Cuando te ví...

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Él era nuevo en la ciudad, por lo tanto, también lo era en la escuela. La primera vez que lo vi fue de reojo, como ver a cualquier otra persona frente a mí. Recuerdo que lo miré algunas veces antes de poder escuchar su voz, de saber su nombre, de apreciar su aroma, ¡antes de que entrara a mi vida!El recuerdo más cercano a la primera vez en que coincidimos, que aún conservo, fue en aquel otoño, cuando Zulema, mi mejor amiga le jugó una broma a Manuel, el mejor amigo de Fernando. Le regaló un dulce con sabor a ajo, él al instante lo escupió y ambas nos reímos, pero más ella, ya que su travesura había sido un éxito. Fernando estaba junto a Manuel y pude notar una sonrisa en su rostro, era una sonrisa burlesca por lo que le había ocurrido a su amigo.

Días después él pasó detrás de mí, mientras yo estaba recargada en un balcón; no me volteó ni a ver y yo sólo lo seguí con la mirada unos cuantos segundos, pero no le tomé importancia.Había un chico llamado Héctor, era bastante extraño y desesperante en ocasiones. Él todo el tiempo trataba de unir personas que a su consideración se veían bien juntas y "eran el uno para el otro", según su criterio. Una chica llamada Katherine de mi clase estaba hablando con Héctor, yo estaba a un lado de ellos escribiendo y podía escuchar su conversación. Él le decía que se veía bien con Fernando Parra Sambada, ya que habían rumores de que a Fernando le gustara Katherin, y que se notaba que a ella también le gustaba él.Cabe recalcar que Héctor era bastante mentiroso, e inventaba cualquier cosa con tal de que dos personas estuvieran juntas. Ni siquiera escuché la respuesta de ella porque no me importaba de lo que hablaban, no sabía quién era "Fernando Parra" al menos y seguí con lo que yo hacía.Pasaron demasiados días, yo había visto antes a Fernando por la escuela y era de las pocas personas que me llamaban la atención, pero no lo suficiente para gustarme. En ocasiones hasta se me olvidaba su existencia, no sabía su nombre, sólo sabía que era aquel chico que todo el tiempo se acomodaba las mangas de su suéter verde.

Había llegado el invierno, de pronto una mañana Héctor me dijo que yo le gustaba a alguien de su salón. La imagen de Fernando vino al instante a mi mente, deseando que ese "alguien" fuera él. Pero no, resultó que yo le gustaba a uno de los mejores amigos de Fernando, se llamaba Fabián, aquel chico intentó de todo para que yo correspondiera aquel amor que me tenía, pero todo su esfuerzo fue en vano, jamás me gustó. Un día de diciembre Fabián me pidió que habláramos, a pesar de que ya lo hubiera rechazado demasiadas veces, seguía insistiendo. Le aclaré que no siguiera intentando algo conmigo porque no iba a pasar. Y en ese momento sus amigos nos vieron hablando, entre ellos estaba Fernando, fue el único que se acercó a "molestarme" diciendo con burla ¿Y tu novio Fabián? ¿Lo quieres mucho, verdad? Era obvio que él sabía que no lo quería, al igual que el resto de personas. ¡Cállate!-Le dije mientras me reía, y simplemente me fui. Como era de esperar, Fabián me habló en la salida, me dijo que me había visto con su amigo y sus palabras fueron ¿Qué te dijo Sambada? Me quedé bloqueada durante unos segundos, pensando en que ese apellido tan extraño ya lo había escuchado antes, ¡carajo! Era el chico de quién hablaban Katherine y Héctor, fue muy sorprendente haberlo recordado, pues mi memoria no es muy buena. Nada importante -le contesté a Fabián mientras seguía caminando tratando de evadirlo.

