PRÓLOGO

29 1 0
                                        


El todopoderoso, se hallaba observando gran parte de todo lo que gobernaba, desde lo alto en el cielo. Iluminado por la imponente luna, que brillaba con todo su esplendor. Estaba parado en medio del gran ventanal, detrás de él se encontraba un gran escritorio, repleto de papeles, los cuales le daban igual.

La puerta se abrió dejando entrar a un soldado que rondaba los treinta y cinco años de edad, avanzó la mitad de la distancia entre la puerta y el escritorio, para después arrodillarse ente el todo poderoso.

- Mi señor. -Exclamó.

- ¿Qué quieres? Simon. -Dijo el todopoderoso, sin siquiera voltearse.

- Todos los Etéreos han sido exterminados.

- ¿A si? –manifestó mientras se volteaba y se dirigía al escritorio, una vez allí dijo-. Buen trabajo Simon.

La voz fría y oscura del todopoderoso, le atemorizaba.

- ¿Qué hiciste con las personas en las que creíamos que eran Etéreos? ¿También los mataste?

- No, mi señor, esas personas están encerrados por culpa del proyecto OLIMPO; volviéndolos en sus esclavos. –Algo en su interior se retorcía, sin embargo no podía demostrar su desagrado. Eso sería una sentencia de muerte.

La risa desquiciada del señor no se hizo esperar.

- Excelente. –Dijo entre risas.

Se sentía completamente alegre, por fin no habría nadie que lo pudiera detener, ya que los gusanos que poblaban sus reinos no tenían el poder físico como para detenerle, la única forma de que lo hicieran era forjar un plan tan elaborado como para descuidarlo y atacarlo en su momento más débil, pensar eso le produjo aun más risa, pocas personas poseían el intelecto necesario para hacerlo, él los controlaba con los medios de comunicación masiva, y si aparecía un rebelde la sociedad se encargaría de corregirlo.

Los Etéreos tenían el poder físico e intelectual como para destronarlo y ahora todos estaban muertos.

Por el otro lado Simon, hacia lo posible por ocultar su terror.

- Bueno, si no tienes nada más que decirme puedes irte.

Simon hizo una reverencia se dirigió hacia la puerta. Su miedo se incrementaba a cada paso. Tenía miedo de que él volviera a hablar y por eso salió casi corriendo de la habitación.

El miedo estaba allí y siempre estaría allí; de alguna forma seguía el destino de las personas que dejo en el OLIMPO, de ahora en adelante sería un esclavo de su miedo y por ende un esclavo del que gobernaba todo.

Esa noche no pudo dormir, se quedó mirando el techo durante horas. Él no podía darse cuenta de que aún quedaban Etéreos. De hecho no le importaba su existencia en ese momento, ¿Qué seria de su esposa y su hijo recién nacido?

Pensando en su hijo se puso a llorar, el pequeño había nacido en un mundo oscuro que lo quería muerto.

Simon hizo todo lo posible por ocultarse, sin embargo las cosas no se pueden ocultar por siempre; cinco años después, su cuerpo cayó sin vida en el intento de salvar a su familia. Su esposa protegió a su hijo todo lo que pudo, hasta que una bala impactó en el centro de su espalda. Su hijo, el pequeño James de tan solo cinco años, desapareció de la mira del gobierno mundial y del todopoderoso, así como la desconocida cantidad de Etéreos que Simon pudo esconder.

Ellos están allí entre las miles de personas del mundo, con la esperanza de que algún día dejen de ser esclavos del miedo que les genera el todopoderoso.



secretosWhere stories live. Discover now