El Regalo De Cumpleaños (Narra PEETA)

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Spoilers de Sinsajo Parte 2 (no hay Spoilers de Los Juegos del Hambre ~Desde El Otro Lado~)

El sol ya asomaba por el horizonte, pero yo ya hacia rato que estaba despierto. Me encantaba ver cada mañana el amanecer y sus infinitos tonos de naranjas y amarillos. A veces cogía un lienzo y comenzaba a dibujar lo que veía, pero ese día no. No iba a estar solo.
Hoy era un día en el que, normalmente, había felicidad y entusiasmo en la casa. Pero este año no.
Dentro de unas horas iban a venir mis hijos, con sus respectivas parejas y con sus hijos. Me encantaba ver a mis nietos, la verdad. A parte de que me encantaba jugar con ellos, yo veía en sus caras una mezcla entre personas difícil de imaginar. Una mezcla entre sus padres, pero también veía más allá, la mezcla entre sus abuelos, las personas de mi generación, con las que había vivido tantas cosas. Algunos ya se habían ido, pero otras personas como yo nos habíamos quedado con las nuevas generaciones, esperando al día de marcharse e intentado disfrutar cada día, pero era difícil. Las cosas ya no eran como antes.
Desde que mi hija Willow se casó con Finnie Odair, está viviendo con él y con su hijo Breck, en el distrito 4. También Rye se mudó hace tiempo, con Gertie Hawthorne y sus hijos, Prim y Hay, al distrito 7. Así que me había quedado solo. Pero como hoy era ocho de mayo, uno de los días en los que la familia se reunía en nuestro hogar, la casa iba a estar llena de gente, para acompañarme y no para celebrar nada, como en otras ocasiones, porque no había nada que celebrar.
Hoy sería el cumpleaños de Katniss. El primero en el que ella no está.
El timbre sonó, interrumpiendo mi desayuno y mis pensamientos. Me levanté de la silla en la que estaba sentado y sentí que me crujió la espalda: cada vez me sentía más viejo.
Me dirigí a la puerta a mi ritmo y la abrí. Habían llegado los primeros.
-¡Abuelo!- Prim Mellark, mi nieta de siete años, corrió para darme un abrazo.- Hemos traído una tarta.
-¡Prim!- le gritó Gertie, riendo.- Era una sorpresa... ¿Qué tal, suegro?
-Aquí ando... Aburriéndome un poco.- le contesté, forzando una sonrisa.
-Hola papá.- Rye me dió un abrazo.- A partir de ahora vendremos más a verte, lo prometo.
-No hace falta hijo... Vivís muy lejos y no merece la pena que vengáis solo para verme. No quiero molestaros.
-No es ninguna molestia, papá.- me dijo él.- Además, a los niños les encanta verte. Por cierto, ¿dónde está Hay?- me encogí de hombros.- ¿Haymitch? ¿Dónde estás? ¡Ven a ver al abuelo!
-Aquí.- Hay apareció detrás de Rye. Era tan bajito que no lo habíamos visto. Solo tenía cuatro años y era muy tímido. Se acercó a mi para darme un abrazo.- Hola abuelo.
-Hola Hay.- le intenté coger en brazos, pero me resultó imposible. Cuando cogía a Prim era más joven.- Anda entra, que está tu madre dentro.
Hay entró, seguido de su padre, así que ya iba a cerrar la puerta. Pero aún quedaba alguien que no esperaba que viniera.
-¿Te olvidas de mí, eh panadero?
-¡Anda! ¿Cómo tú por aquí?- le pregunté sorprendido y contento. La verdad era que las cosas habían cambiado, y mucho.
-Quise venir para verte y para recordarla. Sabes que era muy buena amiga mía.
-Como para no saberlo.- me reí un poco. Que mi amigo hubiera venido me había sentado muy bien.- Venga Gale, entremos ya.
Gale y yo somos amigos desde que se murió su mujer, Johanna Mason, hace cinco años. Él se sentía muy solo, así que Katniss y yo íbamos mucho a verle, así que nos hicimos íntimos, porque ya no había nada de lo que pelear. Y ahora que Katniss había muerto, hace seis meses justos, Gale y yo compartíamos la misma situación y nos hacíamos compañía el uno al otro. Nunca imaginé que pudiéramos acabar así.
Dentro de casa, estuve jugando con mis nietos, mientras que sus padres hablaban tranquilamente. Jugar con ellos me hacía pensar en otra cosa que no fuera la pérdida de Katniss, y me sentía muy bien. Jugué a las palmas con Prim y ayudé a Hay a terminar un dibujo. A pesar de su edad, tenía dotes para dibujar, como yo. La verdad es que me recordaba mucho a mi: tímido, buen dibujante, pelo rubio que le tapaba los ojos (como yo cuando era niño) y ojos grises. Me hizo gracia que cuando fruncía el ceño se daba un aire a Johanna. Como dije antes, nuestros nietos eran un reflejo de nosotros.
Una hora más tarde llamaron a la puerta de nuevo. Fui a abrir, pero Rye se me adelantó.
-¡Sentimos el retraso!- dijo Willow, nada más entrar.- El tren salió antes y... En fin... ¡Papá!- vino a darme un abrazo, con su particular alegría.- Venga, hoy nos lo tenemos que pasar genial, ¿eh?
-No tenemos nada que celebrar...- le dije, deprimido.
-Papá, te lo digo siempre: es como ella hubiera querido. Tú piensa que está aquí, con nosotros, que seguro que ha venido también a la fiesta pero de otra forma. Y no estés triste, por favor...
-Por una vez te haré caso.- volví a abrazarla.- Porque ella lo quería.
-Claro que lo quería. Venga, vamos a empezar el cumple.- me dió un beso, sonrió y se dirigió a la cocina, con Gertie.
-Hola Peeta, ¿qué tal?- Finnie me dió unas palmadas en la espalda.
-Bien. ¿Dónde está Breck?
-¡Aquí!- Breck se acercó corriendo y del abrazo que me dió casi me tira al suelo. Era rubio, como su difunto abuelo, Finnick, y tenía los ojos del mismo color que su difunta abuela, Annie. Tenía once años y le encantaba pescar.- Uy perdón, ¿te he hecho daño?
-No tranquilo.- le dije, con una sonrisa. Había decidido hacer caso a Willow.
La verdad es que mi familia hizo que ese no fuera un día triste: jugamos a juegos de mesa, hicimos pasteles con distintas formas (manchandonos y manchando toda la cocina), salimos fuera a dar un paseo con los niños, usamos una linterna para distraer a Buttercup (al que le habían otorgado el premio del "Gato Inmortal Literalmente"), nos enseñamos entre nosotros como hacíamos nuestras aficiones (yo enseñé como dibujar, Finnie como pescar, Gale como cazar...) y por último tomamos una gran tarta que había hecho Gertie que, aunque no era panadera, le había quedado deliciosa. Pero llegó la típica hora de dar los regalos.
-Quiero decir unas palabras para mamá...- Willow se levantó y miró hacia el cielo.- No sé si estarás ahora aquí, con nosotros. Pero... Te echo mucho de menos. Te quiero un montón y me arrepiento de no haber venido a verte todos los días cuando estabas enferma...- mi hija empezó a llorar. Yo me acerqué para consolarla.
-Willow... viniste casi todos los días y, aunque nos cueste admitirlo... Que hubieras venido más días no iba a cambiar nada. El destino es así.- le dije. Estuve a punto de llorar, pero no lo hice para que Willow se manteniera fuerte. Me abrazó y seguimos con los "regalos".
Todos dijeron unas palabras sobre Katniss o le regalaron algo. Hasta Haymitch le dió un dibujo, el que le había ayudado a terminar. Era un Sinsajo en llamas. Cuando me tocó a mí, estaba bastante deprimido.
-Katniss... Si estás ahí, quiero... Darte las gracias.- comencé a decir.- Por todo. Desde que fuimos juntos a los juegos, y aunque no me querías tanto como yo a ti, me salvaste la vida arriesgando la tuya. Y pudimos salir los dos. Y aún cuando me cogió el Capitolio, tú hiciste todo lo posible por rescatarme; aunque había cambiado por completo y no me acordaba de nada, tú me aceptaste y me ayudaste; y aunque... intenté matarte... conseguiste recuperarme. Si esos no son motivos suficientes por los que tengo que darte las gracias... No sé cuántos serán. Y además, después de todo lo que ocurrió y de lo mal que lo pasamos, cuando te pregunté que si me amabas, me dijiste REAL. Antes te amaba pero es que después de todo lo que hiciste... Amar se queda corto.- paré cuando se me saltaron las lágrimas. Pero no era el único al que se le habían saltado. Los demás también estaban llorando.- Estés donde estés, aquí o en cualquier lugar... Gracias.

