Prefacio

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Santa Cruz nunca se había sentido más fría, más distante y carente de vida. Santa Cruz fue una vez mi templo, mi paraíso personal, el sitio que guardó bajo su blanca arena nuestras confesiones, en Santa Cruz estaba el mar en el que mojamos nuestros pies cuando nuestros labios al fin se probaron, en Santa Cruz estaban las estrellas que miramos después de que nuestros corazones se desnudaron, allí estaba la cabaña en la que aquella noche consolidamos nuestro amor bajo la más pura de las intimidades, y lo peor, en Santa Cruz supe que había caído por sus malditos ojos color bosque nocturno.

Blaire Wood
(Borrador)

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