Cap. 6: Pregunta.(EDITADO)

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Dos días después de haber visitado a la señorita Alejandra mientras la cuidaba debido a su resfriado, y que mis padres me hicieran un juicio por no haber llegado a la casa esa noche, del cual, salí inocente debido a que les dije que me quedé durmiendo en casa de Luis haciendo un trabajo que los profesores mandaron para el otro día y no pude comunicarme con ellos... había llegado el momento de quitarme el yeso, el cual, en ningún momento desde que me lo pusieron, lamentaba el hecho de llevarlo. Después de todo, gracias a él, conocí a la señorita Alejandra y nos hicimos cercanos.

Me paré más temprano de lo usual para poder pasar por la clínica para quitarme el yeso, y así no perder clases en el liceo. Cuando llegue a la clínica, justamente me encontré con la enfermera que me atendió cuando me desmaye.

—Hola chico, ¿Qué haces por aquí?— muy alegremente

—Vine a quitarme el yeso

— ¡Ah!, bueno, ven, yo te lo quito—señalando una habitación

Entramos al cuarto y la enfermera buscó agua y unas tijeras. Mojó el yeso con el agua, esperó un momento para que se ablandara, y luego corto el yeso por la mitad. Fue algo muy sencillo, algó que pude yo mismo hacer en mi casa sin necesidad de ir hasta la clínica. Al liberarme del yeso, sentía mi brazo derecho un tanto inútil, no tenía fuerza, y existía un límite bastante pequeño hasta donde podía llegar. Pero lo importante era lo que me venía junto con quitarme el yeso. Desde ese momento era el sirviente de la señorita Alejandra.

—¿Cómo se siente?, raro, ¿verdad?

—Si— conteste moviendo el brazo

—Bueno, ahora solo tienes que hacer terapia, la puedes hacer en tu casa, agarras una pelota y te pones a apretarla. También tienes que ponerte a escribir

— ¡Entendido! muchas gracias— hice una pequeña inclinación

— ¡De nada chico!

Me retiré de la clínica y tomé rumbo al liceo. No quedaba muy lejos, y podía llegar en tan solo diez minutos caminando, y como tenía la excusa de que me estaba quitando el yeso, no importaba si llegaba un poco tarde a clases.

Llegué al salón, toqué la puerta, y el que siempre hace de portero la abrió. Entré y todos en el salón de inmediato se dieron cuenta que no traía el yeso, pero para mi sorpresa, no hicieron un escándalo, ni me molestaron, al parecer la madurez estaba llegando a su ser. El profesor me vio y me mando a sentar.

—Miguel, siéntate, tengo algo importante que decir

Me senté en mi puesto, y al lado estaba la señorita Alejandra, la cual no me quitaba la mirada de encima desde que abrieron la puerta. Estaba contenta como de costumbre. Me recibió agitando la mano y con un muy inesperado beso al aire. Lo tomé ya como normal debido a que ya en dos ocasiones la señorita Alejandra me había dado dos besos en la mejilla, pero aun así, no dejaba de ser un poco rara esa situación.

—¡Atención clase!— Gritó el profesor golpeando su escritorio— mañana es la entrega de boletines, sus representantes tienen que venir a retirarlos a las nueve de la mañana, sino, no se les dejara entrar a clase, ¿entendieron?

— ¡SIIIIIIIIII!—respondieron la mayoría de la clase

La señorita Alejandra se volteó y colocó un papelito en mi pupitre, y luego se volvió a colocar como estaba. Intrigado por saber lo que decía, lo abrí muy lentamente para mantener el suspenso. Dicho papel decía:

"Miguel, ¿listo para ser mi sirviente?, espero que no te arrepientas ahora. Te ayudaré hasta hoy, así que a partir de mañana comienza la segunda parte de nuestro contrato. Te seré sincera, lo he esperado con muchas ansias. Una última cosa, fue un placer ser tu mano derecha todo este mes <3"

Cuando te topas con tu destino (EDITADO)Where stories live. Discover now