En el mismo lugar

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Cuando desperté mi hermano Ametz seguía allí despierto, de la misma postura en la cual le dejé la noche antes cuando me dormí.

-¿Te has pasado la noche en vela?- Le pregunté asombrada de que así fuera.

-¿Estás bien? ¿Cómo has dormido?- Me preguntó él con tono de preocupación e ignorando mi pregunta.

-Estoy bien, pero tú no me has respondido- Le miré muy seria, mientras que con mi firme mirada le exigía la respuesta.

-No quería dejarte sola, tenía miedo de que si me dormía te podía poner a merced de cualquier peligro.- Su mirada sucumbió a la mía y él la agachó.

-Gracias, de verdad, pero no quiero esto, si siempre va a ser así preferiría que pudieras dormir todas las noches, que pudieras vivir tranquilo, y empezar a hacer un poco tu vida, desde que te conozco hace 16 años no te he visto jugar con ningún amigo o salir con alguna chica, siempre te has preocupado por mí, y te lo agradezco, pero no quiero consumir tu vida.

Mi voz se empezaba a quebrar con cada frase que pronunciaba, ver a mi hermano cuidando de mí todo el tiempo sacrificando así su propia vida me rompía el alma y se lo había estado permitiendo todo este tiempo, sin darme cuenta había anclado a mi hermano a mi sufrimiento. No lo podía seguir permitiendo.

Ametz arrugó la frente a causa de fruncir el ceño, parecía que no entendía lo que le decía y se le veía realmente molesto.

-¿Por qué me dices esto? Soy tu hermano mayor, y quiero asegurarme de que estés siempre a salvo, si algún día te ocurriese algo yo... - Vi a mi hermano apretar el puño con fuerza, como si estuviera acumulando toda su presión para después soltarla de golpe. Su rostro se endureció y él centró su mirada en un punto fijo del suelo, entonces volvió a hablar con voz ronca, con una voz quebrada cómo si estuviera a punto de llorar- Si te ocurriese algo yo, jamás me lo perdonaría...

En ese momento el mundo se me vino encima, nunca había visto a mi hermano tan serio, tan hundido, tan frágil. Él que siempre había sido el que me hacía sonreír, el que me daba motivos para seguir, él que era fuerza y alegría, mi punto de apoyo y ahora estaba destruido.

Tenía que hacer algo, no podía permitir que Ametz estuviera así, debía cambiar las tornas y ser yo quien ahora fuese su apoyo y su fuerza.

-¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta?- Le propuse, pensando que así lo animaría.

-Como quieras...- Su voz parecía haberse consumido, al igual que su mirada, sus expresiones o todo lo que tuviera que ver con él, estaba claro que lo que le había dicho le había dolido.

Salimos de casa sin decir nada, caminábamos despacio y nos dejábamos guiar por nuestros pasos, así que no sabíamos muy bien a dónde ir, de vez en cuando lo miraba de reojo y me entristecía saber que yo era la causante de su tristeza, fue entonces cuando comprendí por lo que él había estado pasando todo este tiempo, ahora yo sentía el dolor de ver mal a mi hermano, el mismo dolor que él había estado sufriendo por mí.

-¿Por qué aquí?- Su voz rompió mis pensamientos y mirándolo extrañada me di cuenta de lo que quería decir con esa pregunta.

Sin querer mis pasos me habían conducido al mismo lugar de siempre, y la tristeza parecía florar de nuevo en mi corazón, pero solo lo parecía, Ametz tomó mi mano y eso me dio fuerzas para controlar mis sentimientos.

-Zoe... Podemos irnos si quieres- Él sabía que me hacía daño ese lugar, pero no quería seguir hiriendo a mi hermano con ese tema, comprendí que él también estaba sufriendo por mí, entendí que a él le dolía tanto como a mí todo esto y ya iba siendo hora de enfrentarme a mi pasado, de borrar la tristeza y de agradecer con acciones lo que mi hermano había hecho por mí.

-No, no quiero irme, quiero...- Volví a pensarme la frase que quería pronunciar, quería estar segura de hacer lo correcto-Quiero entrar en el bosque, quiero ver el lago.- Mi voz temblaba, pero intentaba disimularlo poniendo una entonación clara y segura, aunque, ¿a quién pretendía engañar? Mi hermano me conocía demasiado bien.

-¿Estás segura de lo que acabas de decir?- Me miró sorprendido.

-Sí, supongo que sí.- Le agarré fuerte su mano y empecé a caminar y él también lo hizo tras de mí.

Mundos paralelosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora