El incandescente camino se encontraba desierto e inundado por el ardiente sol, haciendo que el día sea el más canicular del año. El suelo hervía, los arbustos se marchitaban y el agua del pasado lluvioso día se evaporaba. Las aves se refugiaban en los arboles de los abrazadores rayos solares, y las cigarras cantaban lo más fuerte posible, provocando el típico sonido, para algunos bello, para otros fastidioso e irritable.
Con todo su esfuerzo, una joven zagala caminaba lo más rápido posible en la tórrida vía, mientras soportaba los dolorosos latigazos del sol y el caliente y deforme suelo que pisaba. La joven volvía de un fatídico día escolar, no porque la pasara mal, sino porque era agotador, además el uniforme escolar que llevaba consistía en una latosa camisa y un cargante y sofocante pantalón corderoy, aparte debía cargar consigo un pesado morral atestado de hojas y útiles escolares.
A pesar de toda la lasitud y agotamiento que la joven trasportaba consigo, esta se encontraba feliz y dichosa. Tenia varios motivos de estarlo, uno de ellos era que el ciclo escolar de ese año había llegado a su fin, por lo cual iniciaban las vacaciones de verano y con ello los días de holganza, otra de las razones de su jubilo era también que su madre se recuperaba de una larga crisis económica, la cual la había llevado al intento de suicidio en variadas ocasiones.
La joven miro en dirección al sol pero rápidamente aparto la mirada debido a la ofuscación que este le produjo, luego, al recobrar la visión, logro divisar que mas adelante se hallaba lo que más ansiaba, un gran roble ubicado a un lado del camino, era un árbol de grandes dimensiones, el cual en el sector inferior del tallo se encontraba un banco de madera. La muchacha al ver aquel asiento, con todos sus esfuerzos y sin importarle la fatiga, comenzó a correr rápidamente hacia este, y cuando por fin aquellos dolorosos golpes solares dejaron de azotarla y sus afligidos pies tuvieron descanso, la joven sintió una ola de alivio.
Luego de un gran lapso de tiempo recobrando fuerzas, la muchacha, extrajo de su morral una pequeña botella de agua entibiada por el calor, pero que de igual forma bebió rápidamente hasta terminarla. La joven, ya no preocupada por la calorina del lugar, observo su entorno, el cual era una solitaria pero bella pradera que se extendía hasta el linde de un pequeño bosque cercano. Mientras la zagala observaba el entorno, dos mariposas revolotearon cerca de ella, una era una preciosa mariposa monarca y la otra una pequeña mariposa azul, ambas se posaron sobre el respaldo del banco, haciendo que la joven, casi posesa por la belleza de ambas mariposas, intentara atraparlas, pero como resultado ambas mariposas huyeron del lugar.
La muchacha, de un brinco se levanto del asiento, ojeo por última vez el lugar y retomo su marcha. Al salir de la sombra que proporcionaba el árbol, volvió a sentir el punzante ardor del sol en su cabeza, pero igualmente esta continuo con su marcha, esta vez sin descanso.
Después de caminar y palpar cuanto árbol y poste eléctrico se encontrara por el camino, la joven llego a su pueblo, el cual se encontraba un poco apartado de la ciudad pero que asimismo poseía conexiones de red del tipo M.A.N con la ciudad más cercana. No era el pueblo más bello, ni tampoco el más desagradable, la mayoría de los domicilios no estaban terminados, por lo tanto tenían el característico color naranja de los ladrillos huecos, pero las calles y avenidas resaltaban por su pulcritud.
La vivienda de la zagala era una de las mas agraciadas del pueblo, esta estaba completamente terminada y decorada con hermosas flores de variados colores, además estaba situada en una de las zonas mas bellas del pueblo, pero esto no quitaba el echo de que habían pasado por una etapa de crisis económica muy grande. La muchacha al estar frente a su hogar, de su morral saco un llavero con dos llaves, y con una de ellas abrió la verja y con la otra la puerta principal.
Al entrar en la casa la joven arrojo su morral a una silla cercana a la entrada, posicionada junto a una pequeña mesa de decoración. Unos segundos después se escucho una vos proveniente de la cocina.
-¡¿Erika, sos vos?!-dijo Josefina, la madre de Erika.
