Capítulo uno

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Capítulo uno: Barrio Sesamo

Dejé que el idiota que parecía ser el líder me guiara por el inmenso pasillo.  La segunda planta contaba con ni más ni menos que ocho habitaciones.

El idiota número tres abrió una de las puertas e hizo una reverencia.

—Su nueva habitación, princesa.

Observé el enorme dormitorio que tenía frente a mí. Era grande, muy grande, pero solo contaba con una alfombra circular en el centro.

—No hay cama.

Los chicos rieron a coro, y el idiota número uno volvió a hablar.

—Aquí vivimos todo el equipo de fútbol, natación y tenis. ¿Crees que nos sobra espacio, pequeña saltamontes?

Dos chicos entraron y bajaron las puertas de los armarios, eran camas plegables. Muy listos.

No tardé más que un par de segundos en darme cuenta de lo que aquello significaba.

—Un momento. Aquí hay cuatro armarios.

Me sentí estúpida al decir aquello, pero era mejor que me quitara las dudas desde un principio.

—Oh, si sabe contar.

El comentario lo hizo el idiota numero dos, un moreno alto, de ojos negros que parecía querer matarme con la mirada.

—Aquí duermen también Tyler, Seth y Zack.

Los miré con cara de póker. Pero si...

—¡Yo soy una chica!

Todos volvieron a reír.

—Querida saltamontes, no tienes nada que no hayamos visto ya. Se podría decir incluso que estás algo deteriorada.

Lo miré sin dar crédito. ¿A que se refería el muy idiota con deteriorada?

—Bien, pero como alguno me toque un solo pelo se va.

Todos asintieron aburridos y me dejaron a solas para que organizara mis cosas.

(...)

Si me lo hubieran dicho antes no lo habría creído. En el cuarto que iba a compartir con tres chicos tenía más espacio que en la minúscula habitación donde estaba metida anteriormente.

Terminé de guardar mis cosas en el armario y me eché sobre la cama a leer. Lolita. Nunca me había llamado la atención el libro, pero me lo habían recomendado tantas veces que la curiosidad había podido conmigo.

—No sabía que te iba lo depravado, pequeña saltamontes.

El idiota número uno se tiró en plancha a mi lado. Mi cara se tornó roja. El libro ciertamente no dejaba mucho a la imaginación. La mayoría de personas lo habían leído, o al menos sabían de su argumento.

—¡Es solo con fines literarios!

El chico del cual aún no sabía su nombre, arrancó el libro de mis manos y le echó una ojeada rápida.

—Para mi gusto, La Divina Comedia o Ulises superan con creces a Nabokov.

Lo miré atónita.

—¿Acaso tu...?

El chico soltó una risa carente de humor.

—Sí, leo. Al igual que muchos de mis compañeros. No somos unos musculitos sin cerebro como quieres hacerte creer.

Me devolvió mi libro y me miró con fijeza. Algo le llamaba la atención de mí, podía verlo.

—Por si aún no te has dado cuenta, saltamontes. Somos universitarios. Se nos dan bien los deportes, pero no basta con eso para mantener una beca.

"Compañeros de piso"Where stories live. Discover now