Erase una vez, una chica tan hermosa que cada vez que alguien la veía, nunca más la recordaba porque tal belleza era indescriptible y abrumadora. Ella vivía en una ciudad llena de ojos y dinero, lo cual significaba que mucha gente apenas la veía, querían pagar por su compañía, pero ella siempre se negaba. Su mamá había enfermado con algo que nadie podía curar y por eso, esa chica ya no encontraba consuelo en su belleza ni en su alma. Pensar esto le dió una idea.
Una noche, salió al jardín a llorar y llamó al rey del infierno. Del césped, una grieta ardiente se abrió y de ella un hombre de piel blanca como la nieve y ojos negros como un pozo emergió.
Le dijo "Querida niña, ¿Qué es lo que perturba tu dulce corazón?"
La chica llena de pesar le contestó con miedo: "Señor, he de decirle que no soy una niña, ya tengo 18 años"
El diablo rió y se disculpó, haciendo una gran reverencia. Volvió a preguntarle por su aflicción.
"Señor mi mamá está en cama hace meses y ya no puede comer ni dormir y nadie sabe lo que tiene", le dijo ella y arrodillandose y tomando sus manos le suplicó "Por favor curela y a cambio tendrá mi alma"
Conmovido por la belleza de la chica, el diablo hizo lo impensable y se arrodilló con ella, para poder ver en aquellos ojos de universo.
"Te pido en cambio, tu cuerpo y amor para mi placer", le respondió.
La chica accedió sin dudarlo y el hombre desapareció en la noche.
Al día siguiente, su mamá se levantó de la cama y comenzó a cantar. La chica extasiada por la felicidad de ver curada a su madre, se olvidó completamente de la otra parte del trato y el día en que se iba a encontrar con el que solía ser su novio antes de la trágica enfermedad, una grieta se abrió en el suelo de su habitación y aquel hombre de ojos de pozo, emergió de ella.
"Mi querida niña, tan hermosa como la última vez" dijo el diablo al tomar sus manos suaves como la piel de un ángel, "Ya es hora de hacer de tu cuerpo y corazón, mi propiedad", anunció y le quitó con delicadeza la seda blanca que cubría su cuerpo en forma de vestido.
Ella alarmada y al borde del llanto, se volvió a arrodillar frente a él y suplicó: "Oh mi señor, le prometo que le daré mi cuerpo pero no mi corazón, no le pertenece"
El diablo sin haberse enamorado jamás, asumió que estaba mintiendo y que simplemente no quería cumplir con su parte del trato pero solo asintió. La tomó por la cintura y luego tomó todo su cuerpo.
Con el pasar de las semanas, él la tomaba y luego ella se iba a ver a su novio. Él solía seguirla a veces y observaba que ella caía en sus brazos con una sonrisa sobre sus labios de caramelo, pero con él sólo arrastraba los pies a su cama.
Furioso porque la niña no cumplía su parte del trato, hizo que su madre volviera a enfermar hasta la muerte.
La chica desconsolada, acudió al diablo.
"¿Por qué mi señor me ha hecho esto?", le preguntó.
"Porque habíamos acordado que también me darías tu amor mi querida niña", le respondió con desdén y agregó: "Ahora vendrás al infierno conmigo"
Con el tiempo, la chica fue perdiendo su brillo en la oscuridad de la casa de su amante, pero él no podía dejarla ir, ya había caído en una alguna clase de embrujo, se decía a sí mismo.
"¿Qué me has hecho?", le preguntó un día costernado.
"Eso mi señor, es amor" le respondió fría como el hielo, porque el calor del infierno le había destruido el corazón.
El diablo la dejó ir, porque no soportaba ver la desolación que provocaba su casa en los ojos de su amada.
Ese día, los asesinos amaron y los ladrones regalaron rosas en los callejones.
El día en que el infierno se quebró fue el día en que el diablo se enamoró y su corazón fue corrompido por el amor.
