Prologo

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Tres años atrás.

—Ya llegamos, señorita Blackcat —Me asomé por la ventana del auto para admirar la enorme mansión que se extendía frente a mí. Más de dos cuadras de de puro jardín rodeaban la enorme residencia con aspecto descuidado le daban un toque más dulce, a pesar de parecer que nadie había pisado el frontis desde hace ya años. No me importaba nada de eso, puesto que en mi cabeza solo rondaba el hecho de que fui admitida a esta agencia y gracias a eso me permitieron alejarme de mi país. De mi pasado.

El auto de mi padre se detuvo justo frente a la entrada, o lo que parecía ser la entrada: dos enormes puertas de metal que limitaban el terreno de la agencia. Sonreí para mis adentros. —¿Así que esta es la tan proclamada Agencia Shining. eh? —suspiré mientras esperaba a que John, mi chofer, abriera la puerta para bajar. Me sonreía con orgullo, como un padre que está a punto de dejar a su hija en manos de su futuro esposo. Amplié mi sonrisa—. No me mires así, John.

Tomó con suma delicadeza mi mano mientras me ayudaba a salir del coche, cerrando la puerta a mis espaldas. —Es difícil decirlo cuando tú no eres la que ve a su pequeña abrir vuelo a lo desconocido.

Reí por lo bajo, mirando como se dirigía a la parte trasera del auto para sacar mis maletas. Ya me había acostumbrado a estar con él, y más a que me tratara como su hija, aún cuando simplemente tenía veintisiete años. Era mucho más alto que el japonés promedio y más moreno. Obviamente porque ni él ni yo somos de este país, por lo cual resaltamos mucho más que cualquier otro chico guapo del lugar. Lo miré mientras cerraba el maletero y cargaba con las dos maletas. Era fuerte y su cuerpo estaba bien esculpido, pero lo escondía debajo de su traje. Eso me alegraba. Odio que las chicas se le acerquen simplemente porque es guapo, cuando su belleza radica en su corazón. —Ahora tú eres la que me mira con pena.

—Mi chofer privado, mejor amigo y asistente personal... —comencé a decir, a lo cual él sonrió rodeando los ojos. Reí—. Bueno, mejor amigo y chofer familiar. Además de guardaespaldas...

—Eso te lo acepto.

—Está a punto de dejar alzar el vuelo —lo imité, actuando melodramática. John rió antes de darme un pequeño golpe en el brazo.

—Ve, antes de que convezca a tu padre de volver al país —me indicó, alzando las manillas de las maletas para que pudiera agarrarlas—. Y sabes que él me haría caso. Casi catorce años trabajando con ustedes, creo que me escucharía —le di un beso en la mejilla en modo de despedida antes de comenzar a arrastrar las maletas en dirección a la entrada, la cual estaba ligeramente abierta—. ¡Recuerda los números de emergencia! —lo escuché gritar a mis espaldas—. ¡Cualquier cosa estoy aquí! ¡Me guardé en tu celular como The Best y un corazón! ¡Así alejas a los chicos..!

—¡Ya entendí! —le grité de vuelta ignorándolo. No es como si no lo fuera a volver a ver, puesto que mi padre lo invitó a quedarse en el apartamento que tenemos cerca del centro de Tokio. En la agencia de mi padre. Sí, tiene una agencia. ¿Por qué no fui a esa? ¿Has alguna vez tratado de escapar de todo lo que ya conoces, para ver nuevas cosas?—. ¿Cómo lo haría si todo me lo dan en bandeja en la agencia de mi padre?

Suspiré, elevando mi vista al paisaje. Estábamos en plena primavera y los cerezos están floreciendo. Creo que esa es una de mis partes favoritas de Japón, su belleza. Diría que la primera. Algunos de sus pétalos salían volando por la fresca brisa, pero la mayoría seguí ahí. El aroma que desprendían era delicioso e inevitablemente me entraron ganas de componer. Sí, pensé. Fue buena idea venir.

Podía distinguir la entrada de la mansión no muy lejos de mí. Ahogué mi respiración de la emoción. Apresuré el paso, tratando de evitar tropezar con las maletas. Pude escuchar el agua de una fuente cayendo sin pecados, pero aún cuando sentía esa pequeña conexión con la naturaleza, la emoción de saber que estaba por dejar todo atrás ganaba a las ganas de contemplar el agua. Y lo hacía por mucho. Subí por una gran y larga escalinata, golpeando estrepitosamente mi equipaje y, aún cuando era sumamente cautelosa, no me importó.

Vida de un Idol (Uta no Prince-Sama)¡Lee esta historia GRATIS!