Al comienzo de mi decimoquinto cumpleaños me di cuenta de lo que era y dónde vivía. Vivía rodeada de personas tóxicas, donde un cambio de opinión puede destruirlo todo, donde la palabra 'gay' es un insulto, donde la gente se suicida por muchas cosas o por nada, donde una familia nunca es una familia, donde existen bandos y donde unas personas QUIEREN herir a otras... Ya sea insultando o pegando. No me lo podía creer, pero era cierto... Ahí era donde vivía.
También me di cuenta de que era una chica, y una chica tiene unos roles que impone la sociedad y está mal visto si haces otros. Y me di cuenta de que la vida perfecta de una persona es resumidamente así:
•Estudiar.
•Conseguir trabajo.
•Conseguir pareja.
•Formar una familia.
•Ser feliz.
El primer día después de mi cumpleaños número catorce fue donde todo se empezó a hundir.
Al entrar por la puerta del instituto vi a Marco llorando porque una vez más le habían dicho maricón, y se lo había dicho el chico al que él amaba, era él el que más lo acosaba. La gente pasaba de sus llantos, eran casi inaudibles pero retumbaban por todo el centro, estaba pidiendo ayuda. Marco estaba gritando ayuda con sus lágrimas, pero nadie lo ayudaba. Marco es de las pocas personas puras que conozco, y también de las más sensibles. Sin embargo pasé de largo e inconscientemente imaginé a Marco con una soga en el cuello. Meses después sucedió.
Seguí caminando por los pasillos. Había más mierda. Niñas que decían ser las mejores amigas y se apuñalaban entre ellas, gente interesada en la opinión de otra gente, mentiras perjudiciales, tabaco... Y luego estaba Daria que me gustaba, era mi amiga, y una persona increíble.
Daria se acercó a mí, como todos los días.
—¡Feliz cumpleaños, quinceañera! —ella era más ignorante y más feliz.
—¿Celebras que tengo un año más de vida o uno menos? —dije sin detenerme a mirarla.
—A veces no sé si vas en serio o bromeas todo el rato.
—No bromeo.
Y entonces dejamos de hablar. A veces creo que Daria no se siente cómoda conmigo y que debería irse con otras personas pero a veces creo que prefiere estar conmigo. Claro, la gente que no se acerca a ella por ser transexual la trata como si tuviese una enfermedad o alguna invalidez y así consiguen su acción buena del día. Soy la única que la trata como lo que es: una persona normal.
Pero Daría era como ella quería ser, aunque se vistiera como un chico, se peinara como un chico y todo ese rollo no le importaba lo que la gente pensara de eso, o cómo reaccionaba. Estoy segura de que en el fondo si que le importa, pero hacía como que no oía ni veía nada... O a lo mejor realmente era así.
Daría y yo nos sentamos en el mismo árbol donde lo hacíamos siempre.
—Míralos, son copias exactas. —dijo ella— Es irónico; el principal objetivo de un adolescente es ser diferente y todos piensan lo mismo, ¿eso no los hace directamente idénticos? —a veces Daría tenía estos momentos.
–Me temo que sí. –respondí.
Hubo en segundo de silencio.
–Una persona nunca está contenta con lo que tiene o cómo es... Y eso es muy triste.
–Todo tiene su parte triste. –dije encogiendome de hombros.
–¡Dios, que emo te pones a veces! –exclamó sin mirarme.
–Oh sí, soy tan emo... Dejame escuchar My Chemical Romance mientras siento que me muero...
Daría rió y yo también. Fue un leve momentos, pero un buen momento.
–Buen grupo, por cierto. –finalizó ella un segundo antes de que sonara la campana.
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Violent Pornography
Teen Fiction"Sus ojos estaban podridos. De su boca ahora salían gusanos, sus orejas estaban llenas de mierda. Pero su cuerpo seguía siendo perfecto. Era un humano, no estaba en proceso de descomposición, era él ahora. Éramos él y somos todos... Cuerpos bonitos...
