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Esta historia incluye:
⚠️) Romance oscuro
⚠️) NSFW
⚠️) Norteñismo
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Tres hermanos viv...
- ¡Me vas a hacer llegar tarde a la facultad, solo damela y listo!
Hola, soy Hyunjin, y esta es mi historia. Nah mentira.
Felix estaba parado en el medio del pasillo con los brazos cruzados y esa cara de orto que ponía cada vez que se hacía el inocente. Yo tenía una toalla en una mano y la otra apoyada en el marco de la puerta de mi pieza, todavía en pijama, con el pelo hecho un desastre.
- Te la presté ayer -insistí, bajando un poco la voz porque no quería que Chan se metiera-. Me la pediste, te la di, y ahora no aparece. ¿Dónde carajo está?
- En tu placard, boludo. Buscá mejor.
- Busqué. No está.
Felix se encogió de hombros, como si el tema le importara una mierda, y se rio por lo bajo.
- Qué llorón que sos a la mañana. Agarrá otra y listo. No es el fin del mundo.
Apreté la mandíbula. Tenía ganas de decirle un par de cosas más, pero miré el reloj de la cocina y chiqué la lengua.
- Ya fue. Elijo otra. Andate bien a cagar, Felix.
- ¡Hyunjin, la boca!- Grito Chan al escucharme. Felix se rio de mi al ver que fui regañado.
Le levanté el dedo del medio mientras me metía de nuevo en mi pieza. Él me respondió exactamente igual, con una sonrisa de lado, antes de desaparecer hacia la cocina.
Cerré la puerta con el pie y me quedé un segundo mirando el desastre de mi cama. Agarré la primera remera limpia que encontré, me la puse y me peiné con los dedos lo mejor que pude. No me despedí de él. Tampoco tenía ganas. A veces se creía superior solo porque estaba en el último año de la secundaria, como si eso le diera algún tipo de derecho a ser un forro.
Salí de la casa sin hacer ruido. La mañana estaba fría y el aire me pegó de lleno en la cara. Empecé a caminar hacia lo de Minho. Todos los días íbamos juntos a la facultad. Eran apenas cuatro cuadras, pero era el único momento del día en el que podía hablar sin sentir que tenía que medir cada palabra.
Minho era la persona en la que más confiaba en el mundo. Literalmente. No sabía qué hubiera hecho sin él estos últimos meses.
Iba a mitad de camino cuando el celular me vibró en el bolsillo.
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Frené unos segundos en la vereda mientras leía el mensaje.
Tenía una cara de "feliz cumpleaños".
El aire de la mañana estaba fresco, de esos que te pegan en la nuca y te hacen meter las manos en los bolsillos. Las cuatro cuadras hasta lo de Minho se me hicieron un poco más largas de lo normal. No iba apurado, pero tampoco lento. Solo caminaba, con la cabeza todavía medio enredada en la discusión de la casa y en ese mensaje que no había contestado.