El globo de agua se estrelló en todo el parabrisas trasero del coche, tiñéndolo de rojo al esparcirse la pintura.
–¡Wuju! ¡Yeah!– gritó Jason– ¡Buen tiro, Chris!
El siguiente en lanzar un globo fue Sal, este impactó en todo el techo del Honda Civic blanco, aparcado al otro lado de la calle, en el garaje de una casa de dos pisos y paredes de piedras. Al lado del Honda había también una Fortunner negra, pero ese no era el objetivo.
–¡Excelente!– exclamé, alabando el lanzamiento y riendo.
Le tendí un globo al chico a mi derecha. Miró el globo y luego el auto con impactos de pintura roja en la carrocería de manera insegura, dudando lo que iba a hacer.
–Vamos, hazlo– le incité, pero él aún dudaba –.Acordamos que era necesario, amigo.
El chico, cuyo nombre era Ronald (Ron para los amigos y allegados), me miró y asintió decidido. Agarró el globo de mi mano, se separó unos metros de nosotros, buscando otro ángulo y lo arrojó. Impactó en todo el vidrio del conductor, pintando hasta el espejo retrovisor.
–¡Sí! ¡Así se hace!– celebró alzando los brazos.
–Felicidades– le dijo Sal mientras Ron se acercaba nuevamente a nosotros –.Ya te han crecido un par de pelotas.
Todos reímos, incluso Ron, pero justo cuando paso frente a nuestro amigo le golpeó en la ingle con el dorso de la mano. Sal se partió en dos del dolor y trató de no caer al suelo. El resto de nosotros sólo reía aun más.
–Eres un desgraciado.– le espetó Sal con el rostro enrojecido, luego de recobrarse.
–Creo que alguien necesita nuevas pelotas.– comenté.
–Cierra la boca, Chris.
Aún nos quedaban tres globos más. Y nuestro amigo Ron era quien haría los honores. Ya había agarrado la suficiente confianza, motivada un poco por le deseo de venganza, para seguir haciendo esto. Lo que nos alegraba.
Un globo estalló en todo el parachoques trasero, pintando hasta la placa del vehículo. El segundo, bueno...falló por escasos centímetros, pintando un arbusto. Pero no me quejaba, el arbusto quedaba mejor así, le hacía ver diferente del resto. Los muchachos lo molestaron un poco por fallar ese tiro pero les dije que se callaran y lo dejaran concentrarse.
En el momento que iba a lanzar el último globo un hombre de unos cuarenta años, con algunas canas dibujadas en el cabello negro, salió de la casa. Una barriga cervecera le sobresalía y vestía una camisa morada con unos pantalones de vestir grises y mocasines.
No lo se veía nada feliz.
–¡Vándalos!– nos llamó, con las venas del cuello marcadas de rabia. Echo un vistazo a nuestro trabajo digno de Picasso –¿Qué carajos creen que hacen?– miró a mi amigo –Ronald, ¿qué demonios haces?
Ron rápidamente escondió el globo tras de sí. Y comenzó a tartamudear un poco, no sabiendo que decir. Por lo que me adelanté.
–Sr. Martínez, mis sinceras disculpas si lo molestamos– dije –.Pero nuestros asuntos no son con usted. Verá como sabe su hermosa hija salió con nuestro amigo– señalé a Ron –por unos meses, sólo para engañarlo con otro tipo el fin de semana pasado. Estamos aquí para tomar venganza dándole al auto de su hija una nueva mejor apariencia. Así que por favor métase otra vez a la casa y déjenos terminar nuestro trabajo.– concluí, abrazando las palmas de mis manos como si fuera un cura dando una misa.
El viejo se quedó observándonos con la boca entre abierta. Hasta que finalmente estalló.
–¡Los mataré!– gritó, alzando un puño al aire. Y corrió hacia donde estábamos –¡Vengan acá, malditas alimañas!
Hora de una retirada elegante.
–¡Oh, mierda!– exclamó Sal.
–¡Se volvió loco!– anunció Jason.
Los cuatro corrimos hacia el auto de Jason, que estaba aparcado a casi una cuadra.
–El que se quede atrás es hombre muerto.– dije, tomando la delantera.
–¡No corran, cobardes!– gritó el Sr. Martínez, quedándose atrás.
¿Acaso fue por mis disculpas? A mí me parecieron muy sinceras.
Seguimos corriendo, mientras los gritos y las maldiciones del viejo se escuchaban más lejos. Llegamos al carro de Jason, este abrió los seguros y los cuatro nos lanzamos al interior del vehículo. Jason en el asiento del conductor y Sal en el del copiloto. Ron y yo atrás.
–Arranca, hombre– apresuró Ron –. A mí me matara primero si nos alcanza.
–Entonces podemos usarte como cebo.– bromeó Jason mientras el motor del auto cobró vida. Quitó el freno de mano hizo el cambio y arrancó.
Desde el parabrisas trasero vimos al Sr. Martínez soltando maldiciones en el medio de la calle.
Todos nos miramos seriamente, sabiendo que habíamos salido por los pelos...y luego comenzamos a reír.
–Maldición, creí que iba saca una pistola o algo así.– dijo Sal.
–No le hubiera dado chance, la guarda en la mesa de noche de su habitación.– comentó Ron.
–Amigo, vaya suegro que te habías ganado– le dijo Jason mirándolo por el retrovisor –. Ahora vemos porque no fuiste tú quién engañó a Valentina.
–Oye,– le advertí –déjalo.
–Está bien.– dijo Ron.
–¿Te sientes mejor?
–Sí.
–¡Genial! Ahora a comer una hamburguesa, tengo hambre.
–¿Por qué no?– concordó Sal, encogiéndose de hombros– Tenemos tiempo de sobra para llegar a la fiesta.
~T
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... Just Guys
Teen FictionTodos sabemos como es ser joven y estar en la escuela. Diversión, drama y hacer estupideces. Y a pesar de creer que se vive la mejor época de nuestras vidas, es en esta cuando la vida puede golpearnos realmente fuerte. Chris no será la excepción, y...