-¡Si ma soy yo!
-¡Hola hija, ve a tu cuarto y luego baja para comer ¿si?
-¡okay ma!
Erika subió las escaleras y entro a su alcoba. La habitación era pequeña pero lo suficientemente grande para ella, además su madre siempre la limpiaba y ordenaba, tampoco poseía muchos muebles únicamente una cama, un armario, un escritorio y un computador.
La joven cambio su vestimenta por una más cómoda y ligera y posteriormente se recostó sobre su cama, permaneciendo allí un breve tiempo, inmersa en sus pensamientos, pensando en sus cosas, en lo que le gusta, en lo que no le gusta y en lo que haría ese verano. Llego un punto en el que empezó a dormitar, pero inmediatamente recordó que su madre la esperaba abajo con el almuerzo, por lo cual lentamente se levanto, mientras observaba a través de la ventana a las personas y automóviles pasar.
Cuando Erika llego a la cocina, su madre la esperaba mirando el noticiario del día por el televisor y con el almuerzo sobre la mesa. La muchacha se acomodo en la mesa y las dos comenzaron a comer y a conversar sobre los acontecimientos de ese día. Ambas, madre e hija, vivían solas en la casa, el padre de Erika se había divorciado de su madre hace ya tiempo, mudándose a una ciudad bastante lejana, pero igualmente Erika siempre pasaba las vacaciones de verano con su padre, por lo cual se iría con el en aproximadamente un mes.
Al terminar el almuerzo, Erika llevo ambos platos al fregadero, donde posteriormente su madre los lavaría.
-Me voy a mi habitación ma.
- Bueno hija, si necesito ayuda en algo te llamo.
-Bueno ma.
En el momento en que Erika se dispuso a subir las escaleras, su madre salió de la cocina y la interrumpió.
- Hija.
- Que pasa ma.
-Te quiero.
- Yo también- respondió Erika con una sonrisa, pero lo dicho la había dejado un poco desconcertada, ya que su madre, aunque era cariñosa, nunca le decía "te quiero" de manera tan ex abrupta.
Sin darle mayor importancia al asunto, la joven subió a su dormitorio, encendió el computador y frente a este paso el resto del día, realizando variadas actividades, como por ejemplo, hablando con sus amigos para arreglar un día de encuentro, o simplemente escuchando música.
El día y la noche transcurrieron normalmente, Erika casi sin moverse del computador y Josefina mirando el televisor o leyendo un libro. La cena también transcurrió con normalidad y posteriormente cada una se hallaba en su alcoba.
Erika entre las sabanas de su cama e iluminada por una lámpara, se encontraba leyendo un libro del escritor H.P. Lovecraft, su categoría favorita de libros eran los fantásticos, pero esa noche hizo una excepción. Leyó hasta donde el sueño se lo permitió, dejo el libro en el escritorio, apago la lámpara y miro la luna a través de la ventana, esa noche era de luna llena, así que se la podía presenciar en toda su majestuosidad. Erika continúo observando la hermosa esfera blanca, que la observaba desde lo más alto del cielo nocturno, hasta quedar profundamente dormida.
En medio de la noche, Erika se despertó y aunque continuaba amodorrada, logro percatarse de que la habitación se encontraba mas oscura de lo normal, ni siquiera se filtraba luz por la ventana y el cielo raso de la habitación no se lograba divisar, de hecho nada en la habitación se lograba divisar, solo se podía sentir algo, algo que provenía de arriba, algo que esperaba, algo que vigilaba y que sobre todo era muy, pero muy paciente. Erika no tubo otra reacción mas que taparse completamente con las sabanas, esperando a que esa horrible sensación pasase y así fue como sucedió, pronto no sintió absolutamente nada, por lo cual se relajo, retiro las sabanas, extendió un brazo y prendió la lámpara, y forzosamente logro conciliar el sueño, repitiéndose y explicándose a si misma razones absurdas de lo que acababa de suceder.
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Condenadas.
HorrorNada volvió a ser igual en la vida de la joven Erika López, absolutamente nada. Todo se había desmoronado, sus sueños, sus metas y su futuro, ya nada quedaba en pie. Todo desde aquel caluroso día de verano, en el que ella suponía que todos sus probl...
