El cielo rojizo se estaba comenzando a poblar de nubes y las siete lunas desaparecían tras ellas. El viento azotaba con fuerza sin dejar absolutamente nada de pie. Lo único que yacía poderosamente inmóvil eran dos monumentos de mármol negro, dos caras alargadas con una expresión de terror. Parecían ser la entrada a un lugar. Pero no había nada mas que rocas, polvo y los vestigios de lo que había sido un bosque. Ya no eran más que troncos sin vida. Las ramas de aquellos troncos estaban siendo arrastradas por las corrientes de viento y el valle estaba repleta de ellas.
De pronto todo el suelo retumbó, un estruendo proveniente entre los dos rostros de mármol negro hizo que todo el lugar se remeciera. La expresión de terror de los rostros aumentó, parecía que estuvieran gritando un sonido mundo. Electricidad recorrió de inicio a fin las estatuas hasta que entre ellas se manifestó una luz que se extendió formando una pantalla de estrellas y el fondo de un espacio infinito. Lo que parecía ser una gigantesca nave espacial salió del fondo estrellado, pasó a toda velocidad y mientras una segunda nave venía tras ella, el portal se cerró, cortándola en dos. De un minuto a otro, el árido lugar, pasó a ser un campo de batalla. Las naves espaciales abrieron compuertas donde cientos de soldados salieron a disparar con sus pistolas de cañones iónicos. Lo que distinguía a cada bando de guerreros, era que uno de ellos vestía con capuchas rojas y eran bastante robustos y altos. En cambio el otro bando eran menudos, vestían de plateado y usaban un casco que no les permitía ver el rostro. Era evidente que los plateados estaban muriendo lentamente, además su nave estaba completamente inutilizable.
Y ahí estaba ella, con su armadura plateada viendo como su ejercito estaba cayendo en manos del enemigo. -¿Cómo habían llegado hasta este punto? -Se preguntaba ella. Se sacó el casco y un rostro pálido ojeroso se reveló. Llevaba su fino cabello negro recogido en una trenza, sus pupilas oscuras se fijaron en el cielo rojo. Se encontraba a años luz de su hogar, un frío y oscuro planeta. La oscuridad era necesaria para ella, y sus ojos la estaban comenzando a extrañar. Les ardían, se sentían completamente ajena a este lugar.
Dejó de disparar y su mente comenzó a retroceder a aquel momento en que su vida había tomado un vuelco inesperado. Ya no estaba en el sitio en que probablemente encontraría una muerte inminente, ahora altos riscos de hielo tenía en su mirada y en su mano un remo. Iba sola en un gran océano, pero tras esos altos riscos se encontraba una gran ciudad aguardándole. Brillaba y resaltaba ante la oscuridad del ambiente, pues en aquella ciudad todo funcionaba con un fluido energético llamado "Attena". Y ese fluido hacía que las cosas brillasen.
Y esta era la razón por la cual había dejado su ciudad que se encontraba bajo tierra. Pues ella era una ingeniera, recién salida del más importante lugar de estudio de su región. sobresaliendo ante sus compañeros la habían llamado a este lugar para comenzar a trabajar en esta extraña sustancia que no hace muchos años estaba comenzando a revolucionar la tecnología del planeta. Ni sus padres, ni sus hermanos, ni sus más cercanos amigos estaban de acuerdo que fuera parte de este proyecto. Menos que comenzara a vivir en esta ciudad. Una discusión civil se había empezado a gestar, pues no se podría decir que era una guerra, ya que no había violencia física, solo eran palabras con mucha diplomacia.
Sucedía que la oscuridad del planeta y la poca actividad, los había protegido durante milenios de los peligrosos invasores que solían andar en los exteriores del planeta. No había ninguna civilización alienígena que supiera que ellos estaban ahí. Pero ellos sabían de casi todas las razas que andaban deambulando a varios años luz de su planeta. Esta era la ventaja de su "oscuridad" y muchos de los habitantes estaban felices con esto. No eran pretenciosos y gozaban de una natalidad controlada, tenían suministros naturales para milenios de años. Esta era otra cualidad de ellos, eran increíblemente ordenados. Su estrella poco luminosa, se calculaba que tenía unos cuantos billones años de vida. Pero aún así, muchos otros querían encontrar un nuevo hogar para echar raíces. Y este era el gran tema de conversación.
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Neptuna
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