Desilusión

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Tal como Aliccie imaginó, el viaje en tren se hizo corto y muy divertido.

Las amigas de Dora, quien prefería que la llamaran simplemente Tonks, que era el apellido de su padre, le contaron anécdotas muy interesantes con respecto a su hermana. 

Cynthia había sido apreciada por los profesores y muy querida por sus compañeros de casa y por muchos estudiantes más. Incluso llevaba una relación de amistad con algunas chicas de Slytherin. Lo que resultaba sorprendente, porque los chicos de aquella casa eran muy elitistas y no se daban con nadie que no fuera como ellos, es decir magos de sangre pura. No había tenido enemigos porque incluso los chicos de Slytherin preferían ignorarla antes que iniciar una discusión con ella, porque siempre tenía la última palabra.

Tonks y sus amigas pertenecían a Hufflepuff y siempre que debían compartir una clase con los de Slytherin, surgían discusiones, y hasta alguno terminaba encerrado en el baño, llorando.

Eran muy crueles y nadie les ponía freno.

Para colmo, con el profesor Snape, convertido en el jefe de esa casa, habían aumentado su cuota de abuso para con todos los demás. Pero desde que Cynthia se había metido a defender a Tonks, a quien los de Slytherin molestaban, porque su madre, que había pertenecido a una de las familias de magos más influyentes, se había casado con un hijo de muggles, habían parado los abusos.

La chica tenía carácter e inspiraba respeto. Desde que había dado cuenta de algunos mocosos que se burlaban de su acento extranjero en el primer año, nadie se burlaba de ella y preferían no tenerla como enemiga.


Finalmente el viaje concluyó y comenzaron a bajar del tren.

Tonks y sus amigas se despidieron de Aliccie, quien debía tomar un bote para llegar a Hogwarts, mientras que aquellas lo harían en un carruaje.

 Eso no le gustó para nada. Ahora se encontraba sola en el embarcadero del pueblo, rodeada de niños que conversaban entre ellos y que parecían conocerse de toda la vida. En realidad se habían encontrado por primera vez en el tren y habían tenido tiempo de charlar y de conocerse durante el viaje.

Se arrepintió entonces de haber preferido quedarse con las chicas de Hufflepuff. Ahora estaba allí, sin un solo conocido, mientras Hagrid, el guardabosque de Hogwarts, los llamaba para que fueran acomodándose en los botecitos.

Afortunadamente no era la única en la misma situación.

Una niña de piel morena, y otra más, a quien Aliccie no podía verle la cara, esperaban su turno para abordar la embarcación. La primera de ellas, adivinando que Aliccie estaba sola, la llamó para que hicieran el recorrido juntas y le anunció a la otra chica que serían tres en el bote.

Por suerte el equipaje no viajaba con ellas. De ser así, el bote se habría hundido. 

Aliccie tenía un nudo en el estómago. El movimiento del bote le provocaba nauseas, pero disimuló.

—No te vi en el tren—le dijo la niña morena, que parecía la más comunicativa de las dos—¿Dónde estabas?

—Yo la vi cuando entraba al vagón de los prefectos— indicó la otra—. Pero después desapareció.

Aparentemente se encontraba frente a dos chismosas, el tipo de gente que Aliccie detestaba. De modo que no respondió a la pregunta.

—¿A qué casa quieres entrar?—insistió la morena, que tenía el cabello castaño oscuro y los ojos de un color indefinido, posiblemente a causa de la escasa luz del lugar—. Yo quiero ir a Gryffindor, como mi papá.

Siete Años en Hogwarts.Where stories live. Discover now