Unopuso la caja sobre la mesa azul. Era una caja no muy grande perotampoco era pequeña, podría medir dos palmos de largo, uno y mediode ancho y uno de alto. Era una caja realmente impresionante —apesar de seguir siendo una simple caja—, tenía una transparenciacasi absoluta y, si no tuviese las aristas marcadas de estrechoscilindros blancos, nadie se daría cuenta de que estaba ahí.
—¿Dóndete dejo esto? —preguntó su hermano, Dos.
Conun gesto rápido le indicó que lo dejase en la mesa, al lado de lapreciosa e hipnótica caja. Se fiaba de su hermano menor losuficiente como para otorgarle la tarea de transportar la Semilla deMateria. La caja no se la dejaría; era demasiado bonita, aunque solofuera una caja.
—¿Yaestá todo?
—Sí,yaestá todo —respondióDos.
—Nome creo que sea tan simple. Ha costado demasiado dinero, tiene quehaber más que una hermosa caja y una cápsula de mierda —hizo unapequeña pausa y se giró hacia Dos. Él puso cara rara al escucharlo que dijo Uno sobre la caja—. ¿Me estás tomando el pelo o algopor el estilo? Porque no tiene en absoluto gracia.
—Estodo, Uno, no hay más. Ya sabes cómo funciona esto, seguro, no séni por qué coño te quejas.
Eracierto, ya sabía cómo funcionaba todo. No hacía falta ser un genio(él era un genio, pero no hacía falta serlo) para deducir cómotiraba aquella cosa. La hermosa y casi invisible caja tenía paredesque eran composiciones de prismas, que descomponían y agrupaban loscolores de la luz blanca. Habían sido conectados entre si a uncircuito eléctrico del tamaño de un átomo, lo cual era invisiblepara él. El circuito eléctrico ordenaba a los prismas absorber oproyectar colores (no sabía cómo los absorbía, pero no tardaríamucho en deducirlo, si es que se acordaba de pensar en ello). Lacaja en sí era como un proyector en tres dimensiones, que utilizabalas cosas como si fuera su pantalla
—Tienesrazón. Sólo lo hago para putearte un rato —le espetó Uno.
—Québuen hermano eres —dijo sarcásticamente.
—Nohace falta que me lamas los huevos, Dos, no te lo pienso dejar.
—Tampocoes que quiera usarlo, idiota.
—Lárgatede una vez, pesado.
—Meiré cuando yo quiera.
—Esmi habitación.
—Nopodría importarme menos.
—Soytu hermano mayor.
—¿Sí?Oh, no lo sabía.
—Aunqueno tenga piernas, puedo partirte la cara igualmente.
—Mira,me has convencido —Dos salió de la habitación con una pequeñasonrisa. Uno se aguantaba las ganas de escupir carcajadas como podía,aquella conversación no había tenido sentido, pero le habíacastigado el diafragma a contracciones—. Pásalo bien. Te dejo elpapel higiénico al lado de la puerta, por si lo necesitas.
—¡Vetea la mierda! —Uno le tiró una almohada que rebotó contra lapuerta cuando se cerraba.
Laluz empezó a atenuarse lentamente. Las paredes pasaron a modopantalla, y de repente se encontró sentado en la infinidad absolutade un Universo, con aquellos puntitos brillantes y zonas de diversoscolores oscuros. Joder, molaba mucho; quizás sí que iba a necesitarel papel higiénico que le había dejado Dos. Se rio de su propiopensamiento.
Agarróla caja, la puso encima de sus muñones y después puso encima laSemilla. Estaba emocionado; si hubiera tenido una erección no lehabría sorprendido, aquello era genial. Se acercó rápidamente a lacama con el desplazador, puso ambas cosas en la mesa y se tumbó concierta dificultad. Abrió la cápsula que contenía la semilla y lahabitación se llenó de luz. Aquel pequeño punto brillaba tanto quese vio obligado a cerrar los ojos para no quedarse ciego. Metió laSemilla en la caja y entonces la habitación desapareció. Uno setumbó y poco a poco se fue acostumbrando a la lobreguez, hasta elpunto de no sentir la cama. Su sentido de arriba, abajo, izquierda yderecha se alteró y ahora había creado uno nuevo. Ahora controlabatodo con su pensamiento; era un Dios.
Frentea él apareció una esfera del tamaño de un puño, brillando con uncolor azulado. La semilla estaba preparada; era hora de la GranExplosión. Tocó la esfera y todo se comenzó a expandir creando unnuevo Universo real (no el ficticio que tenía de fondo cuando setumbaba en la cama). Un Universo real dentro de la hermosa y simplecaja, la cual había desaparecido junto con el resto de lahabitación.
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Perditio
Science-Fiction¿Qué sois y cuál es vuestro objetivo en el planeta? El ser humano es el ser vivo que tiene más preguntas en mente y que no sabe contestar niguna dado a que no puede hacerlo. El motivo de su limitación está aquí, donde tu mente está expuesta y yo me...
