Salí de mi casa en punto de las 7:30 a.m, era un lugar muy frío y solitario porque no vivía con nadie, hacia ya un año y medio que me había mudado de la casa de mis padres; a veces mi mejor amiga venía a dormir pero por nuestros horarios de trabajo no eran muy seguidas esas visitas.
Caminé lentamente por la acera de la calle, era un miércoles muy frío, llevaba puesto un abrigo para protegerme de cualquier enfermedad respiratoria que planeara atacarme.
Di vuelta a la izquierda y así poder dirigirme a mi lugar favorito; Marcus abría normalmente a las 7:30 a.m. pero a mi me permitía entrar 15 minutos antes debido a que somos amigos de años atrás, como siempre ya tenía mi amaretto listo. Desde que tenía 14 y hasta mis actuales 23 he bebido sólo un tipo de café, mi madre solía pensar que me haría daño mientras que mi padre sólo reía ante sus comentarios.
Actualmente todo lo que conlleva mi felicidad es una rica y deliciosa taza de café.
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Cada mañana de lunes a viernes era la misma rutina, levantarme, tomar una ducha de agua caliente y salir con mi abrigo favorito.
En ocasiones por mucho frío que estuviese haciendo ahí afuera me gustaba usar un lindo suéter que mi mejor amiga Louise me había regalado en un cumpleaños.
Hoy 30 de noviembre decidí usarlo, salí de casa y llegué al café -Hola Mark- saludé.
-Buenos días pequeña, tengo listo tu café- dijo mientras me entregaba mi taza personalizada. Así es, él decía que por ser "cliente frecuente" debía de tener una linda taza para beber cada mañana, mientras que a los demás les servía en un vaso desechable de unicel con el logo de su local.
Caminé hasta mi mesa en aquella esquina donde a través del vidrio podía ver los autos y las personas pasar, disfrutaba cada sorbo de mi café, tenía hasta las 8:00 a.m para llegar al trabajo.
A veces Mark abría más temprano de lo normal, la gente de los alrededores adoraba venir tanto como yo, pocos éramos los que nos quedábamos a tomar nuestro café mientras que otros tenían que irse con rapidez para evitar el caos del tráfico.
Tomé mi taza y me dirigí al mostrador para despedirme de Mark, mi celular sonó, era un mensaje de mi jefe diciendo que debía llegar temprano para atender a una empresa de publicidad. Abrí la puerta y choqué con alguien. Me dio tanta pena que sólo bajé la cabeza, susurré un "lo siento" y me fui lo más rápido que pude.
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Lo que nunca me atreví a decirte
Short StoryTe conocí un invierno en aquél café donde solíamos ir cada mañana y nuestra mesa se situaba al fondo de la cafetería, nuestra cafetería. Nunca faltaste, siempre eras puntual mientras que yo ya estaba ahí esperándote con tu americano y mi amaretto. A...
