Destino

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Aquella noche fue simplemente encantadora. Sophie soñó con Sebástian. Aquel sueño parecía

tan real, tan sencillo, pero a su vez tan perfecto. Estaba ella recostada sobre el pasto, acurrucada

sobre el pecho de Sebástian, ambos mirando las estrellas, sin decir alguna palabra, solo ahí

tirados, observando la inmensidad del cielo y cómo cambiaba de diferentes colores, todos en

tonalidades azules. Aquello era tranquilizador, hasta que un sonido comenzaba a molestar

el oído de la jove. Se escuchaba como un zumbido que, conforme pasaran los segundos, iba

incrementando el volumen, hasta que el zumbido fue tan fuerte que la joven se tuvo que tapar

con las manos las orejas. Apretaba los ojos, deseando que aquel infernal sonido cesara, pero no

era así. La desesperación la comenzó a invadir y se removía en la cama, ahogando uno que otro

grito de frustración.

Sebástian se incorporó de un salto en la cama e inmediatamente se giró a observar a Sophie,

preocupado. Le quitó las manos de la cara a la joven, pero ella solo gritó y se volvió a tapar.

—¿Qué ocurre? —preguntó asustado al ver a la joven rubia quejarse en la cama.

Sophie solo soltó un pequeño grito más y se incorporó de un salto en la cama, quedando sentada,

con sus celestes ojos llenos de lágrimas.

—¡Sophie! —exclamó Sebástian, realmente preocupado.

Ella no lo volteó a ver, solo posó una de sus manos en su pecho, mientras respiraba

entrecortadamente.

—Estoy bien —dijo después de un rato, en un susurro difícil de entender por su falta de aire.

—¿Qué ocurrió? —preguntó, mientras la abrazaba protectoramente, intentando calmarla.

—Un mal sueño, supongo —respondió, confundida.

—No parecía un mal sueño, parecía como si te estuviesen torturando —inquirió Sebástian,

mientras arqueaba una ceja incrédulo.

—No sé, simplemente un ruido me molestaba —respondió la joven en un tono molesto, como si

aquella conversación la estuviese molestando.

—¿Segura que estás bien? —preguntó, dudoso.

Sophie no contestó, solo lo miró brevemente, intentando darle entender que todo estaba bien, a

pesar de que se sentía algo incomoda.

Era una mañana nublada y fresca. El pequeño pueblo estaba completamente vacío, a pesar de ser

alrededor de las once y media de la mañana. Aquello parecía estar abandonado y, un escalofrió

los invadió. Todo estaba tan callado, tan estático, que el mismo silencio, aparte de volverse

incómodo, se hacía tenebroso. —Tal vez es el clima —dijo Sophie, frotándose los brazos para sentir un poco de calor.

—No lo sé, Soph. Se siente un ambiente algo pesado y sobrio —dijo muy serio, mientras se

acercaba a la rubia chica para abrazarla.

—¿Qué crees que esté sucediendo? —preguntó, mientras recibía con una corta sonrisa el abrazo

Diario de un secretoWhere stories live. Discover now