Capítulo 29 - ... Otra vez [Parte 2]

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Capítulo 29: otra vez [Parte II]

Mientras estaban de camino, Lynn le informó que la empresa a la que solicitó las mesas y demás ya había hecho una parte del trabajo. Ellas aun tenían que llevar unas cuantas decoraciones por lo que ahora llevaba una enorme cesta con globos que decían los nombres de los gemelos.

―Lleva eso adentro ―la instó Lynn, señalando lo que llevaba en sus manos―. Claire va a ayudarme con la caja de los centro de mesas.

―En serio, Lynn. Eso es un bautizo no una boda ―se quejó a través del peso y los globos cubriendo su visión.

―Son mis hijos y son gemelos, esto es jodidamente épico ―afirmó con determinación así que no discutió―. Ahora, ve a llevar eso.

Si mi capitana ―hubiera salido mejor si hubiese podido hacer el saludo militar pero aquello era algo que jamás saldría manejando semejante cosa en sus manos.

Se giró, caminado hacia las puertas ya abiertas del salón donde definitivamente ya casi estaba todo listo. Las paredes, las mesas, ¡hasta había un escenario! Lynn había perdido la razón.

Trató de no distraerse demasiado mientras decidía donde poner la cesta. Supuso que iría en la mesa central junto donde estaría el pastel que traerían al momento de la celebración así que se encaminó hasta ahí.

Dejó escapar un pequeño suspiro y pasó el dorso de su mano para secar las gotas de sudor que se habían escapado por su frente. Dio un paso atrás para observar que el arreglo estuviese en el centro, sus manos en jarras de forma pensativa.

―No siempre hay que buscar la perfección, Ashley ―dijo una voz detrás de ella que la hizo sobresaltarse.

No esperaba que nadie más estuviera ahí hasta que Lynn apareciera con Claire llevando la caja que quedaba en el auto; pero lo que realmente no esperaba era al dueño de aquella voz ronca que la había hecho congelarse en su lugar. Su corazón latió a un ritmo errático y el sudor se acumuló en las palmas de sus manos.

No se suponía que lo vería hasta mañana, cuando estuviese segura mezclándose entre las personas y con suerte fuese libre de solo tener que verlo cuando ambos tuvieran que cargar a Steven mientras el padre daba su bendición.

―Algunas cosas deben hacerse como se su pone que deben ser ―respondió ella de vuelta, sabiendo que ninguno de los dos estaba hablando del arreglo.

Pero ni siquiera pudo girarse a darle la cara. No lo había visto en mucho tiempo y, por alguna razón, tenía miedo de lo que contraría en sus ojos si lo hacía. ¿Estaría feliz? ¿Aliviado? No podría soportar ninguna de esas así que simplemente prefería no saber. Aunque tenía que admitir que su propia imaginación la estaba matando.

―Y algunas cosas solo suceden ―esta vez su voz salió en un susurro porque ahora podía sentir su calor a través de su espalda. Su respiración golpeaba la piel de su nuca debido a que su cabello estaba recogido en una cola lo cual hizo que no pudiera ocultar la reacción que le provocó.

No respondió. No sabía cómo hacerlo. No sabía cómo debía reaccionar después de tanto tiempo sin hablar con él. ¿Sonar casual? No creía que pudiera lograrlo, ¿sonar desesperada? Oh, eso seguro, pero no podía dejárselo saber tampoco.

―Ashley, mírame ―pidió con un tono que se debatía entre demanda y suplica así que ella no tuvo oportunidad.

Se giró, sabiendo que incluso para salir corriendo de allí tendría que mirarlo. Lo único fue que sus piernas no hicieron absolutamente nada cuando él estuvo frente a ella, a escasos centímetros de su rostro. Un golpe directo al pecho después de tantas semanas.

Desde el principio... Otra vez ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora