Pierce College, Lakewood, Washington
Marzo, 2026
Quentin Miller se sacó el casco negro con visor polarizado y lo colocó en el espejo de su motocicleta, una brillante Ducati negra, mientras esperaba a su novia que era porrista en el instituto y estaba entrenando. Saldría en cualquier momento. Quentin se sacudió el cabello mientras apagaba su motocicleta. Miró a los lados. No había un alma en la calle, ni personas ni animales. Tampoco se oían los típicos aullidos nocturnos de los perros. Sacó una pastilla de menta del bolsillos de su chaqueta negra y se la introdujo a la boca, guardó el resto del paquete y comenzó a tararear una canción de Metallica mientras esperaba. Miró la hora en su celular, dos minutos más y serían las once de la noche.
-¡Quentin!- lo llamó su novia mientras se acercaba a él y le daba un húmedo beso en la boca. Él la abrazó por la cintura y le devolvió el beso.
Ella era una castaña extrovertida y alegre, de un metro sesenta y cuatro. Sus ojos oscuros y saltones la hacían parecer inofensiva, sin mencionar extremadamente sexy (pensamientos de Quentin). Cuando se separaron unos minutos después él de devolvió la brillante sonrisa que Melissa, su novia, le entregaba.
-Adiós, Melissa- se despidieron sus amigas a coro mientras pasaban por su lado.
-¡Adiós!- exclamó ella, colgada al cuello de su novio.
-Suerte en la pelea de mañana, Ken- le dijo una de las otras porristas que estaban con sus amigas al novio de Melissa.
La chica rodó los ojos, ya que después de eso le giñó un ojo y lo miró seductoramente. Era una de las chicas que siempre le gritaba obscenidades a su novio mientras estaba en el ring. Le llamaba Ken por el muñeco de las Barbies, y no la culpaba, la chica era tan plástica como una de esas muñecas y la única cosa que de seguro se le ocurrió para robarle el novio era llamarlo Ken. Método muy estúpido al igual que ella. Melissa aún no acaba de entender del todo si era un método para conseguir a su novio o un tipo de halago, o si era ambos.
Quentin besó a Melissa por toda la cara al notar la cara de molestia y asco que le profesaba a la chica. Siempre se le acercaba después de las peleas e intentaba convencerlo para que se acostara con ella. No lo lograba, por supuesto. Sus ojos, su mente y su cuerpo sólo podían pensar en una persona: Melissa. La chica comenzó a reír mientras su novio le regaba besos por todo el rostro y ocasionales mordiditas en las mejillas que luego también besaba.
-Me estás llenando de baba- dijo ella mientras reía e intentaba separarlo. Juntó sus labios una vez más hasta que sintió que su novio hacía un brusco movimiento hacia su hombro derecho. Se separó cuando él dejó de besarla y lo miró con confusión. Observó con absoluto horror la sangre en su cabeza. Le habían disparado. El chico cayó al suelo con la moto sobre una de sus piernas. Melissa gritó, pero no había nadie alrededor para oír sus gritos y llantos. Excepto una figura negra entre los árboles a unos treinta metros de donde ellos se encontraban.
El hombre entre los arbustos se levantó con una sonrisa triunfadora que apenas se notaba entre la oscuridad y la capucha que llevaba sobre la cabeza, la cual también le ocultaba la mitad del rostro. Levantó el arma del suelo y la colocó dentro de un estuche, al cerrarlo parecía el estuche de una guitarra. Se alejó caminando con una mano enguantada en el bolsillo de su campera y la otra sosteniendo el estuche de ''guitarra'', y a sus espaldas los gritos desesperados de la chica a la que acababa de quitarle al ''amor de su vida''. Sonrió aún más con ese pensamiento y negó con la cabeza. Se preguntó cuánto tardaría en darse cuenta que la bala había atravesado la cabeza de su novio y había salido del otro lado sin ningún problema. Oyó que el grito se intensificó, pero no miró hacia atrás. Siguió caminando por la calle desierta.
Tras caminar unos minutos por las calles iluminadas ocasionalmente por una farola entró a un bar y saludó a unos policías que se encontraban bebiendo, ellos le devolvieron el saludo con una sonrisa. Ya se conocían.
Al dirigirse a la barra la vio.
Estaba molesta, lo notó por su postura y el hecho de que parecía estar discutiendo. Ella estaba mucho más grande de lo que la recordaba, aunque claro, hace más de quince años no la veía, ella tenía trece la última vez que la vio. Y lo odiaba. Su melena castaña oscuro le debería llegar casi hasta la cintura, estaba amarrada en una coleta desordenada. La chica estaba dándole la espalda, pero la reconocería en cualquier lado, en cualquier momento. Seguía sentándose en la misma posición recta y alerta, lo hacía inconscientemente; aunque estuviera totalmente relajada, o en este caso: molesta, tenía algo que la hacía ver como si pudiera derribar a cualquiera que se le acercara sin tomarla por sorpresa. El hombre tragó saliva, se sentó en una esquina oscura de la barra y pidió un Bloody Mary, no dejó de observarla hasta que salió por la puerta con el mismo hombre con el que estaba hablando detrás de ella, le debía sacar una cabeza de altura. ¿Cómo es posible que ella esté aquí? Con todo lo que se había enterado pensó que estaría muerta. Pero sin embargo ahí estaba, con esos ojos castaños que observaban todo con frialdad y detenimiento, saliendo por la puerta con ese hombre que le resultaba extremadamente familiar.
"Oh, mi niña", pensó "Como me encantaría volver a tu vida...".
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Alerta Roja
ActionEl pasado es difícil de dejar atrás. Los viejos hábitos también. ----------------- Esta es la secuela de Protección Schavelzon, historia que podrás encontrar en mi perfil. [PAUSADA]
