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Un regalo maravilloso

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Mis dedos temblaban, mi quijada temblaba, mi cuerpo entero temblaba mientras mis manos estaban entre mis piernas para poder calentarlas en este maldito frío de mierda que hacía.

Eran las seis y media de la mañana de un veinticuatro de diciembre, y estoy malditamente seguro que caerá nieve como el año pasado. Vivir en un lugar donde cae nieve cada invierno, es una maldición, sobre todo si llevas viviendo en tu automóvil una semana.

Tengo veintiseis años, mis padres murieron el año pasado cuando su avión cayó al océano y dos meses después, mi abuela materna murió por depresión, lo que hizo que mi abuelo se pusiera una pistola en la boca hace cinco meses. No tengo abuelos paternos porque mi padre vivió gran parte de su vida en la calle, lo cual me deja sin más familia.

Siempre dije que ser hijo único era una mierda, mi abuela supo el error que cometió al solo parir a mi madre y si mi madre estuviera vivía, sabría lo que estoy sufriendo al solo parirme a mí.

Heredé una fortuna, de verdad era mucho dinero, pero fui víctima de un fraude por parte del antiguo socio de mi padre y ahora no tengo más que dos mil pesos en mi cartera, con lo cual no creo sobrevivir hasta año nuevo. Vivo en el automóvil que mi padre me regaló en mi graduación de preparatoria, eso no me lo quitaron ya que para ellos no valía la pena, bueno... ahora eso es mi casa.

Mis amigos me dieron la espalda en el segundo en que toqué sus puertas para pedir asilo, de esa manera me di cuenta que realmente nunca tuve amigos. No tuve vecinos a los cuales pedir ayuda, porque mi casa era una propiedad privada lejos de la ciudad. No tengo a nadie en el mundo a quien pedir ayuda, yo soy todo lo que tengo y sinceramente una semana me ha servido para saber que yo mismo no sirvo para nada.

No puedo entrar a un restaurante y dar una comida digna, no puedo dormir en una lisa y esponjosa cama de hotel, no puedo tener una sola noche donde pueda dormir sin sentir frío.

Salgo del auto y comienzo a patear las llantas y luego meto las manos en mis axilas para mantenerlas calientes.

Nadie me necesita y no tengo a nadie a quien necesitar.

Mi abuelo tomó una decisión, debió ser muy fácil solo volarse los sesos. Yo no tengo dinero si siquiera para poder comprar una pistola. ¿De qué manera podría quitarme la vida? No quiero sufrir, quiero que sea algo rápido, como ir manejando a alta velocidad y chocar contra un árbol. Sin embargo, no tengo seguridad de morir ahí. Si me lanzó de un edificio, sentiré mi corazón casi reventar y sufriré, serán quizá tres segundos, pero estoy malditamente seguro que sufriré.

Estoy dándome cuenta que soy demasiado cobarde hasta para eso.

Camino rumbo al centro de la ciudad, a esos puestos que hay en el mercado donde venden de esa comida grasosa y de buen sabor. Cualquier cosa que me haga ahorrar dinero, porque una vez que no sea suficiente para comer ni para echarle gasolina al auto, seguro moriré.

Decido primero ir al parque y correr alrededor por lo menos diez minutos, el frío está matándome y esa sensación no me gusta, no cuando estaba acostumbrado a la calefacción y pasar gran parte del día en mi cama.

Corro por alrededor de media hora y después voy por un poco de comida. Regreso al parque y me siento en una banca. Las horas pasan y solo puedo mirar a algunas personas desafiando el frío y que caminan en familia con sonrisas y manos tomadas. Me gustaría haber tenido un hermano y haber caminado de esa forma con él en mi niñez, o quizá solo quisiera tener un hermano que ahora mismo me dijera: ¡Hey, ven a pasar la navidad conmigo, mi esposa y los niños están de acuerdo con eso!

Me doy cuenta que he pasado todo el día sentado en esa banca, cuando las luces del pino se encienden. Aun hay personas que no van a casa para celebrar la noche buena, supongo que ver el árbol les provoca alguna sensación de felicidad, yo solo de verlo, siento nostalgia y un vacío inmenso. No tengo con quien pasar la navidad, no tengo un árbol en mi auto para simbolizar la navidad, no tendré a nadie a quien desearle ¡Feliz navidad! No tengo NADA.

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