August no se siente especial. Sólo está enfermo, pero no se siente especial por ello, de hecho, odia profundamente que su madrastra viva preocupada por él. A sus dieciséis años, aparenta ser un pequeño de sólo doce, la cual es una gran diferencia. Tenía una delgada melena castaña, pero al sol se veía cobrizo y pequeñas pecas en sus mejillas que le daban un aspecto sumamente inocente. A diario debía tomar suplementos alimentarios e inyectarse hormonas. Después de un vida en Las Vegas y la muerte de su padre, su madrastra, Fiona, recibe una increíble oferta de trabajo en NY, así que su vida volvería de cero, sin mucha diferencia a como era en Nevada; cero amigos.
Fiona tenía una ligera obsesión por consultar adivinas. Llevaban casi un mes viviendo en NY y ya habían visitado al menos quince adivinas sin tener los resultados que su madrastra quería. Todas les decían que tendían un futuro próspero y sin adversidades. Lo común que dicen -"Siempre es lo mismo, hijo"- le decía Fiona, mientras conducía por calles muy solitarias -"Siempre te dirán lo que quieres escuchar, pero encontraremos la que nos diga lo que necesitamos oír"- August sólo asentía, aunque no entendía que quería ella escuchar.
Se estacionó frente a una casa vieja y destartalada, con telas saliendo por las ventanas y un cartel andrajoso en la entrada que decía "Usted está en el lugar correcto". Al entrar a la casa, notaron una enorme cantidad de humo de incienso en el ambiente. Fiona tosió, pero al chico pareciera que el humo lo bordeara.
Una chica con rasgos asiáticos y con tatuajes en sus brazos los recibió -"Ustedes no deberían estar aquí"- dijo, en un tono muy serio. Fiona utilizó su mirada intimidadora, aquella que lo había protegido innumerables veces y luego sonrió -"El cartel de afuera dice que estamos en el lugar correcto"- respondió con amabilidad. La chica dio un vistazo a las escaleras y luego a Fiona. -"Esperen aquí, Madame Rubí bajará por ustedes"- No hubieron más preguntas.
August sintió cómo su sudor se enfriaba, sin haber siquiera corriente de aire. Su madrastra tenía un bellísimo aspecto. Cabello largo, rubio con rulos al final. Rasgos finos, alta, ojos azules, labios contorneados. Al joven lo que más le atraían de ella, eran sus largos y delgados dedos, que lucían bellos al tocar el piano. Siempre se ha preguntado qué vio ella en su padre; un tipo con síndrome de Peter Pan y derrochador de dinero, siendo más útil bajo tierra que sobre ella.
Fiona tomó la mano de August y lo miró a los ojos -"hoy es tu turno de entrar a la consulta"- dijo con mucha amabilidad. El castaño la miró extrañado -"no tengo nada que quiera preguntar"- Ella sonrió -"No es necesario que preguntes nada"-
Una mujer bajó las escaleras; Tenía el cabello caoba revuelto con rulos y con una tela de colores atravesando su cabeza, su vestido era de estilo hippie con telas entrecruzadas, llevaba muchas pulseras y anillos. La asiática se acercó a ella -"Madame... Ellos son los siguientes"- dijo, aun dudando.
Rubí los observó cuidadosamente pero antes de que dijera algo, Fiona habló -"Él es mi hijastro August, él entrará"- dijo, tomando de los hombros al castaño. Rubí sonrió de lado -"Yo soy Madame Rubí, si estás preparado, sígueme"- La voz de la mujer era profunda y confiada.
El chico dudó, pero la sonrisa de Fiona lo alentó. Quizás le diría cómo sanar su enfermedad; estaba cansado de las vitaminas.
Siguió a la mujer por las escaleras hasta una habitación iluminada por muchas velas, pero a pesar de eso, no hacía calor. Rubí atravesó hasta sentarse frente a una mesa con una gran esfera de cristal en ella. -"Bienvenido al salón de las respuestas, pequeño. A pesar de que eres muy joven, puedo descubrir tu pasado, tu presente y enseñarte tu futuro. Siéntate frente a mí".
Se sentó frente a la adivina, confundido aún sin saber qué hacía allí
-"Dime... August... "- Comenzó la adivina, colocando sus manos en la esfera de cristal -"Porqué recurres a mi..."- mantenía sus ojos cerrados, concentrada en sus palabras. Ella hablaba más para sí misma que para el chico frente a ella -"no estás aquí por casualidad"- continuó, frunciendo el ceño -"August, deja de hacer eso..."- advirtió la adivina.
El niño se confundió aún más -"¿perdón?"- preguntó. -"Que dejes de intervenir con mi proyección"- habló irritada. -"No estoy haciendo nada"- Se defendió el chico, levantando las manos. Dentro de la esfera, humo gris y blanco revoloteaba. -"Maldición..." dijo entre dientes la adivina, tratando de mantener la concentración. Respiró profundamente -"Muéstrame qué ca..."- no alcanzó a terminar de hablar ya que los humos chocaron dentro de la esfera y debió alejar sus manos de ésta.
El niño no comprendía nada y la mujer estaba en shock -"¡Malditos hijos de Juventas, que no me dejan trabajar tranquila!"- exclamó furiosa. August sólo miró alrededor, preguntándose si esto era algún tipo de cámara escondida.
