Prologo 🦋

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Hay familias que se construyen con amor.

Y hay familias que se construyen con apellidos, dinero y obligaciones.

La familia Kim pertenecía a la segunda clase.

Durante generaciones habían construido un imperio que parecía imposible de derrumbar, una empresa que había pasado de padre a hijo y que algún día llegaría a manos de Kim Namjoon.

Pero había una condición.

Namjoon tendría que formar una familia.

Tendría que tener un heredero.

Y para conseguirlo, tendría que casarse.

Así fue como Kim Namjoon terminó casado con Kim Seokjin.

Dos personas que apenas se conocían.

Dos personas que nunca habían elegido estar juntas.

Y dos personas que, desde el primer día, entendieron que aquel matrimonio no había nacido del amor.

-Necesitamos un heredero -había dicho el padre de Namjoon durante la primera cena familiar-. No es una petición.

Seokjin había permanecido en silencio.

Sus manos estaban escondidas debajo de la mesa, apretando con fuerza la tela de su pantalón para impedir que alguien notara cuánto temblaban.

Namjoon lo había mirado de reojo.

-Ya escuchaste -había dicho su padre-. El futuro de la familia depende de ustedes.

Seokjin levantó lentamente la mirada.

-No puedo.

El silencio que siguió fue insoportable.

-¿Qué dijiste?

-Dije que no puedo.

Namjoon cerró los ojos durante unos segundos.

Aquella conversación apenas llevaba unos minutos y ya podía sentir que todo iba a convertirse en un problema.

Su padre golpeó la mesa.

-Entonces tendrás que aprender.

Seokjin se estremeció.

Namjoon lo vio.

Pero no dijo nada.

Todavía no sabía por qué aquellas palabras parecían haberlo destruido por dentro.

Aquella noche, cuando finalmente estuvieron solos en la habitación que compartirían como esposos, Seokjin fue quien habló primero.

-No quiero que me toques.

Namjoon lo observó durante unos segundos.

-No pensaba hacerlo.

-Nunca.

-Está bien.

Seokjin pareció sorprendido.

-¿Está bien?

Namjoon asintió.

-Si no querés que te toque, no voy a hacerlo.

Fue la primera decisión que tomaron juntos.

Y, aunque ninguno de los dos lo sabía todavía, también sería el comienzo de algo que cambiaría sus vidas.

Pasaron las semanas.

Namjoon se volvió cada vez más distante.

Seokjin permanecía la mayor parte del tiempo encerrado en aquella habitación, evitando las reuniones familiares y cualquier conversación relacionada con el heredero.

Cada vez que alguien mencionaba la posibilidad de un hijo, su respiración cambiaba.

Sus manos temblaban.

Su rostro perdía color.

Y algunas noches despertaba llorando sin saber siquiera cómo había terminado sentado en el suelo.

Pero nunca decía nada.

Nunca explicaba por qué.

Namjoon tampoco preguntaba.

Al menos al principio.

Porque él también estaba cansado.

Cansado de escuchar a su familia hablar de hijos.

Cansado de que su padre le recordara todos los días que podía perder la herencia.

Cansado de mirar a Seokjin y no entender qué había detrás de aquella mirada llena de miedo.

Hasta que una noche todo cambió.

Una noche en la que Namjoon intentó acercarse.

Una noche en la que Seokjin dejó de ver a su esposo y volvió a ver el pasado.

Y fue entonces cuando Namjoon comprendió que había algo que nadie le había contado.

Algo que Seokjin llevaba años escondiendo.

Algo que explicaba por qué la palabra familia podía provocar más miedo que felicidad.

Y mientras Seokjin luchaba contra recuerdos que todavía lo perseguían, ninguno de los dos podía imaginar que, meses después, un pequeño bebé aparecería en sus vidas.

Un bebé que no llevaría su sangre.

Un bebé que no había sido parte del plan.

Un bebé que la familia Kim jamás habría considerado un heredero.

Pero que terminaría enseñándoles a ambos qué significaba realmente la palabra familia.

Porque algunas veces la vida no te da la familia que esperabas.

Te da la familia que necesitabas.

Casados 🦋Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora