Sentada en la cama, lucho por alcanzar los cordones de mis zapatillas converse.
Sinceramente me planteo la duda de quien tiene más años, si ellas o yo. La goma característica de la parte trasera con el logo de la marca se desprendió hace mucho y la zarrapastrosa tela negra muestra claras marcas de lejía.
-Definitivamente necesito unas nuevas. - Alego, refiriéndome a mi calzado. Resoplando me levanto de la cama y me siento enfrente al espejo que mi compañera de cuarto, Danniela, ha dispuesto en una esquina de la minúscula habitación.
Ay, que bonita es la vida de un universitario.
Trazo una fina línea negra en mis párpados y me dispongo a salir del dormitorio. En un brazo llevo mi tambaleante mochila y en la misma mano cargo con un gorro de lana del que tiro cuando, a menudo, no consigo acicalarme mi anaranjado cabello como es debido. En cuanto abro la puerta, una inestable Danniela se choca contra mi intentando entrar. Repaso en mi cabeza el calendario y finalmente, lo entiendo todo.
- ¿De resaca? - Pregunto entre risas, a pesar de que se de sobra la respuesta.
- ¿Cómo lo has adivinado? - Responde, encogiéndose de hombros y soltando un aparatoso bostezo. - No sabes la que te perdiste anoche, Elsa, y había uuuuuna de chicos cañones. - Suelto una risa quizás más impresionante que su bostezo.
- Anda anda, pasa para dentro, que estás a nada de desplomarte en el pasillo del sueño. - Ella me regala una cara de agradecimiento y corre a tumbarse en su cama, todavía con unos vertiginosos zapatos de plataforma en sus pies.
- ¿No piensas quitarte eso? - Le pregunto, sentándome a su lado.
- ¿Qué hora es? - Me ignora, mientras con una mano intenta palpar su bolso, que se ha caído en el espacio entre la cama y la pared. - Mierda Elsa, ¿Has visto mi bolso? Juraría que estaba aquí hace unos minutos.- Me agacho y hago paso a mi brazo a través del polvo y todos los tesoros que se esconden bajo su cama. Al final, una cartera de mano con lentejuelas brilla, y logro alcanzarla. - Son las 12. - Digo al mismo tiempo que zarandeo el bolso.
- ¡¿Ya?! - Se exalta y comienza a correr al rededor de la habitación. Da tres vueltas a toda mecha y se detiene en frente de su armario, donde comienza a sacar todos los vestidos que encuentra y a lanzarlos. Uno de ellos, me cae en la cabeza -Joder Elsaaaa, que hoy hay fiesta en la fraternidad de Teo y yo no tengo que ponerme. - Me soplo el pelo y me libro de la prenda, que le lanzo de vuelta. Ella se ruboriza y murmura un casi silencioso "Perdón"
- Me vale con que dejes de decir mi nombre tras un taco - Le suplico con mirada asesina.
- Vale, vale, vale. - De nuevo le da la vena loca y sin saber muy bien que hacer me vuelve a mirar. - ¿Y tú adonde vas?
- Pues iba a mirarme unas deportivas nuevas.
- Aleluya, eran horas. Pues te acompaño y me compro rooopa. - Danniela corre al armario y en un santiamén ya va vestida con unos shorts desgastados, chupa de cuero repleta de tachuelas y botas de cuña. En su mano derecha sostiene una pastilla y en la izquierda un vaso de agua.
- ¿Nos vamos o qué? - La presiono. Yo ya debería estar de vuelta con la caja del calzado en el suelo abierta y mis viejas converse desperdigadas por el suelo de baldosa.
- Eh, eh, eh, no tan deprisa. - En el marco de la puerta, que yo he dejado entreabierta sin pretenderlo, asoma un chico moreno de piel aceitunada y los dos ojos mas verdes del universo. Su nariz, decorada por un piercing en el cartílago central comienza a olisquear el aire. - Aquí me huele a chicas guapas, y ninguna me había avisado de que hoy veníais a la fiesta. - ¿Que me disculpen? Yo nunca he dicho que fuera a ir, y no, no pienso aparecer por esa casa de borrachos y depravados que se parece mas a un manicomio o incluso a una comuna.
- Elsa, ¿Es eso cierto? ¿Vas a venir? - Mi compañera comienza a dar saltos de emoción y yo pongo los ojos en blanco. No me podía ir mejor la mañana. Si en vez de quedarme ensimismada mirando mis zapatillas hubiera salido cinco minutos antes, este marrón no sería ni una pesadilla.
- No, nunca he dicho que fuera a ir y no voy a hacerlo ahora. - Espeto, sin pensarlo. Al ver como ambos abren la boca comprendo que ya no hay marcha atrás.
- Ricky, ¿Vienes a buscarnos a las 9? - Pregunta Danniela haciendo caso omiso a lo que he dicho. Parece que esta noche acudiré a la fiesta, muy a mi pesar.
- Pues claro, os quiero listas, chicas. - El chico se va por donde ha venido, y mi compañera, la morena, me mira aguantando una carcajada. No sé si es el exceso de hormonas, o de alcohol, o de gente haciendo cosas obscenas. Pero jamás me han gustado las fiestas. Tampoco es que tenga nada que ponerme. Mi vestuario cotidiano se basa en mis ya famosas zapatillas, jeans muy ajustados y con el tiro por las nubes y sudaderas cortas con nombres de artistas urbanos como Arce, Ocer y Rade, SFDK entre otros. Suelo llevar mi melena dentro de un gorro de punto negro con un gran pompón que me calcetó mi madre el segundo año de secundaria y todavía conservo con el mismo cariño. Juraría que es lo único que lleva su olor, tras su muerte. A diferencia de la mayoria de hormonados de la residencia, yo si conduzco, exactamente un golf morado. Qué aunque no es el coche mas lujoso del universo, creo que tiene un poco de mi esencia. Me recuerda al sesentero grupo Deep Purple. En el maletero siempre porto mi Penny, una muda y un montón de discos de Old School, estilo del que vivo enamorada.
Quizás sea la chica más peculiar y diferente que habita en la Universidad Complutense de Madrid.
O quizás, solo sea otra rara.
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GREEN
Teen FictionCuando crees haber perdido totalmente la esperanza en cualquier clase de amor. Cuando los amores de los libros de Anna Todd te parecen tan imposibles como el mítico cerdo volando. Cuando ya habías decidido que ibas a morir entre millones de gordos g...