Rubí se puso de pie y agarró el brazo derecho al chico -"¿Dónde está tu tatuaje?"- Preguntó enojada, revisándole el brazo -"¡Si vienes a mí no debes interferir en mi trabajo. No quiero saber nada de ustedes!"- August soltó el agarre -"me lastimas"- dijo, poniéndose de pie y alejándose -"¿A dónde crees que vas?"- la voz de Rubí resonó en la habitación -"No entiendo nada de lo que está pasando aquí. Yo no quería entrar"- habló el chico, acercándose a la puerta pero ya no había puerta -"yo no... yo..."- se puso nervioso inmediatamente.
-"Este es el salón de las respuestas. Si no hay respuestas, el salón no permitirá que nadie salga"- Rubí sonrió con descaro. -"Tenemos dos opciones..."-habló más calmada -"O te quedas aquí y buscamos una solución... o nos quedamos aquí hasta que la habitación se derrumbe..."- cuando la mujer terminó de hablar, una botella rosada calló de un estante.
August se alteró -"¿A qué te refieres?"- preguntó, confundido.
-"Este cuarto puede estar un tiempo en pie, luego, todo se comienza a destruir... por arte de magia"- explicó, volviendo a sentarse. El adolecente miró para todos lados. -"No comprendo nada de lo que dices.. ¿Juventas? ¿Tatuaje? ¿Qué quieres que te explique si no sé a que te refieres?"- intentó calmarse. Rubí suspiró. -"Vuelve aquí... siéntate frente a mí. Te creo, lo veo en tu mirada. Miedo, confusión, nerviosismo... Tienes la suficiente energía para bloquear la bola de cristal..."- la bruja movió sus manos sobre la esfera y esta flotó hasta otro estante. El adolecente miraba cada movimiento con detalle, tratando de no perderse de nada. -"¿Le quieres preguntar a las cartas?"- la mujer esperaba en la mesa, expectante. August analizó la situación, pero la caída de otra botella lo desconcentró -"si mi madrasta me envió contigo... y si queremos salir de aquí... muéstrame las respuestas"- habló muy nervioso, volviendo a sentarse frente a la mesa, esta vez, abrazándose a si mismo. Rubí se relajó y nuevamente hizo un movimiento con sus manos, donde se acercó una cajita flotando. El chico no preguntó.
Sacó de la caja una tela roja y un mazo de cartas de tarot. Respiró profundamente mientras las barajaba, concentrando sus energías en ellas. Tomó aire -"¿August, que quieres saber? "-
-"Dime quien soy..."- su garganta se apretó. No entendía por qué su voz falló.
Las cartas fueron colocadas sobre la mesa y abiertas en forma de abanico. -"Vamos a revelar tu pasado, tu presente y tu futuro. Las cosas que tú no sabes, que están escondidas, y que muchas veces, están frente a nosotros. Las cartas nos dirán como será tu camino"- hizo otro movimiento con sus manos -"Saca tres cartas. Sacas una y la volteas, luego la siguiente y la última."- le indicó. August hizo caso, pero las cartas se fueron volteando a penas el chico las sacaba. La mujer analizó la situación, controlándose. Una vez terminó el chico, ella retiró las que sobraban, colocándolas nuevamente dentro de la tela y la caja. -"Las cartas han hablado. Tu pasado nos revela La Estrella; vienes de un entorno equilibrado y guiado, donde las conexiones mentales son importantes, pero las estrellas son jóvenes y saben bien lo que hacen. Tu presente es El sumo Sacerdote invertido; Demuestra debilidad y demasiada amabilidad frente a las situaciones, sueles tomarte las cosas a la ligera. Tus decisiones te harán estar en la cuerda floja. Tu futuro es representado por La Templanza invertida; Seguirás en tu vacilación frustrante. Pensarás en la fatalidad constantemente y deberás pedir guía de quieres no necesariamente estén de tu lado."- Rubí habló detenidamente, interpretando las cartas. Cuando terminó de hablar, las cartas volvieron por si solas a la caja. -"tienes un muy alto nivel de magia, chico..."- habló calmadamente, mirando al joven, pero este tenía aún mas rostro de confusión. -"¿qué te sucede ahora?"-
-"sigo sin comprender nada en absoluto..."- el chico sentía que explotaría en cualquier momento. La dama suspiró -"eres un semidiós, aunque no quien pensé que eras... las cartas me lo indicaron. Tienes un destino borroso porque depende de cómo tomes tus decisiones. Tienes magia en ti... y necesitas un tipo de respuestas que yo no puedo darte... será mejor que hables con tus padres..."- la mujer intentaba que los ojos del chico se centraran en los de ella. Este negó con su cabeza -"mi padre falleció y a mi madre no la conocí... Fiona es mi única familia"- comentó, mirando hacia otro lado. -"¿no te parece nada extraño? ¿No te ha sucedido nada paranormal?"- Rubí no podía darle lo que el chico necesitaba. Negó nuevamente, confundido. -"Bueno... no hay mucho que pueda hacer. Puedo decirte que tipo de acontecimientos vendrán, pero no veo lo que pasará exactamente... solo te puedo guiar para que sepas como enfrentarlo o asumirlo..."- La misma chica se sentía decepcionada. August se encogió de hombros.
-"vamos"- Rubí se puso de pie -"Tratemos te entender esto juntos. Ha sido una sesión muy agotadora. Cuando el cuarto se cierra, absorbe parte de mi energía"-
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El rescate de la Amapola de la Juventud
FanfictionHistoria ficticia basada en el mundo de los semidioses creada por Rick Riordan, con personajes originales. August descubrirá quien es y cual es su destino. Con la guía de Trivia y la perseverancia de Demeter, el hijo de Hebe comprenderá que sus deci...
