Las hojas caían danzando en la ciudad, no con la prisa del viento, sino con la paciencia de quien sabe que en ese bello movimiento encuentra la paz. El clima húmedo palpaba la faz de las personas como un paño tibio pretendiendo calmar el bullicio de los alrededores. Pero ese tipo de ambiente era el favorito de Pharinyakorn Khansawa. Para Yim - como todos lo llamaban- sentir el aire cargado de lluvia reciente en todo el rostro, recordándole en cada respiro que estaba vivo, aquello era el único antídoto contra el agotamiento. Y en ese momento lo necesitaba más que nunca.
Porque Yim juraba haber programado la alarma a las 7 Am, pero el destino -un completo bromista sin gracia- había decidido lo contrario. Por ello ahora se encontraba corriendo por los pasillos de la universidad con destino a su clase como si no hubiera un mañana, con el cabello castaño pegándose a su frente en ondas rebeldes, los pulmones ardiendo por el sobreesfuerzo y su único objetivo: no llegar tarde a su primera clase de tercer año.
A sus veinte años, Yim era un omega de belleza desbordante. Piel blanca -casi irreal debido al clima tropical de Tailandia-, ojos redondos y marrones que parecían mirar a través del alma de las personas y labios gruesos que más de un alfa había deseado besar. Pero Yim, aunque amable, jamás había aceptado una cita. Los alfas los miraban subestimando sus capacidades y encasillando en el estereotipo de un omega tradicional que "sirve" para tener hijos y empleado doméstico de tiempo completo, y él no había nacido para encajar en ese molde impuesto por la sociedad.
Yim en cambio nació para crear.
Desde que era cachorro y hacía garabatos en las paredes de su dormitorio, sus padres habían visto en sus manos el don de convertir su imaginación en arte. Con todo su amor y apoyo, lo alentaron a desarrollar este talento, hasta el día del accidente, el cual se los arrebató cuando él tenía apenas catorce años. Desde entonces, aprendió a sostenerse solo de manera económica en trabajos de medio tiempo, e intentando mantenerse firme, a pesar de que en la soledad aquella sensación de pérdida pesara aún más. Pero no estuvo del todo solo.
– ¡Yim! ¡Apresurate, la profesora ya llegó! —La voz provenía desde la entrada del salón de yim al fondo del pasillo, y él levantó la mirada para encontrarse con James—
Supamongkon Wongwisut o James; era el hijo mayor de la familia que había sido su refugio tras la tragedia. James era Beta, más alto que Yim, de tez blanca y carácter difícil, pero con una ternura que solo demostraba hacia yim. Se conocían desde antes de nacer, unidos por la amistad de sus padres, y ahora, años después, seguían siendo inseparables, y era a quien yim acudía cada vez que el mundo se volvía demasiado pesado.
Y hoy no era la excepción. Yim lo había llamado casi rogándole que se escabullera a su clase y distrajera a la profesora el tiempo suficiente para que él pudiese llegar a tiempo. El rubio había logrado ganar unos minutos, pero la profesora Plaifah era impecable y estricta, ya haberla hecho donar cinco minutos de su tiempo de clases había sido un logro, un fenómeno que debía escribirse en los libros de la historia de Tailandia, pues la responsabilidad para ella era lo más importante.
Plaifah anunció entonces —cortando la conversación con James- que la clase comenzaría, así que debía cerrar la puerta. Yim aceleró el paso, los pies deslizándose sobre el suelo húmedo sin temor a tropezarse y alcanzó el marco de la puerta justo en el momento en que la profesora tomaba el picaporte—
– Justo a tiempo señor Khansawa- dijo la pelinegra con una sonrisa de complicidad-
– Mu-muchas gracias pro-fe-sora plai-fah —respondió él con dificultad e intentando recuperar el aliento. Luego, se giró hacia James y susurró— Te debo una..
Y se perdió dentro del aula, dejando tras de sí el eco de sus pasos apresurados y la promesa de que aquel día, aunque había tenido un mal comienzo, tal vez... solo tal vez guardaba un buen por venir.
Nii ✨✨
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Entre trazos y cartas
FanfictionYim es un omega que ama el arte y las flores. Y Tutor es un alfa dispuesto a enamorarlo a través de sus cartas. Gracias a un encuentro que ninguno de los dos esperaba, aprendiendo en el transcurso que existen amores que se construyen, como también a...
