Dicen que las historias de amor están llenas de magia, de felicidad y de finales felices. Bueno.. realmente no todas son así, y esta es la prueba.
Solía salir cada fin de semana de mi casa, para distraerme, para olvidarme de que en mi vida no todo marchaba como se suponía, y nadie en mi casa parecía tener problemas con eso. Mi nombre es Lory, y esta es mi historia.
Era un día del padre cuando decidí salir a dar una vuelta para despejarme, y lo primero que decidí hacer fue saludar a mi mejor amiga Ashley. Ella se encontraba en el porche de su casa, y siempre estaba radiante, con su cabello castaño que le caía liso hasta su cintura, y sus ojos castaños que siempre mostraban amabilidad.
-Hey- dije para llamar su atención. Ella rápidamente se levantó a abrazarme.
- Cómo va todo? - Dice, queriendo saber sobre la situación en mi casa
- Bien, ya sabes. Hay días buenos y no tan buenos Ash. Caminaré un rato y vuelvo, de acuerdo? -
- Vale, me texteas - Y así empecé aquel día.
