Era un día como cualquier otro en las empresas Wallace, llegue a las nueve de la mañana y salude a Frank el portero, me senté en mi escritorio que estaba al lado de el despacho de Gustave Wallace mi jefe, quien era dueño de todo el edificio y también una persona muy hipócrita y fría que con un gesto de desagrado me saludaba todas las mañanas, tenia un rostro perfectamente moldeado y un cuerpo muy envidiable, era el sueño de toda chica.

- No ha llegado llegado. Dije mirando mi reloj. ¿Por qué será?

Mientras dije eso se escucha el ascensor llegar con mi jefe adentro.

- Buenos días... Me dijo sin siquiera levantar la mirada.

- Buenos di... No me dejo terminar pues golpeo su puerta, entro y la cerro de golpe.

Esta reacción no me es extraña viniendo de "el gran Gustave Wallace" quien siempre fue un grosero desde que llegue.

Al fin y al cabo era su secretaria y no tenia ganas de perder mi trabajo porque si le decía lo mucho que odiaba sus estupideces el tonto seguro me despediría y no tendría como pagar mi apartamento y no tendría a donde ir... el tarado no tenia sentimientos, y no me parece que una persona que ni siquiera se digna a mirarme tenga compasión de mi.

Mientras yo organizo los papeles y atiendo sus llamadas el tarado solo esta mirando por su gran ventana viendo quien sabe que...

Recibo una llamada del teléfono del que solo recibía llamadas de "mi querido jefe"

- Venga a mi despacho señorita Julie... ahora.

- ¡El miserable me colgó! Refunfuñe susurrando.

Me dirigí a su despacho donde estaba mirando a su ventana como siempre.

- Señorita Kiells necesito que me acompañe a un evento el día de mañana... *suspira*... como mi novia, así que mañana quiero que venga de gala.

Asentí muy sorprendida.







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