Día tras día Fernando, cada vez que me veía me decía algo relacionado con Fabián, riéndose por supuesto. Había llegado el 17 de enero, y Fabián se había encargado de decirle a todos sus amigos que era mi cumpleaños, eso comenzaba a molestarme. En fin, a la hora de la salida decidí ir con mis amigas a comer por ahí, y al momento de cruzar la calle, para mi buena o mala suerte, Fernando y Fabián estaban a punto de cruzar. Fernando gritó desde el otro extremo del que yo estaba "¡Feliz cumpleaños linda!" Me quedé muy sorprendida, me sonrojé demasiado, pero sólo le sonreí y no contesté absolutamente nada. Él creyó que lo había ignorado, pareciera que sí, pero aquel momento siempre lo voy a recordar. Sarcásticamente gritó: "De nada, linda." Fue la felicitación más estúpida, pero más tierna que me pudieron hacer. Al momento de voltear para agradecerle, él ya estaba bastante lejos, y no pude hacer nada más, así que seguí mi camino.

Al día siguiente, Abdul (mi mejor amigo ahora), me habló por primera vez. Era el mejor amigo de Fabián, y como era de suponerse, trató de convencerme de que anduviera con Fabián. Todo eso me tenía harta, así que evité el tema por completo y seguimos hablando de muchas otras cosas. Fernando y yo cada vez coincidíamos más, pues yo comenzaba a convivir más con Abdul y sus amigos (que también era amigo de Fernando, Manuel, Fabián y otros chicos) que con mi mejor amiga, me encantaba estar con todos ellos, me divertía bastante y mi estómago cuando sentía cosquillas de tanta risa y felicidad llegó a ser la parte favorita de mi cuerpo. Todos mis recreos comenzaba a compartirlos con Fernando, Abdul y Manuel, éramos buenos amigos. Recuerdo todas esas veces en que caminábamos dando vueltas mientras nos reíamos a carcajadas o las veces en que nos sentábamos bajo un árbol a contar locuras.Un 8 de marzo, Abdul hizo una publicación y ahí estaba un comentario de Fernando. Decidí husmear un poco, vi algunas de sus fotos y me pareció extraño que sólo tuviéramos 3 amigos en común: Abdul, Elena y Diana. Así que le envíe una solicitud de amistad. Yo nunca agregaba a chicos, era bastante difícil que ocurriera eso, pero con él fue la excepción. A las pocas horas me aceptó y debo aceptar que me emocioné un poco... O tal vez un montón.

Un Lunes 10 de febrero le pedí a Héctor que me devolviera un cuaderno que le había prestado, él me dijo que sí, que me sentara en cualquier lugar mientras él iba a buscar.Elegí un lugar al azar, cuando de pronto vi a Fernando entrar por la puerta, y se dirigía a donde yo estaba. Me saludó y yo a él, tomó sus cosas y se fue. Exacto, yo estaba sentada en su lugar sin saberlo, así que sólo esperé mi cuaderno y me fui. Aquel día por la tarde, recibí un mensaje de Fernando, hablamos de nuestros gustos musicales, de lo que nos gustaba hacer, de nuestros cantantes y bandas preferidas... Era la primera vez que teníamos una conversación de los dos únicamente. Me dijo "eres genial", le respondí que él también lo era y sonreí. Ya me tenía que ir a dormir porque el siguiente día debía ir a la escuela, no alcancé a responderle el último mensaje y me fui. Una tarde después, estaba dudando en hablarle o no hacerlo; no lo hice. Pensaba que iba a sonar tonta siguiendo una conversación que ya había acabado, o qué tal si no me contestaba, ¿y si estaba ocupado? Muchas ideas un tanto estúpidas surgieron en mi cabeza.

Y la mañana siguiente nos encontramos en un pasillo de la escuela, él iba con sus amigos y yo caminaba con mi mejor amiga por el mismo rumbo que ellos. ¿Por qué ya no contestas mis mensajes?-Preguntó. No pensaba contarle mis estúpidos motivos porque iba a quedar como una tonta, y dije en un tono de voz que apenas sí se escuchaba: No lo sé, pero prometo hoy contest... No terminé de hablar cuando sus amigos llegaron con un carrito de basura, corriendo y con sonrisas en sus rostros gritando: ¡Fernando, súbete, es muy divertido! Ambos nos miramos y comenzamos a reír, sin pensarlo nos subimos junto con otros de sus amigos hasta que nos cansamos.


El amor a través de tus ojos.Stories to obsess over. Discover now