A Oscuras

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Un dolor en el costado la hace retorcerse en el suave lecho, al intentar incorporarse, se percata de que no puede mover los brazos, al menos no por separado, un nudo fuerte pero delicado, tal vez seda, tal vez algo más barato y vulgar, ata sus manos una con otra, lo mismo sus pies, antes de entrar en pánico total, Patricia abre los ojos, reza en su mente para que aquello sea un sueño, un sueño extraño, incluso una pesadilla, pero no una realidad a la cual no esta preparada para enfrentar. Sus largas pestañas postizas le revelan poco detalle de su situación, estaba oscuro, apenas si logra dibujar tenuemente la silueta de una mesa casi frente a ella, pocos segundos después una silla se dibujaba y la oscuridad se vuelve un poco menos ciega, sus ojos se van acostumbrando. Intenta no gritar, no ponerse histérica y no intentar algo idiota como levantarse de golpe y caer quien sabe dónde.

La esperanza de que sea un sueño sigue latente en su cabeza. El hecho de no encontrar indicio alguno de un ser vivo le da un poco de tranquilidad, no escucha nada, más que el latido asustado de su corazón, con dificultad se incorpora hasta quedar sentada en la cama.

-Dios, que está pasando, ¿Cómo llegue aquí?

Lo último que recuerda es buscar las llaves de su departamento, luego, nada... Una mano invisible la tomó por la espalda, un pañuelo en su nariz, luego nada...

Pone los pies sobre el frío y áspero piso de concreto, las manos en su espalda, con sus pies palpaba el suelo a ver si encontraba algo, se levanta de la cama y se tambalea, entre las ataduras y su cuerpo aun medio dormido a causa del cloroformo la tienen mareada, y sin equilibro.

-Carajo- repite con voz baja, esperando que nadie la escuche. De repente se percata que esta en ropa interior.

-Diablos, donde estará mi ropa.

Al final de cuentas la ropa es el menor de sus problemas, esta encerrada en un maldito lugar a oscuras y atada. Da diminutos pasos, tanto como se lo permite la atadura que le retenía los tobillos.

-Mierda.- tropieza con algo y de nueva cuenta casi termina en el piso. Se queda petrificada esperando que alguien entre a causa del ruido, pero nadie lo hace, probablemente esta sola en aquel horrible lugar.

Tiene que encontrar algo que le ayude a romper lo que le ata las manos, y debe ser rápido, apenas avanza unos cuantos centímetros, cuando el ruido de unas pisadas fuertes en lo que supone son unas escaleras se acercan a la puerta, el pánico se apodera de ella y lo único que se le ocurre, es volver a la cama dando brincos y fingir que aun duerme, apenas se acomoda en la cama, cuando la puerta se abre, un par de pisadas entran y cierran la puerta con cuidado.

-Que considerado, no quiere despertarme.- piensa Patricia mientras aprieta sus ojos.-

Un pinchazo de temor se apodera de su cuerpo cuando los pasos se acercan a la cama, esta segura que va a matarla, o a violarla, o a violarla y luego matarla o tal vez la violaría incluso después de muerta, ¿Qué clase de pervertido es?- se enfurece en sus adentros, siente que el color se le sube a las mejillas de coraje, por suerte esta tan oscuro que sabe que aquel extraño solo mira un cuerpo desfallecido.

Él le aparta un mechón de cabello de su cara, hizo un grandísimo esfuerzo por no temblar, por no gritar, cualquier movimiento puede delatarla.

-Ya deberías despertar princesa, mi bella durmiente.- le susurró el hombre. Ya quiero que despiertes para volverte a dormir, ya quiero cogerme ese hermoso cuerpo. -susurra cada vez más cerca de ella.

Sus palabras la llenan de terror, tiene que acudir a todas sus fuerzas para no abrir los ojos, para no gritar, incluso no mover un maldito musculo de su cuerpo. La nariz de aquel hombre roza la mejilla de Patricia, casi desfallece en verdad ante el roce de aquel infeliz violador.

Por suerte se aleja de ella, la puerta se cierra detrás de sus pasos y cuando deja de escucharlos, apenas fue cuando su cuerpo se destensa y montones de lágrimas invaden sus mejillas.


AtadaWhere stories live. Discover now