-¡TARA! -escuché un grito mientras mi puerta se abría bruscamente, di un brinco del susto y giré mi cabeza rápidamente para ver quién había sido el idiota en darme tal susto. ¿Y quién más iba a ser?, oh claro, el idiota de mi hermano mellizo.
-¡Leopold! -reproché mientras trataba de tapar mi cuerpo con una blusa que alcancé a tomar de mi armario. Y claro, suponiendo el estado en el que me encontraba como no se iba a reír de mí. Si, estaba desnuda.
-¡Que es Leo!- La risa de mi querido hermano cesó e hizo un puchero como si fuera un niño de cuatro años al cual su madre no quería comprarle una paleta de dulce.
A mi hermano nunca le hacía gracia el hecho de llamarse Leopold, lo odia, y lo seguirá odiando. Palabras de él. De pequeños cuando regresábamos del colegio mi hermano siempre tenía la misma pelea con mis padres. "¿Por qué tenían que ponerme ese nombre?", "Lo odio", "¡Quiero otro nombre!". Así que cada vez que mi hermano me molestaba, lo llamaba Leopold, y ahora, bueno, siempre lo hago.
-¿Sabes? Tengo un apodo para ti.
-¿Para mí? -exclamé con sorpresa fingida.
-Así es, y lo vas a odiar.
-Sorpréndeme.
-Tarada- dijo con expresión de autosuficiencia.
-Sigo esperando- ignoré el hecho de que me hubiera insultado.
-Tarada, oh vamos, ya sabes, tara-tarada, tara, tara-da.
-Vaya-dije con expresión atónita-, sigue intentado.
-Vamos, es bueno y lo sabes, pasé toda la semana pensado en uno.
Esto era como un juego para nosotros, o bueno, más para mí que para él, puesto que siempre estaba pensando en un apodo que fuera a lograr "molestarme" o "lastimarme" para que lo usara en mi contra, como yo uso en el su nombre.
-Sí, bueno, no lo es. Y ahora si no te importa, ¡LARGO QUE ESTOY DESNUDA!
-Tranquila tarada, no tienes nada que no haya visto antes.
-No me digas que aún recuerdas el cuerpo de mamá cuando te bañaba o te amamantaba, porque yo no, eso es repugnante. Y a diferencia de lo que a ti te gusta ¡yo no tengo pito!
-Cierra la boca, que sabes bien de lo que hablo-gruñó mientras se encaminaba a la puerta de mi habitación.
-¡SIGUES SIENDO VIRGEN! -Grité antes de que cerrara la puerta detrás de él.
-¡Shhh, que alguien podría oírte y arruinarías mi reputación!- Alterado se adentró de nuevo a mi habitación, cerrando la puerta tras él, para después correr hacia la ventana y cerrarla-. ¿Puedes solo callarte? Se supone que nadie tiene que saberlo.
-Oh vamos, ¿hablas de la reputación de chico malo y sexy que tienes en el instituto? ¿O hablas de aquella reputación que solo pocas personas como Jordan sabe? O sea, tu reputación gay -dije con un tono de suspenso en la voz, resaltando el nombre de Jordan.
-No es gracioso, y hablando de Jordan, vístete, estará aquí en cinco minutos.-Dicho lo último, salió de mi habitación.
Me vestí lo mas rápido que pude, cepillé mis dientes y recogí mi cabello en una coleta alta. Mi atuendo consistía en ropa deportiva, shorts negros con una licra por debajo, y un top rosa fluorescente y mis zapatillas deportivas marca Nike del mismo color del top.
En el momento en que terminé de arreglarme escuché el claxon de un auto, el auto de Jordan. Agarré mi maleta deportiva -que solo cargaba con una toalla para el sudor, mi botella de agua y un cambio de ropa-, mi celular y llaves de la casa. Bajé corriendo las escaleras con la intención de que nadie me detuviera antes de salir de casa, estaba segura que iba a lograr mi objetivo cuando escuche el grito de mamá.
YOU ARE READING
Run or Love
Teen FictionNo importa que tan rápido o lento corras, siempre serás un corredor. Yo corro rápido, pero lo que no sabía era que yo no corría para salvar mi vida. Yo... corría para amar.
