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Sonrió sin querer, una taza de café no se le niega a nadie.
El rubio aún luciendo perdido y distante asintió.
Estaba completamente empapado, no lo culpaba. Afuera parecía que el cielo se caería.
Se movió dejando la entrada libre y giro con la intención de salir en busca de una toalla y ropa limpia, hace un par de meses cuando aún ellos tenían-lo que fuese que tuvieran-él rubio había dejado más de una muda de ropa.
-Puedes acomodarte en la sala.- señalo.- Te traeré una taza de café
El rubio no respondió. De todas maneras no esperaba que lo hiciera.
Min Yoongi. El sarcástico, solitario y frágil, Min Yoongi.
Entro a su habitación dirigiéndose automáticamente al closet, tal vez también era momento de entregarle todas sus cosas.
Tomo unos pantalones cómodos junto a una camiseta de manga larga, la noche era demasiado fría.
El apartamento estaba silencioso, casi como si Min no estuviera ahí.
El rubio no se movía, parecía estar tan concentrado en todo y a la vez en nada.
Lo llamo suavemente, gozando como cada sílaba de su nombre se deslizaba lentamente de sus labios.
Yoongi, era un nombre hermoso.
El chico únicamente le miro sobre su hombro. Parecía tan roto, tan desolado. Y Jimin quizo estrecharlo, quizo tomar cada una de sus pequeñas piezas y reconstruirlo.
Le extendió de manera suave la ropa y le indicó el camino hacia el cuarto de baño.
Espero hasta que desapareciera por el pasillo y el pequeño "click" de la cerradura se escuchase.
¿Qué tanto conocía a el mayor? Realmente no lo sabía. Yoongi parecía ser el tipo de chico que un día tomaba sus pertenencias para desaparecer de la vida de las personas.
¡Oh, Min Yoongi! ¿Qué tan roto debes estar en este momento?
Había intentado reconstruirlo, porque Jimin realmente había trabajado muy duro. Pero hay cosas que simplemente no pueden ser reparadas. El dolor que cargaba Yoongi en sí parecía ser inmenso, tanto que Jimin, temió ser consumido por el en su vano intento de ayudarle.
Yoongi era oscuridad, era sombras.
A Jimin eso le atraía como una luz a las polillas. Vaya ironía ¿verdad, Jimin?
El agua de la regadera y el constante repiqueteo de las gotas de lluvia contra los cristales eran los único que inundaba aquel departamento.
Casi parecía poético.
Tomo un par de tazas de la última repisa y las colocó frente a él.Jimin amaba el café.
Le traía nostalgia. Las noches compartidas con Taehyung en donde él le robaba besos al menor, donde Taehyung le correspondía y se entregaba tan fielmente que Jimin se asusto.
Taehyung era su hermano. No podía.
La nostalgia y el dolor cuando vio a Taehyung con aquel niño. JungKook.
El extraño y pequeño JungKook. Aquel niño demasiado asustadizo que se aferraba a su hermano cuando eran pequeños, aquel niño que les espiaba continuamente solo para estar cerca de Taehyung. Aquel niño tan puro que realmente merecía a Taehyung.
Y Jimin los odio. Se sentía más sucio de lo que posiblemente era.
No derramó lágrimas la noche que decidió dejar todo y a todos atrás. Jimin se sintió libre.
El sonido de la cafetera lo trajo de regreso y sirvió con cuidado de no derramar absolutamente nada.
Tomo ambas tazas y las colocó sobre la barra, en espera del rubio.
A quien no le tomo más de dos segundos aparecer por el pasillo mientras secaba su cabello, sin decir nada tomó asiento frente a él alcanzando la taza y llevándola a sus labios.
Café negro y si azúcar. Ambos tenían esa maña.
Bebieron en silencio, compartiendo miradas de vez en cuando. No era necesarias las palabras. Min Yoongi era un hombre de pocas palabras o más bien de pocos monosílabos y Jimin se sentía demasiado tranquilo para querer perturbar el ambiente.
La idea en un principio, pensó Jimin, había sido que el rubio tomará una taza de café junto con sus pertenencias y se marchara.
No creyó que el rubio comenzaría a hablar entre susurros contandole su no tan dichosa vida.
Donde perdió a sus padres, daño a un tal Hoseok y tiro la mitad de su vida en actos horribles.
Jimin no dijo nada, únicamente escucho cada palabra hasta que el rubio se deshizo en sollozos sobre el. No pensó que lo atraería cada vez más hacia él, recitándole miles de promesas de amor y mucho menos se imaginó que iban a terminar en su habitación.
Que el sonido de la lluvia se viese interrumpido por los suspiros de ambos, que él se ahogara en llanto al llegar a la cima, que Yoongi le abrazase como si temiera caer.
Como si temiera haber roto a Jimin.
Eso era imposible, pensó Jimin mientras se apretaba más a él. Jimin ya estaba roto.
Pero estaba bien. Si Jimin terminaba por romperse podría reparar a Yoongi.
Eso sería suficiente para el. Al menos en ese pequeño momento, quería pensar que era posible, que Yoongi se quedaría, pero Jimin no estaba seguro.
Después de todo, Jimin tampoco lo hizo.
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*Lamento las faltas de ortografía y/o redacción.
Gracias si te tomaste la molestia de leer y llegar hasta acá.
Esto ha salido de la nada cuando intentaba escribir algo más alegre, pero extrañamente a pesar de lo oscura que fue viniendo de mi, me ha gustado.
Os quiero. Si es que alguien lee esto.
Palliyong.
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Una taza de lluvia. |YoonMin|
FanfictionLa idea en un principio, pensó Jimin, había sido que el rubio tomará una taza de café junto con sus pertenencias y se marchara. No creyó que el rubio comenzaría a hablar entre susurros contandole su no tan dichosa vida. Donde perdió a sus padres, da...
