La muerte repentina de la tercera hija del don Alfredo no fue en absoluto una sorpresa para nadie en la familia Blanco. Desde pequeña a Inés el doctor de la familia le diagnosticó un soplo en el corazón, el cual nunca supieron cuidar; acabando con la joven a la corta edad de 17.
Inés no contaba con amigos que le conocieran lo suficiente como para llorarle en un funeral; de entre todos los conocidos de Inés quienes podrían siquiera derramar alguna lagrima verdadera serian doña Rosa, la sirvienta de la casa Blanco que crió a las 3 hijas o Rene, la hermana del medio. Por parte de Julia y don Alfredo, ambos padres llorarían a su hija por el compromiso de llorarle; en el fondo don Alfredo siempre quiso un varón y Julia nunca quiso darle mas hijos a su marido después de Rene, debido a asuntos maritales y un beso pintado en los bigotes de su marido, un color parecido al que usaba su amiga Clara.
La joven Inés no era tan agraciada como sus dos hermanas, Stefanie y Rene; otro punto por el que Julia no congraciaba con su hija menor, aunque ella misma se echaba la culpa, pues cuando sospechaba de un embarazo tomaba un medicamento que la dejaba en cama por una semana entera manchando sangre en la cama; sin embargo Inés sobrevivió y quizás por eso la pobre era menos agraciada y un poco mas lenta de aprendizaje.
Julia había entregado para el funeral de su hija menor un vestido blanco, pues para la familia Blanco su desdichada hija había muerto soltera y casta. Lo cual no era del todo cierto pues algunos de los muchachos de la escuela podrían alegar que aunque Inés era un poco fea y lenta, era fácil llevarla a pasear a los lindes del bosque; donde muchos preferían verle de espaldas porque era el mejor angulo de la joven.
A pesar de todas estas cosas, el funeral de Inés que se hizo en la capilla al mediodía de un miércoles de los cuatro que tenia marzo, todo el pueblo asistió, inclusive algunos de los pueblos vecinos, la capilla se llenó de una manera tan increíble, que parecía un día santo. Pero esto no era de sorprenderse, pues cada vez que alguien moría ocurría lo mismo, el rumor de la muerte se corría por el pueblo y luego todos estaban al pendiente de que día seria el velorio para asistir, algunos incluso lo anunciaban en grande en el periódico local, como una gran noticia.
El obispo de la iglesia, monseñor Cornelius, aprovechaba estos días para preparan un largo y bien cargado sermón para todos, inclusive no se les permitía a nadie ver el cofre hasta que monseñor Cornelius terminase de hablar.
Una vez finalizada la misa el padre se disponía a abrir el cofre y dejaba pasar a las personas a dar su ultima vista al difunto y el pésame a la familia. Cuando el obispo dejo a la vista el cadáver de Inés aparecieron las primeras exclamaciones de las personas, los que estaban mas adelante, los que tenían buena vista y alguno de otro astuto con binocular.
La desdichada Inés se veía hermosa, su tez blanca de muerto parecía tersa y suave, solo podía verse un ligero rubor en sus mejillas y nariz; el cabello marrón de Inés caía en ondas por sus hombros desnudos con una suavidad y brillo envidiable, sus labios rojos te invitaban a morderlos y besarlos si acaso ella estuviera viva; los hermosos dedos de Inés se cruzaban en su regazo ocultando su libro favorito puesto por doña Rosa, sus uñas eran perfectas y perladas; Inés era en todos los sentidos una belleza muerta.
Julia al ver a su hija lloró un poco, pensando en que nunca había visto a su hija tan hermosa y olvidándose de su rechazo hacia ella por un momento; don Alfredo también lo hizo dejando a un lado sus pensamientos donde se culpaba de que Inés quizás había nacido fea por sus grandes deseos de que fuera varón.
Luego de mirarle toda la familia y allegados, toco el turno de los demás, quienes iban a contemplar el cadáver y luego alejarse para cuchichear sobre el; la familia debía permitirlo, pues todos había hecho aquello en algún momento y tampoco es que muchos se ofendieran de que hablasen de su hija, mas tratándose de Inés. Para los muchachos de la escuela era un respiro ver a aquella belleza muerta, ahora podrían fantasear con que mientras esta les ofrecía la espalda, era esta, la cara muerta y no la viva, la que los miraba de reojo.
Debido a la gran cantidad de personas que asistieron aquel espectáculo duró una hora mas o menos, la gente miraba y luego se iba para dispersarse, calmar sus ansias de cuchicheo y volver a sus actividades normales del día a día. Para el final en la capilla sólo quedaban las familias y conocidos cercanos, quienes luego iban al cementerio a enterrar a su difunta.
Julia llamo a sus hijas para que se movieran y salieran del sitio, Rene estaba destrozada por la muerte de su hermana menor como era de esperarse, esta se agarraba de doña Rosa buscando entre ambas un soporte, parecía que aquellas dos eran las únicas afectadas realmente. La hermana mayor, Stephanie, se acercó de nuevo al cofre y miró por ultima vez a su hermana menor. Esta no había llorado en ningún momento, quizás en el entierro soltase una sola lagrima por las apariencias, de resto no quería estropear su perfecto maquillaje. Stephanie detalló a su hermana ahora hermosa un momento antes de irse detrás de su madre. Cuando se dio media vuelta y abandonó la capilla solo se fue con un único pensamiento en la mente; si Inés que era fea había quedado así de hermosa, ¿cómo le dejarían a ella, que era una de las mas preciosas del pueblo, cuando muriese?.
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El Cadáver Exquisito
Mystery / ThrillerLa muerte puede brillar en tonos inquietantes de marfil.
