Familias extrañas y disfuncionales

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Han pasado más de cuatro años desde que salí de la arena. Uno podría pensar que es suficiente para olvidarlo, pero nunca es así. Desde la muerte de mis padres en un extraño hundimiento del barco en donde trabajaban, me mudé a la casa de Finnick. Él siempre me apoya cuando más lo necesito. Los días más difíciles son cuando se va al Capitolio. Sé que lo hace para protegerme, pero eso no lo hace más fácil. Igual tengo a Mags siempre a mi lado. Se ha convertido en madre de ambos. Creo que podemos decir que somos una familia. Una familia extraña.

Sé que sigo teniendo mis momentos de locura, pero cuando no me doy cuenta, Finnick y Mags son tan amables como para no mencionarlo. En el peor de los casos, cuando confundo la realidad con la ilusión, solo me abrazan hasta que todo termina o les pregunto si lo que pasa es real.

-Buenos días, hermosa- Finnick me despierta con un beso en la frente.

-Buen día, lindo- digo aún sin despertar del todo.

-¿Quieres desayunar ya? Hice panqueques.

--Delicioso- sonrío con los ojos cerrados.

-Pero primero tienes que despertarte- me besa.

-Bien, bien, pero dame otro beso.

Luego de luchar conmigo misma para salir de la cama, me aseo y bajo a desayunar con Finnick y Mags.

-Buenos días- sonrío y Mags me contesta.

Tengo que admitir que Finnick es un gran cocinero. Es mejor que yo, definitivamente.

-Hoy tenemos que salir- dice Finnick.

-¿Tenemos que?- pregunto.

-La Gira de la Victoria ¿Lo olvidas? Hoy llegan los Vencedores.

-Cierto que este año son dos.

Por primera vez en setenta y cuatro años ha ganado más de un tributo. Los trágicos amantes del distrito 12 se robaron el corazón de todo el Capitolio. El distrito 12 no ha tenido vencedores en más de veinte años y cuando gana, se lleva premio doble. Sin mencionar que los tributos estaban ardiendo, literalmente, porque los prendieron en fuego para el desfile.

-Luberry mandó algo la vez pasada que fui al Capitolio.

-Sí, me lo dijo ayer por teléfono- respondo algo distraída.

Desde que Luberry me dio su número, hemos hablado al menos dos veces a la semana. Por lo general tocamos temas sobre qué está de moda en el Capitolio. Según lo que me dijo, ahora son las trenzas.

-No creo que la gente esté muy contenta con ella aquí: Mató a nuestra tributo femenina.

-¿Qué hay acerca de él?- pregunto.

-Él es una persona decente- contesta.

-Nadie decente gana los Juegos, Finnick- le recuerdo- A él es imposible odiarlo ¿Viste lo bien que le fue en la entrevista?

-Fue una buena estrategia fingir estar enamorados.

Mags habla y dice algo acerca de estar enamorados de verdad, aunque no creo haberla escuchado bien. Esos chicos no están enamorados de verdad.

-No lo creo, Mags- le dice Finnick.

Ella solo levanta los hombros y sigue comiendo. Ahora lo recuerdo mejor. Él dijo que estaba enamorado de ella en la entrevista y, contra todo pronóstico, ella le correspondió y lo salvó durante los Juegos. Así fue como lograron salir los dos.

-¿A qué hora llegan?- pregunto.

-En una hora- dice Finnick, luego de revisar su reloj.

Mags murmura, se para y sube por las escaleras. Creo que dice que es momento de alistarse. Me paro para subir, pero Finnick se queda sentado tomando su café. Su mirada está pérdida y tiene la cabeza en otra parte.

Annie Cresta: Capítulo finalStories to obsess over. Discover now