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El Hombre de las 1000 Experiencias

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Era una mañana tranquila de verano, y el hombre misterioso miraba el lago a la vez que el amanecer mientras reposaba en un banco de madera. Siempre estaba allí cada mañana, viendo como nacía un nuevo sol, mientras meditaba. De repente, un joven que paseaba por allí por casualidad, le miró durante un rato, y se acercó a preguntarle con curiosidad.

-¿Está usted cada mañana en el parque del lago sólo para ver el amanecer?- Preguntó el joven.

-Así es. Vale la pena ver al precioso pero solitario sol sonreír con más brillo cada día. Siempre me fascinó ver como algo tan solitario pueda sonreír siempre. – Afirmó el buen hombre.

-Esas palabras... ¡Oh! ¡Usted es el famoso escritor del pueblo! ¿Cómo alguien como usted anda a tales horas por aquí? Es un honor conocer al buen y único escritor de este pueblo.- El joven se sentó a su lado para hablar con el hombre.

-Vengo cada mañana para observar al sol. Es el único motivo que tengo para seguir adelante en esta vida. Sólo así no me deprimo pensando en mi pasado.- Dijo el hombre mientras miraba decidido al sol.

-¿En su pasado? Por favor, cuénteme su historia. Sería todo un honor para mí escucharla.- El joven se puso en una posición cómoda, dispuesto a escuchar al hombre.

-Mi historia... Que se puede decir de ella... Nací en el seno de una humilde familia en un pequeño pueblo de Toledo. Éramos un poco pobres, y siempre había problemas para pagar el alquiler de nuestro hogar, y hasta a veces, para poder comer. Mis padres dejaron este mundo cuando yo tenía 8 años durante un accidente. Como era una época dura, no tenía donde quedarme, y me fui mendigando por las calles de mi antiguo pueblo para conseguir algo para comer. Como vi que no había resultado alguno, decidí robar comida de los puestos de mercado, y por problemas, me tuve que ir del pueblo cuanto antes. Viajaba por España, mientras veía la oportunidad de robar comida siempre que podía. Era lo único que podía hacer para sobrevivir.

Con 14 años, decidí viajar a Barcelona con la esperanza de buscar estudios allí. Desafortunadamente, no podía por problemas de dinero. Siempre que observaba como los chicos y chicas de mi edad salían felices de la escuela, acompañados de sus padres para volver a casa, no podía dejar de pensar en los míos. En esos tiempos, yo ya no recordaba los rostros de mis padres. No tenía ni siquiera una foto de ellos. Las noches las pasaba en la calle junto con la soledad, siempre creyendo de que algún día, encontraría la felicidad.

-Es una historia muy triste... ¿Que se siente al pasar por todo eso? ¿Cómo pudo soportar todo eso? – preguntó el joven con mucha curiosidad.

-Mira joven, sí que es cierto que fue una experiencia terrible, pero eso me enseñó muchas cosas. No sé lo que se siente tener padres, o al menos, lo olvidé. No sé lo que se siente poder tener unos estudios, y estar cada día con tus amigos estudiando juntos. Tampoco sé lo que es el amor, ya que ninguna chica quiso tomar mi mano. La adolescencia, la pasé como si nunca la hubiera tenido. Con 18 años empecé a trabajar con lo que me podía permitir, aunque no ganaba mucho dinero.

-¿Y qué te enseñó todo eso, si me permite que se lo pregunte?- preguntó el joven.

-A vivir.-respondió el hombre con una sonrisa. El joven se quedó estupefacto por la simple respuesta del hombre.

-¿Que es para ti vivir? ¿Qué es lo que te hace tan fuerte?- preguntó el joven, ansioso de escuchar la respuesta del hombre.

-Vivir es sin duda sufrir, y a su vez aprender a ser fuerte y seguir adelante para conseguir lo que quieres. Lo que me hace tan fuerte sobre todo, es lo que tengo delante ahora mismo.- respondió el hombre poniendo su sonrisa al sol.

-¿El sol?- se quedó el joven todavía más estupefacto.

-Evidentemente. Es un buen ejemplo a seguir. El sol siempre ha estado solo durante miles de años, y cada mañana veo que su sonrisa es todavía más fuerte. Cuando vemos su sonrisa, eso nos beneficia en el fondo. Cuando vemos a alguien feliz, no evitamos sentir ese algo que nos beneficia y nos inspira a seguir adelante. Sería egoísta de mi parte estar triste, mientras sé que hay gente que ha podido sufrir más que yo. ¿Sabes lo que te digo hijo mío? Cuando sonríes, la persona que la ve, le contagias con tu sonrisa. En cambio, cuando estás triste, esa persona también se contagia de tu tristeza. Mi corazón está sin duda roto, pero saber que aún puede servir para repartir felicidad a otros, ya me conformo. Al fin y al cabo, le tengo una gran deuda al sol. No importa lo mucho que sufras; mientras haya alguna razón para ser feliz, yo la buscaré para serlo.

-¿Cómo repartes esa felicidad a la gente?- preguntó el joven tragando saliva.

-Mediante mis obras literarias. Siempre explico en mis libros mis experiencias, y razones para ser feliz. Lo único que conservo de mis padres fueron sus enseñanzas sobre la literatura, y ahora sé que fue un gran regalo para mí. Sin esas enseñanzas, yo no sería escritor, y no sabría cómo repartir la felicidad a la gente. Creo, que ni sería feliz.-afirmó el buen hombre mientras puso una sonrisa de oreja a oreja al joven.

-No sé qué decir... Simplemente estoy impresionado por sus palabras... - dijo el joven mientras soltaba lágrimas.

-Simplemente no digas nada; comprende. Todo lo que aprendas ahora, te servirá para el día de mañana. Quizá tú tengas una adolescencia más feliz que la mía, pero no desprecies nunca lo que tienes. Recuerda, cuando dejes de lado las cosas que no te puedan ir bien en la vida, y sepas apreciar de verdad lo que merece realmente la pena, será cuando empieces a madurar. No lo olvides nunca.

Juanma Díaz Álvarez

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⏰ Last updated: Jan 20, 2016 ⏰

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