* * *

Cómo se había hecho tarde, Rye Mellark, Gertie Hawthorne, Prim Mellark, Haymitch Mellark, Willow Mellark, Finnie Odair, Breck Odair y Gale Hawthorne se quedaron a dormir en mi casa. Nuestra familia era perfecta, porque era una mezcla de muchas.
Haymitch quiso dormir conmigo, así que durmió en una cama que había al lado de la mía. Le conté un cuento y se quedó frito, mientras que yo no podía conciliar el sueño. No había manera.
Cuando estaba a punto de cerrar los ojos, algo me sobresaltó. Bueno, alguien. Y no era Rye. Era... Mi padre.
-Peeta...- me dijo.- Ya es la hora.
-¿De qué?- pregunté asustado.- ¿De morirme?
-No es como tú crees.- mi padre sonrió.- Dame la mano.
Le dí la mano a mi padre, levantándome de la cama. Entonces me acordé de algo. Solté la mano de mi padre, abrí la mesilla lo cogí. Ya podía irme.
Pero pasó algo que me hizo sentirme triste. Hay se levantó de la cama y empezó a zarandearme, pero... No era yo. Era mi... cuerpo, pero yo estaba siguiendo a mi padre. Hay me llamaba y yo, aunque quisiera contestarle... No me podía oir.
Me limité a decirle adiós y a seguir mi camino.

* * *

Ya estaba donde tenía que estar. Encontré a Mags (pero mucho más joven) y me llevó a a ver a los demás. Me dijo que me fijara en mí. Me dió un espejo y descubrí que era como si hubiera vuelto a los dieciséis años, la edad en la que fui a los juegos con Katniss. Y allí estaba, de espaldas. Ignoré a Mags y fui corriendo hacia ella.
-Katniss.- hasta mi voz era la de entonces. Katniss se dió la vuelta y me miró como si fuese un espejismo.
-Peeta...- corrió a abrazarme y nos besamos, por primera vez en mucho tiempo.- No pensaba que... Ibas a venir justo hoy.
-Felicidades.- le dije, aliviado.
-He estado en la fiesta...- susurró sonriendo.
-Entonces tengo que darte una cosa.- cogí el dibujo que me había guardado en el bolsillo.- Toma. Es el regalo de Haymitch. Nuestro nieto.
Katniss lo cogió entre las manos y se secó las lágrimas. Luego me abrazó.
-El mejor regalo ha sido volver a verte.- me dijo.
-¿Ah sí?- le pregunté riendo.
-Real.

+Caps -- Los Juegos Del Hambre ~Desde El Otro Lado~ ||CANCELADO||Where stories live. Discover now