Me cacheteó y la cacheteé. Me gritó y le grité. Me pegó y le pegué. Me insultó y la insulté. Nos dimos una arrastrada que barrimos el patio la una con la otra y ni eso nos salvó del castigo.
Furiosa, con el labio roto, con la blusa desabotonada, con los brazos arañados, con el cabello despeinado y pataleando fui llevada en brazos a la dirección.
Nathaniel llevaba a su hermana y Lysandro a mí.
Lys decía que tenía que calmarme y claro que tenía que hacerlo. Yo debía escucharlo y hacer justo lo que me pedía por mi propio bien, pero estaba furiosa.
Cuando fui Sucrette jamás había contestado nada a Amber, así que tenía muchas guardadas y, después de todo, yo había vuelto a Sweet Amoris a hacer lo que ella no había hecho.
Entrando a la dirección la bruja soltó las de cocodrilo y la directora me fulminó con la mirada.
—Yo no le hice nada —dijo Amber después de explicar a detalle todo lo que le hice.
Me mordí el labio mientras reía irónica y apartaba la mirada.
—Ah claro, porque éstas me las hice sola —dije mostrando las marcas de sus uñas en mis brazos
—Fueron ambas —dijo Nathaniel y tres lo miramos atónitas.
Por primera vez en nuestra vida de instituto él no estaba callado ante las acciones de la bruja de su hermana. Eso era para que cualquiera se muriera. Yo estaba a punto de hacerlo.
Amber se molestó y gritó algunas cosas, insultándome obviamente. Rodé los ojos a sabiendas de lo que seguía, un trabajo comunitario para ambas que solo yo haría.
Quise respirar profundo para tomarme las cosas con calma, pero no pude. El aire se atoró en mi garganta provocándome tremenda punzada en el corazón.
Llevando ambas manos al pecho, y totalmente mareada, azoté.
Cuando abrí los ojos me encontraba en el hospital, pensé que tal vez habían exagerado un poco las cosas.
Rosa estaba ahí con Lysandro. Los miré y, sin decir que había despertado, volví a cerrar los ojos. Pero fui obligada a abrirlos inmediatamente por el portazo que se escuchó.
—¡Sucrette! —gritó Castiel al entrar, acercándose a mí.
Eso pasó en fracción de segundos, así que imaginen mi cara de susto.
—Castiel, me infartas —reclamé temblando.
Inhalé hondo por la nariz y exhalé lento por la boca.
—Me asusté —dijo el pelirrojo.
—Yo no —ironicé sosteniendo mi corazón que buscaba despavorido escapar de mí—. Soy cardíaca y tú me alteras, me vas a matar. Además, no soy Sucrette, mi nombre es Maryere, si no recuerdas.
—Es que no hablaba contigo —dijo con burlona sonrisa—, era con ella.
Lo miré con flojera.
—Para eso ve al cementerio, no conmigo —pedí.
Yo seguía intentando que mi respiración controlada terminara de calmar mi agitado corazón.
Después del drama que protagonicé tuve que explicar a todos lo de mi trasplante de corazón, pero a nadie dije de quién fue antes de ser mío y, por alguna desconocida razón, Castiel tampoco lo dijo.
Eso fue bueno, con Castiel mirándome extraño era más que suficiente.
* *
Pasó el tiempo y pasaron cosas. Cosas como que Castiel seguía comparándome con Sucrette y eso comenzaba a incomodarme.
Cuando elegí básquet su comentario de "Sucrette estaba en jardinería" me hizo hervir la sangre.
A mí me encantaba su compañía, pero esos comentarios comparativos me hacían sentir que solo estaba conmigo porque mi corazón fue de ella y no porque disfrutara el tiempo conmigo.
Eso me dolía.
Me dolía porque mi corazón era de él desde antes de ser mío. Yo lo amé sin conocerlo, y ahora que sabía quién y cómo era no podía más que amarlo mucho más.
Pero él no me veía, no me amaba, no me quería; y eso me dolía.
Continúa...
YOU ARE READING
SUCRETTE ESTÁ MUERTA
FanfictionUn desafortunado accidente vino a acabar con la vida de tres personas, aunque solo es un cuerpo el que ya no respira, son tres corazones los que ya no laten, pues aunque dos de ellos aún bombean sangre sus latidos no tienen sentido. Después de per...
