Sangre, oscuridad y revelaciones

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Abro los ojos. ¿Dónde carajos estoy? Miro a mi alrededor y mis ojos se acostumbran lentamente a la oscuridad de este frío lugar. Estoy en una pequeña sala vacía, y frente a mi hay un pasillo que parece casi infinito. Estoy perplejo y a la vez curioso. Aterrorizado pero con ansias de descubrir qué es este lugar y quién me encerró aquí.
Mis ojos reconocen una vaga luz tintineante al final de él y me veo tentado a acercarme. Camino lentamente tanteando la oscuridad, por si acaso.
Ya he estado aquí. Reconozco este siniestro lugar. Pero no se por qué ni cuando estuve aquí, y no lo recuerdo de esta forma. Me confundo. Estoy mareado y siento los latidos de mi corazón abrirse paso en este inquietante silencio.
Me apoyo en una de las paredes del pasillo, y con una mano en ella doy pasos lentos intentando encontrar una puerta. Nada.
Pareciera que la luz se aleja de mi, pues el pasillo sigue igual de oscuro que la sala aunque avancé varios metros.
Estoy asustado. Siento que en cualquier momento algo va a suceder. Algo terrorífico e inesperado.
Toco algo frío, es el marco de una puerta. ¡Bingo!
La recorro con mi mano hasta encontrar un redondo y metálico pestillo. Apenas logro verlo y siento temor por lo que puede llegar a haber al otro lado.
Abro la puerta.
Veo una pequeña sala vacía, y una lámpara de piso tintineando. ¿Cuál es el puto problema con las luces?
Recorro el lugar con la vista y no encuentro nada más que polvo y hongos en las putrefactas paredes que parecen estar pintadas para un niño... y una cuchilla sucia en aquella esquina, tirada en el piso. Esperen, siento el suelo pegajoso. Miro a mis pies y veo un charco de un líquido oscuro. Sangre. Tengo que salir de acá, ahora.
Siento una respiración en mi nuca. Estoy petrificado pero contengo la respiración y giro lentamente...
Una extraña figura casi inhumana está a centímetros de mi. Parece una vieja pero su cara se ve deformada. Sus ojos están hinchados y exageradamente saltados. Tiene un delantal... lleno de sangre y vísceras.
Veo a la esquina.
La cuchilla desapareció.
El mareo crece... no veo nada. ¿Qué me pasa?
Caigo de rodillas en el suelo y mis ojos se cierran...

No sé cuanto tiempo pasó, estoy de nuevo en la sala principal, pero todo es diferente. Veo mi entorno de un color sepia, la oscuridad decreció, y hay muebles. Me encuentro detrás de un sofá, de pie. Veo una puerta en la pared de mi derecha que antes no pude reconocer e intento caminar, pero mi cuerpo no me responde. No sé cómo llegué acá ni cómo salir. El miedo se ha apoderado de mi y probablemente entre en pánico.
Escucho un ruido. Proviene de la puerta. El pestillo gira.
Se abre.

Me oculto tras el sofá y observo. Está entrando un hombre de unos cuarenta años, castaño y vestido informalmente con una remera y unos vaqueros sucios. De la mano lleva a un niño pequeño que creo reconocer... sí, lo conozco. Lo reconozco porque soy yo.
Estoy perplejo, ¿cómo puede ser?
Nada tiene sentido.

Una señora mayor con un delantal se acerca desde el pasillo y recibe cariñosamente al niño.
Ya sé quién es. Es mi abuela, quien me crió, -ya que mi madre murió en mi parto y mi padre desapareció cuando yo era un crío- hasta que la internaron en un hospital psiquiátrico cuando yo tendría esa misma edad.
¿Qué mierda está pasando?
El hombre no la saluda. Se tambalea, parece ebrio. Discuten pero no los escucho. No puedo escuchar nada. El niño (yo) va caminando alegremente al cuarto que se encuentra en el pasillo jugando con un autito, los ignora.
El hombre golpea y empuja a mi abuela, y camina torpemente a ese cuarto.
El cuarto de visitas. Mi cuarto.
La señora lo sigue y entra.
Me comienza a doler la cabeza. Ese hombre... es mi padre, ahora lo recuerdo. Desaparezco.

Me encuentro dentro de aquel cuarto, donde practicamente crecí. No recuerdo mucho, tenía unos cuatro o cinco años. Pero sí reconozco mis muebles, veo mi cama, mi mesa de luz, mi escritorio y mi ropero. Estoy parado al lado de la lámpara. En la cama estoy yo de pequeño, y mi padre me sacude, intenta llevarme con él.
No me ven.
Mi abuela le grita palabras mudas y se va. Yo lloro desconsoladamente. Regresa con algo brillante en su mano.
Es la puta cuchilla.

Despierto. Estoy en mi cama, en mi apartamento de Montevideo. Miro a mi alrededor y todo está como siempre.
Qué pesadilla más escalofriante.
Recuerdo cada momento de ella demasiado bien. Yo estaba lúcido. ¿Y si no fue una pesadilla?
Me vienen imágenes a la cabeza. Mi padre era un alcohólico, y me abandonó varias veces. Viví con mi abuela hasta que mi padre desapareció y ella fue internada por no sé qué motivo.
Todo encaja perfectamente.
¿Mi abuela era una asesina?
¿Fue un sueño o un recuerdo?
¿Quién fue la verdadera víctima?

¿Realidad o imaginación?Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang