Incluso la música de Jesse J, una de mis cantantes favoritas, me daba dolor de cabeza en ese momento. Y no sé si era por las luces artificiales, por el olor que había en el ambiente o por qué, pero yo apostaría por que los culpables eran las tres extrañas bebidas que revoloteaban por mi organismo. Aunque yo había dicho que venía únicamente a buscar a María, es prácticamente imposible que un adolescente vaya a una fiesta y no salga borracho, por muy responsable que sea. Además, Neizar me iba ofreciendo una, cada vez que me veía. Entré al salón, iluminado por algunas lámparas de mesa, que estaba atestado de gente vestida con faldas y pantalones cortos bailando al son de Domino. Y eché un vistazo a las caras. Una a una y nada, seguía sin encontrarla, ya la había llamado quince veces y no me contestaba. La cabeza seguía dándome vueltas y decidí llamar a Javier, estaría con ella.
-piii,...piii,...piii,... lo sentimos el número que marca no se encuentra disponible en este momento...
"Mierda" pensé, y volví a guardar el móvil en mi bolsillo del vaquero. Seguí caminando entre grupos de personas que no conocía de nada, alguna de vista y me saludaban, pero nadie relevante.
Cada vez me costaba más andar, el suelo de linóleo lleno de Coca Cola y de restos de bebidas alcohólicas no ayudaba, hacía que mis Vans amarillo mostaza se pegaran al suelo y me hicieran sentir como que llevaba ventosas en los pies.
Alcé la vista y lo vi, Javier. Y parecía bastante más guapo que de costumbre. Es muy alto, normal juega al baloncesto, y moreno. Además, esa camiseta gris ajustada le quedaba bastante bien y... ¿Qué digo? ¡Si lo odio! Nos llevamos mal desde tercero de la eso, ¡puaj! Por un momento me había parecido atractivo, debió de ser el efecto del alcohol, de nuevo. Me intento acercar a él apartando varias personas que se encontraban a su alrededor, son tipos altos, como él, y por suerte no se fijan mucho en que estoy pasando entre ellos.
-¿Has visto a María?- le pregunto con dificultades debido al volumen de la música.
-No, pensaba que estaba contigo- dice con cara de preocupación.
-No me contesta a las llamadas ni a los mensajes. Pero se supone que está aquí, vamos a buscarla, sabes cómo se pone cuando bebe.
-Déjala, no seas aguafiestas.
-¿Sabes? creo que ha venido Neizar, sí, me lo he cruzado varias veces.- Digo para chincharle; porque sé que ellos nunca se han llevado bien, sobre todo desde qué Javier empezó a salir con María. Incluso un día, Neizar le amenazó con quitársela.
Me mira fijamente con cara de preocupación y sale del círculo apartando a todo el que se le cruzaba. Vamos grupo por grupo, pasillo por pasillo y nada, no aparece. Parece bastante agobiado, le caían gotas de sudor por la frente que brilla por los reflejos de las luces. Nunca pensé que la casa de Clara pudiera parecerme tan grande.
Llegamos a la terraza. Dónde desgraciadamente está Neizar. Veo las intenciones de Javier, las podría ver a Kilómetros, y estoy alerta por si se le ocurriera hacerle algo.
-¿Dónde está Mery?- dice Javier poniendo voz de "macho fornido".
-Ni puta idea, sólo he visto a Charlotte, y la tienes detrás.
-¡Qué me digas donde está!- grita con los ojos inyectados en sangre y temblando de rabia.
Neizar lo mira asustado, siempre se hace el chulo, pero en este caso cualquiera tendría miedo de Javier. Veo que realmente no sabe dónde está y lo saco de la terraza cuidadosamente, como si fuera a estallar. Fuera ya de la terraza, está más tranquilo y respira pausadamente.
Decidimos mirar en las habitaciones, vamos una por una y, sigue sin aparecer. El pasillo se me hace eterno, en algunas habitaciones hay gente, pero en otras solo hay cajas y libros, deben de llevar poco tiempo en esta casa, además, algunas habitaciones siguen sin amueblar o no están completamente pintadas. De repente, damos con una puerta blanca que no se abre. Por mucha fuerza que imponga sobre el pomo, no consigo moverlo ni un pelo. Javier se da cuenta y lo intenta, pero nada. Decide empezar a darle patadas y puñetazos bruscamente. Está descargando su nerviosismo sobre la puerta, y me doy cuenta de que los nudillos le sangran, a cada uñetazo se le abrían más las heridas que tenía casi selladas, y, a cada golpe le llenaba más la rabia.
Mis manos intentan pararlo y chillo, salto y le pego puñetazos para que pare, pero sigue, no lo consigo hasta que llega Clara, con el maquillaje corrido y un vaso rojo que se huele a kilómetros en la mano, pero no parece que le afecte mucho la situación.
-¿Qué pasa contigo?- le dice bruscamente a Javier. Lleva el pelo suelto y las gafas en la punta de la nariz, se le ve el ombligo por debajo de la camiseta y lleva unos vaqueros rotos por la rodilla. Iba bastante guapa para estar en su casa.
-María está dentro, y no me contesta a las llamadas.- Dice escupiendo entre palabra y palabra. Se le ve agobiado, nunca pensé que lo vería así. Tiene las manos apretadas y rojizas por la sangre. Pero parece darle igual.
-¿Estáis seguros de que está ahí?- contesta Clara poniendo los ojos en blanco y dándole un sorbo a su bebida, aunque ya dudo de que le quede mucha.
-¡Sí!- contestamos al unísono, el estrés se nota en el ambiente y muchas personas se giran a mirarnos.
-Pues ya veis lo que hacéis, esa puerta tiene pestillo, y solo se puede abrir desde dentro.- Dice rápidamente y se va contoneándose al ritmo de la música.
Veo a Javier que se prepara para ir a por ella y lo consigo parar a tiempo. No entiendo de dónde saca este chico tantas energías para estar siempre rabioso y preparado para darle su merecido a cualquiera. Eso es lo que me gusta de que sea pareja de mi mejor amiga, que siempre va a estar protegida. O eso espero.
Se gira mirando la puerta como si fuera la única salida de un laberinto y empotra el pie contra la superficie de madera lacada. Esta se rompe y levanta una polvareda que no permite ver con claridad el interior de la habitación.
En cuanto se aclaró la nube de polvo se oyó un grito agudo a mis espaldas, y conseguí ver lo que nunca habría querido; la pared blanca en la que se apoyaba la cama estaba completamente manchada de sangre, que caía lentamente como si cada gota quisiera ser la primera en llegar al suelo, como si un pintor quisiera expresar su rabia contra el lienzo y pintase algo tan abstracto como una mancha.
Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas y entré en la habitación pisando la puerta que, ahora estaba en el suelo, Javier entró detrás de mí con miedo, un sentimiento que pensaba que no podía tener. La cama estaba vacía, deshecha y con manchas de la misma sangre de la pared. Me giré y caí al suelo al ver que la sangre no era de otra persona que de María. Su cuerpo, estaba apoyado en la pared, sentado. El pelo castaño oscuro, o chocolate como ella solía decir, le tapa la cara como si de unas cortinas se tratasen. Y justo sobre ella había un mensaje escrito con su propia sangre: "The black cat is starting her revenge". Estaba firmado con una B y una C mayúsculas decoradas con tres bigotes da gato a cada lado.
Y sobre esto, las ventanas de la habitación abiertas de par en par, a través de las cuales, la noche se cerraba en una tormenta brutal.
Javier, al ver la escena, salió corriendo de la fiesta, desahogando su rabia con todo y todos a los que se encontraban en su camino. Supe que había salido de la casa cuando oí el gran portazo que da, haciendo que la casa tiemble.
El ambiente se quedó en silencio, las miradas asustadas de la gente, la música sonando sin una sola voz que la intentase tapar. Lo único que se oía, aparte de Judas de Lady Gaga, era el sonido de los móviles llamando a la policía o a sus propios padres, por que el resto de invitados querían salir de esta pesadilla, de la cual yo no podría salir.
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Black Cat
Teen FictionSi tu mejor amiga muere... ¿Cómo lo afrontarías? Y además, ¿y si el asesino es alguien más cercano de lo que crees?
