I

84 6 11
                                        

Toda mi vida me imaginé morir acostada en mi cama, con los cabellos plateados por el paso del tiempo y siendo una viejita de ochenta años. Pero la muerte nos sorprende a todos un día, ya sea con algún familiar cercano; un amigo o inclusive tu propia muerte.
Eso me pasó a mi unos días atrás.

La noche era fría y, por más que fueran las tres de la madrugada, era demasiado oscura.
Jamás, con mis diecinueve años, había experimentado tal cosa.

Me encontraba acostada en mi cama, mi pecho empezó a arder y, con el paso de los minutos, mi respiración era cada vez más dificultosa. Me levanto para ir hasta la habitación de mamá, pero es en vano.
Mis piernas dejan de responder y caigo al frío suelo.
Veo mi reflejo en aquél gran espejo empotrado en mi pared. Mi rostro se ve borroso y empiezo a preocuparme.
Pero no le llevé el apunte, lo que me preocupaba más en ese momento era que el dolor aumentaba, y sentía como mi pecho se iba cerrando.

- ¡Mamaaaa!- grito con el poco oxígeno que queda dentro mío - ¡Ven, mamá. Por favoor!

Mi visión es cada vez más borrosa, mi transpiración es fría y mi cuerpo tiembla.
Lucho por respirar, por sentir el cálido aire entrar por mis fosas nasales y llenar de vida mis pulmones.

En mi cuello llevo una gargantilla con una cruz como un dije, lo tomo entre las manos y empiezo a rezar, aclamandole a nuestro padre del cielo, que me tome en sus manos y me ayude.

La desesperación aumenta al ver que mi madre no viene. Cierro mis ojos, y con mis manos en la pequeña cruz, grito el nombre de mi ya fallecido padre.
La puerta se abre de repetente. Y una figura corpulenta se acerca rápidamente hasta donde estoy yo tirada.
Reconozco al dueño de la figura: es Jack, mi padrastro.
El grandulón me toma entre sus brazos y baja las escaleras con mucha prisa. Abajo está mamá, con el teléfono en mano, pidiendo una ambulancia. Jack me deja cuidadosamente en el sofá y busca una máscara de oxígeno y veo como la va colocando en mi rostro.
Veo a mamá acercarse, me toma de la mano y me mira con aquellos ojos color avellanas, trasmitiendome tranquilidad.
Mi respiración sigue siendo rápida y aun no puedo llenar mis pulmones del todo.
Cierro mis ojos con lentitud, y veo toda mi vida pasar delante de ellos. Mi primer día de clases, mi primera mascota, el día que hice mi primera comunión, mi ingreso a la secundaria, mi primer amor, mi primer beso... todos los maravillosos momentos que había pasado junto a maravillosas personas, los estaba reviviendo nuevamente.
Y fue ahí cuando sentí que "algo" se desprendía de mi cuerpo.

¿Así se sentirá morir?
¿La gente sentirá cuándo su alma se despega de su cuerpo? ¿O sólo me pasó a mi?
A todo esto... ¿qué es la muerte?
La muerte es el poder absoluto que dispone de nosotros. Ella nos pone el límite, finiquita nuestra existencia. Mientras podemos ocasionar y anticipar, panificar y ordenar muchas cosas, se sustrae la muerte a la arremetida estratégica. Ella viene, cuando quiere, viene como el ladrón en la noche. A cada momento es posible que ella asalte. En el entorno de su vida puede el hombre disponer de algo, tiene poder de disposición sobre cosas y procesos - pero no tiene poder de disposición sobre la muerte, él está entregado a ella.
La muerte aparece como el señor infinito sobre los vivientes, que tiemblan ante ella. Pero esto vale en un sentido muy determinado. El hombre no puede mantener a distancia a la muerte, no puede escapar a ella, no puede ocultarse ni esconderse de ella. A cada cual lo alcanza - precisamente con una "seguridad mortal".

Las luces blancas empiezan a molestarme, suelto un quejido y tapo mi rostro con uno de mis brazos. Siento las tibias manos de mamá en mi brazo derecho y lentamente me giro para verla.
Me dedica una sonrisa. Es triste y llena de dolor.
Siento sus emociones dentro mío, algo no está bien con ella.
Algo no está bien conmigo.

- ¿qué sucedió? - digo mirándola a los ojos

Ella suspira y niega con la cabeza.
- Vamos, mamá. ¿Qué pasó? - mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas.
¿por qué quiero llorar? ¿no me digas que mi madre es una vidente y está hablando con mi espíritu? Ay no...

- Cariño, te debes ir de aquí.

¿Qué?

- No entiendo. ¿Qué quieres decir con eso?

- Lo que te pasó anoche fue... tu muerte como mortal. Esto mismo, le pasó a tu padre hace cuatro años. No te quería decir nada, porque supuestamente esta maldición acabaría cuando él hubiese muerto. Pero al parecer no lo ha hecho aún.

- mamá - digo seria - no te entiendo. ¿Qué maldición? No me vengas con esas chorradas de vampiros.

- Eres uno de ellos - dice seria.

La miro, empiezo a reirme y luego mi risa se convierte en llanto de dolor al caer en la dura realidad

¿Cómo lo sé?

Fácil.

Mamá tomó un espejo y lo puso frente de mi.

Mi reflejo no estaba en él.

- Es una mentira, mamá. Me estás mintiendo.

No dice nada, solo deja que yo llore amargamente mi duelo.
Mi mundo tal cual lo conocía, se había desmoronado.

Mi vida había terminado.

Todo terminó.

- Para tus amigos y familiares, has fallecido. Voy a fingir tu duelo, Jack ya está enterado del asunto y actuará como tal - dice mamá, mirándome

- y... ¿a dónde iré yo? - digo limpiando mis lágrimas.

- A un Instituto especializado en estos casos. Es hermoso, tu padre me dijo que si esto llegaba a pasar, tendrías que ir ahí. Te ayudarán y te guiarán.

- ¿y qué pasará contigo y con Jack?

- Nos mudaremos. Haremos nuestra vida en otro lugar. Para ti esto es difícil y para mí es muchísimo peor. Estoy dejando a mi hija sola. Pero así está escrito el destino. Y nosotros no podemos hacer nada.

Me abrazó y lloré en su regazo. Como cuando era una pequeña niña y ella me tranquilizó, como lo hizo siempre.

El destino había hablado. Y yo me tenía que acostumbrar.
A la fuerza, pero tenía que hacerlo.

Vampires Will Never Hurt YouStories to obsess over. Discover now