Prefacio
El sonido de los disparos siguió su auto en la oscuridad de la noche y aunque estuviera, quizás, en el mayor enfrentamiento de su vida con el hombre que quería ver su sangre correr, él no se sentía frustrado o impotente, por alguna descabellada razón el sentía que tenía el mundo a sus pies.
Demien sonreía de oreja a oreja, conduciendo a toda velocidad. Justo allí, en ese preciso momento, dejando caos y destrucción a su paso, él se sentía en la cima y nada podía hacerlo caer. Porque para Demien, no existía otro Dios, más que si mismo.
Este era su mundo, su vida, su hogar. Esto era él.
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Incorrecto. ©
General FictionEsa noche, cuando la vi por primera vez, no importó nada más. Absolutamente nada, nada más que ella. "Mis ojos perforaron su espalda mientras la veía mover sus caderas al compás de la música. Esa noche, la miré. La miré hasta que sentí que habia abs...
