Por fin el trabajo de las últimas semanas iba a dar su fruto. Habían estado investigando por aquella urbanización día tras día para ver si alguna de las lujosas casas quedaría vacía y expuesta para un asalto.
Cualquiera podía ser un objetivo interesante, ya que era el barrio de los más acaudalados. Muy mal se tenían que dar las cosas para que allí donde entraran no hubiera dinero u objetos de alto valor.
La urbanización tenía una sencilla estructura de calles rectas, formando un cuadrado perfecto. La casa en cuestión se encontraba en uno de los vértices del cuadrado, por lo que tenía otro par de residencias junto a ella. Enfrente tenía el vacío, una amplia extensión de terrenos sin dar fruto que esperaban permisos para construir una ampliación de la urbanización.
La posición de la casa era ideal para el asalto. Imposible encontrar una en la zona situada en un lugar más expuesto y solitario. E iba a estar vacía durante tres semanas, ya que la familia se había marchado de vacaciones. Todos: el matrimonio con los dos niños. Habían dejado para cuidarla una asistente que acudía cada dos días un rato por la mañana para regar las plantas y abrir las ventanas para que la residencia se aireara.
Todo era ideal. Quedaba superar el sistema de alarma y Adams se dedicaba a eso. No debía resultarle problemático, ya que un amigo en la empresa que había instalado la seguridad en toda la urbanización le había dado las indicaciones para entrar en la casa, sin levantar sospechas de que alguno de los instaladores estuviese involucrado. El amigo de Adams, obvio, había exigido a cambio una cuarta parte de las ganancias. Eso generó discusión. Se iba a llevar lo mismo que los otros tres pero no iba a correr riesgo de ser atrapado. Nico se negó en redondo, hasta que debió asumir que sin su ayuda no había nada que hacer. Aceptó- El amigo de Adams.
Adams había ingresado al predio saltando una zona del vallado especialmente vulnerable. La alarma no funcionaría hasta que intentara acceder al interior de la casa, pero ellos no lo harían hasta que la alarma estuviese desconectada.
Cuando lo consiguió, Adams le abrió a sus dos compañeros, que entraron por la puerta principal.
- ¿Te ha resultado complicado?
-No, como quitarle un caramelo a un niño¡
Part 2
Con la alarma desactivada todo era sencillo. Entraron directamente al salón. Aunque había algunos aparatos electrónicos de cierto valor, lo que vieron en la primera inspección era decepcionante. Alfonso dio indicaciones a sus dos compañeros, señalando la escalera al piso superior.
-Arriba puede haber algo más interesante. Sube mientras yo miro qué podemos llevar de aquí abajo.
Adams y Nico subieron y registraron las habitaciones. Joyas, ordenadores portátiles, algún reproductor de música... La excursión saldría rentable, pero no tanto como habían imaginado. Quizá se habían hecho demasiadas ilusiones pensando que encontrarían alguna obra de arte, algo que les diera una ganancia millonaria.
Nico buscaba en el armario del cuarto que debía ser de la hija de la familia cuando oyó que Alfonso hablaba desde el piso de abajo. No entendió sus palabras, pero notó cierto tono de alarma en su voz. Quizá había problemas. Puso más atención y pudo distinguir algo.
-Mira, no queremos problemas. Tranquilo. Quédate quieto y no te haremos daño.
Había aparecido alguien en la casa. Eso no debería haber pasado. Algo se les había escapado y ese error podía llevarlos al enfrentamiento físico. No estaban preparados aunque portaban bates de béisbol como arma.
Nico salió del cuarto de la niña y se dirigió hacia la escalera. Al borde de ésta vio a Ricardo visiblemente nervioso. Se acercó a él.
-¿Qué es lo que pasa?
Ricardo se limitó a señalar hacia el piso inferior. Pudo ver a Alfonso, con el bate de béisbol en las manos, como si estuviera a punto de recibir un lanzamiento, y también pudo ver con quien hablaba.
Era un crío, o por lo menos lo parecía. No debía tener ni diez años y estaba totalmente desnudo. Estaba muy delgado, casi desnutrido y tremendamente sucio; su piel estaba cubierta de porquería. El pelo, que le llegaba a la altura de los hombros, se veía mojado, como si no se hubiera lavado en semanas.
Part 3
-¿Quién es usted?
Balbuceó algo, no eran siquiera palabras.
-Me da la impresión de que ustedes pretendían robar en esta casa, ¿estoy en lo cierto?
Le hablaba como la abuela que le llama la atención a un niño pequeño. El tono no difería demasiado del que usaba con Víctor.
-Por favor, déjeme marchar.
Le corrían las lágrimas. Se encontraba bajo la ventana, en cuclillas, como un animal asustado, y aunque hablaba con la mujer sus ojos no se apartaban del niño, que le miraba fijamente, respirando agitado, como esperando el permiso para atacar.
-No, no puedo dejarle marchar. Lo siento mucho. No podemos dejar que nadie que haya visto al señorito Víctor salga de esta casa. Podría correrse la voz de su existencia y actuarían las autoridades. La familia le quiere demasiado. Sería una tragedia que pretendieran llevárselo.
Se arrodilló ante la mujer.
-No se lo contaré a nadie, lo prometo. Sólo déjeme marchar, y no permita que me haga nada, por favor.
La mujer se mostró más severa.
-¿Es que no me ha oído? Únicamente las personas de confianza pueden abandonar la casa tras haber conocido al señorito Víctor. Es una criatura demasiado especial para que se conozca su existencia. ¿Imagina lo que podrían hacerle en una institución? Con más motivo si se descubren las muertes. Podía caer la desgracia sobre esta familia.
Una mano de la mujer empezó a acariciar el pegajoso cabello del niño, que pareció relajar un poco su respiración. Aunque no dejaba de mirarle.
-Soy de fiar, lo prometo.
La mujer soltó una pequeña carcajada.
-Qué fácil es decir eso. La confianza no se consigue con unas simples palabras, debe demostrarse. ¿Cree usted que me va a convencer con esa promesa entre lágrimas?
Desesperado, no sabía qué responder. Dijo lo primero que se le pasó por la cabeza, con aire resignado:
-¿Qué tendría que hacer para ganarme su confianza? Haré cualquier cosa, lo que sea.
La mujer se mantuvo pensativa unos instantes.
-No es cuestión de un acto puntual. Es un proceso que requiere tiempo, mucho tiempo. No puedo decirle cuánto, pero le aseguro que no sería sencillo ni breve.
Se sentó en el suelo sin fuerzas siquiera para sentir desesperación. Cruzó su mirada con la del niño. Éste ya no se mostraba tan excitado, pero mostró los dientes sin que pudiera descifrar si era una sonrisa o un gesto de agresividad.
-No me importa. Haré cualquier cosa por ganarme su confianza. No me importa cuánto tiempo lleve.
La mujer reflexionó un instante antes de dibujar algo parecido a media sonrisa.
-Está bien. Le daremos una oportunidad. Espero que cuando vuelvan los señores no se molesten por ello; de cualquier manera no es la primera vez que ocurre algo parecido y las cosas acabaron bien.
Miró a Víctor y él dirigió sus ojos hacia ella.
-Señorito Víctor, hágame el favor de vigilar a este caballero. Que no escape. Voy por las cadenas.
