Shock

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Tarde fría y lluviosa en la capital, y Fernando la recorre sin pensar en sus problemas, y qué dilemas! Examenes, viejas historias, recuerdos interminables, frases idiotas, personas insoportables, etc. Un sinfín de cosas que lo irritaban y el extrañamente tranquilo se paseaba por la gran ciudad.
Sin saber lo que le rodeaba o lo que le depararía en el futuro caminaba sin prisa al almacén por su caja de cigarro -infaltable en las tardes "tranquilas"-.
Luego de la compra se dirige a paso tortuga a la casa de su colega Hernán que le esperaba a matear. El joven Fernando sólo le quedaban dos cuadras para llegar, la lluvia pegaba fuerte, no paraba más. El frío claro estaba, no era de obviar!
Fernando se dignó a correr para el tiempo matar cuando de:
-Dame todo lo que tenés o tu vida me has de dar- Exige una voz a no muy lejana distancia.
-Fernando shoqueado ¿Qué sucederá?
-Dime algo, tanto te importa mi riñonera con mi celular viejo que casi ni funciona y mi billetera con poca plata? Cuánto podes ganar con estas cosas?- Pregunta Fernando entre asustado y curioso por saber que desea el malhechor. -No sé, dame too que te pico. No me pongá nervioso- Le responde el otro.
-Como podrá una persona como él, que dudo que sea mayor de edad, corromperse de la manera que lo hace? ¿De verdad es la droga la que genera esto?- Piensa por dentro el primero razonando qué decir o qué hacer.
Fernando decide arriesgarse a decirle al desesperado hombre si quería que le diese toda su plata y él decidiese que hacer con ella a lo que el segundo del temblor y la ansiedad por, supongo, abstinencia por droga le apunta con un revólver al parecer calibre 45 y... -Bang! Bang!- se le escapan dos tiros que impactan en el brazo y pierna izquierdas de Fernando a lo que en instantes cae al suelo en medio de una gran agonía por el dolor.
El ladrón, de los nervios, huyó, aunque no sin antes llevarse lo que desde el principio procuraba. El muchacho bueno, luego de unos minutos de profundo dolor, se desvanece. Colonia y Rondeau sería su ataúd? Al parecer no, dado que misteriosamente despierta unas cuantas horas después en un hospital de Parque Batlle. Sin entender nada aunque sí sabiendo que le había acontecido se vuelve a recostar en la camilla mirando al techo. No le salían palabras. No podía gritar del susto, no podía llorar por la pérdida de su preciado celular y la plata que tenía que devolverle a su amigo Hernán. En fin, cosas tristes que le quitaron el habla sin olvidar que la principal causa fue el ataque del joven horas atrás.
Llega la enfermera y Fernando entra en un cólera de miedo. Se le transforma la cara en la de un gato asustado. Resulta que él ve a la enfermera con la cara del chorro. En medio de ese trance de miedo... -Tienes mucha suerte que las balas no atravesaron partes vitales. Aunque temo decirte que tendrás que usar muletas y yeso por un buen tiempo-.
Fernando se va del hospital sin decir una sola palabra. Mudo. Va a lo de su amigo y tampoco, más de lo mismo. -Fernando! Qué te sucedió? Contame! Necesito saber! Basta! Llamaré a tu casa para que me digan!-.
Obviamente en la familia sabían lo mismo que él, por lo que éste último les ruega que se hospede en su casa hasta que escupa que pasó.
Pasan los días y Fernando al unísono por las noches sueña con el ladrón que le dispara. Pero la gota que rebasa el vaso es cuando le dispara a su familia. Pega un grito tan fuerte que despierta instantáneamente a su amigo Hernán. -A mi familia no! No lo hagas! Te lo imploro!- Grita el muchacho indefenso entre llantos. Curiosamente era algo bueno porque soltó palabras y además pudo escuchar lo que su amigo decía. Lo dejó seguir durmiendo dado que era temprano a la mañana, obvió el momento sabiendo que Fernando no se salvaría de su interrogatorio en breves horas.
Se mata el tiempo y en el reloj marcaban las once. Despiertan casi al mismo tiempo, desayunan como si no se conocieran...
-Contame todo-. Rompe el silencio Hernán. -Es que... Emm... I-i-ba c-caminand-do y...- -Parecés demasiado asustado, amigo. Te noto muy shoqueado. Llamaré por vos a tu trabajo para notificar que no irás-. -B-bueno, m-much-chas gra-gracias-.
De verdad lo que le sucedió justifica lo que le está aconteciendo al protagonista. No es para menos, dado que en esos momentos que te apuntan se siente que la vida no vale nada y es lo mismo estar vivo que muerto.

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