Capítulo 11. ¿Misión Imposible?

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N/A: ¡Sorpresa! Sé que no se lo esperaban, nosotras tampoco honestamente, pero las ideas fluyeron y pudimos terminar el capítulo con rapidez, como hace mucho no lo hacíamos.

Pero bueno, merecemos muchos votos y comentarios por esto ¡eh! Así que no sean malos y voten y comenten ¡es gratis!

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Bueno, ya, demasiada habladuría, ¡esperamos que les guste el capítulo!

Besos :*

***

Froto de nuevo mis manos para hacerlas entrar en calor mientras el aire fresco golpea en mi rostro despeinando mi cabello, el cual se encuentra desparramado por toda mi cara.

Quito con desesperación un mechón de cabello que me tapa la vista, para después volver a cruzar ambos brazos a la altura de mi pecho.

Camino por las desiertas calles mientras observo como el cielo va pasando de tonos anaranjados, a rojos y morados, lo cual significa que está anocheciendo.

— ¡Sky! —escucho a lo lejos la irreconocible voz de Charlotte y Danna.

Giro mi cabeza en varias direcciones hasta lograr ver a 4 personas vestidas de negro caminar hacia mí.

— ¿Qué hacen vestidas así? —cuestiono observando con rareza sus atuendos; las cuatro están vestidas totalmente de negro, con un gorro en la cabeza del mismo color y dos líneas de pintura negra en sus pómulos.

—Se llama camuflaje, india —responde Dylan con obviedad.

— ¿Y tú porque no estas vestida como te ordené? —indaga Astrid con autoridad.

—Lo siento, fue lo más obscuro que encontré en mi guarda ropa —contesto observando mi atuendo, que consiste en un suéter gris con un corazón negro en el pecho, un pantalón negro, unas vans grises y un gorro rosa junto a unas pulseras del mismo tono para darle color a mi vestimenta.

—Agh, ya que... —gruñe con fastidio.

—Bueno, ahora lo importante, ¿Qué casa es Astrid? —pregunta Dylan acomodándose su gorro color negro.

—666.

— ¿Y dónde es? —cuestiono al momento que comenzamos a caminar.

—Ni puta idea, hay que buscarla —declara para después comenzar a caminar con más rapidez.

Durante 10 minutos nos la pasamos dando vueltas por todo el fraccionamiento hasta que logramos encontrarla.

Nos detenemos frente a la gran casa mientras el viento sopla con fuerza las hojas desparramadas en la calle, dándole un toque más tétrico al asunto.

Observo con detenimiento todo lo posible de la casa, pero los rayos del sol se han ocultado casi por completo dejando las calles a oscuras, por lo que me es imposible poder localizar alguna entrada o por lo menos saber si hay personas adentro.

—Ok, ¿tenemos a llave? —pregunta Dylan sacándome de mis pensamientos sobre si fue una buena idea venir a este lugar.

—No —responde Astrid ganándose una mirada de reprimenda por parte de todas—, pero traigo un pasador.

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