EL PRECIO DEL CAOS

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El vacío no tenía eco, pero dolía.

Wanda Maximoff no había muerto bajo las piedras de Wundagore. El derrumbe del templo oscuro la arrojó a una grieta liminal, un rincón estéril fuera del tiempo donde se impuso el exilio para pagar por cada vida rota en su delirio. Llevaba una eternidad allí sentada, con las yemas de sus dedos manchadas de una ceniza negra que nunca terminaba de borrarse.

Pero el silencio de su prisión se quebró.

No fue un ruido, sino una sacudida en el alma. Como Ser Nexo, Wanda sintió el instante exacto en que la Tierra-616 dejó de respirar. Millones de hilos de vida cortados de golpe por una fuerza que devoraba líneas temporales enteras.

En medio de esa penumbra, dos figuras se materializaron frente a ella.

Una túnica azul oscura enmarcada por ojos colosales y calvos: Uatu, el Vigilante. A su lado, envuelto en sombras y demonios encadenados que formaban una capa espectral, el Doctor Strange Supremo, el hechicero que en su propia realidad lo había sacrificado todo por amor hasta quedarse solo en la nada.

—Tu universo ha muerto, Wanda —dijo Strange Supremo. Su voz arrastraba el peso de siglos de penitencia—. Una variante de Kang ascendió con el poder del Beyonder. Ha consumido tu hogar y creado un imperio sobre sus cenizas.

—¿Por qué me buscan a mí? —susurró Wanda, con la voz rota, encogiéndose sobre sí misma—. Miren mis manos. Todo lo que toco arde.

—Porque el monstruo calcula la física, el tiempo y la probabilidad —respondió Uatu, con una gravedad cósmica que hizo temblar el plano—. Pero no puede predecir el Caos.

Strange Supremo dio un paso al frente. Sus manos conjuraron un fuego prohibido, alimentado por las bestias arcanas que habitaban en su pecho.

—El Arca de algunos sobrevivientes escapó con los últimos que quedan —dijo el hechicero oscuro, comenzando a brillar con una intensidad cegadora—. Rompieron el tejido del espacio hacia una creación que Kang no conoce. Pero la puerta está cerrada para ti... a menos que yo la fuerce.

—Te destruirás si usas esa cantidad de poder —advirtió Wanda, abriendo los ojos con espanto.

Strange Supremo sonrió con amargura.

—Ya destruí mi mundo una vez por egoísmo. Déjame quemarme hoy para que alguien más tenga un mañana. Ve, Wanda. Sé lo que él jamás podrá calcular.

El hechicero desató su esencia. La luz devoró el plano liminal en una explosión ensordecedora, empujando a Wanda hacia las corrientes infinitas del vacío exterior.

A millones de años luz de allí, el Arca cruzaba la membrana de la realidad.

El titánico transporte diseñado por Reed Richards no resistió la presión de penetrar un cosmos ajeno. Con un crujido metálico que sacudió la atmósfera superior, la nave se partió en dos:

El módulo secundario, donde viajaban los Thunderbolts, cayó envuelto en llamas hacia las aguas del Mediterráneo, atravesando la barrera mística de una isla oculta: Themyscira.

El módulo principal quedó a la deriva en la órbita de una Tierra intacta, perdiendo sustentación y amenazando con estrellarse.

Dentro de la cabina destrozada, Thor, Sam Wilson y Peter Parker se prepararon para el impacto. Pero al alzar la vista por el ventanal roto, no vieron fuego ni satélites.

Una figura con capa roja y una "S" en el pecho flotaba inmóvil frente a ellos, escoltada por la nave insignia de la Liga de la Justicia.

El cruce de dos mundos acababa de comenzar.

CRISIS EN EL VACÍO: EL ÚLTIMO REFUGIOGeschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt