de cada una junto con su cara, parecía exigente como si...no sé, era extraño. De repente posó su mirada en mis pies desnudos y fue ascendiendo poco a poco por mis piernas, contenía el aire de la tensión que sentía por su mirada, llegó a la zona de mi vientre aún con la cara impasible y miró mi cuello frenándose ahí unos segundos más de lo usual hasta que llegó el momento de mi cara y frunció el ceño en desacuerdo con algo que vio en ella y se acercó a mí.
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No Seré Tu Pretty Woman
RomanceLa lista de complicaciones que lleva Daniela en su espalda le impide vivir una vida normal y tranquila, lo siempre deseado por ella. Hasta que un día normal para ella, saliendo a las calles haciendo su rutina diaria se encuentra al multimillonario...
