La pequeña hizo un esfuerzo antes de saltar hacia el otro espacio que quedaba entre la parte superior de la pared y el techo. Pensó que le faltaba poco para conocer lo que había en el otro lado, pero una parte se rompió y su mano se resbaló. Soltó un leve y sorprendido quejido antes de caerse hacia el vacío.
Le pareció una eternidad lo que seguramente eran unos segundos para seres tan gigantes como lo eran los titiriteros. Pudo apreciar incluso por un momento los pasillos oscuros de madera y las repisas donde tenían exhibidos a los demás.
El fuerte crujido de su cabeza contra el suelo la dejó completamente inmóvil encima de este. Su pecho no se movía. Ni siquiera pestañeaba. Quienes estaban exhibidos se asomaron desde lejos por el ruido y empezaron a murmurar. Sin embargo no la verían porque sencillamente no podían salir de allí. Así que solo se sentó y giró su cabeza de nuevo hacia adelante para acomodarla.
Examinó sus otras partes del cuerpo. Estaba fabricada de madera. Tenía leves líneas curvilíneas sobre estas y también poseía tal fuerza como para resistir la anterior caída. Su cabello al igual que su vestido parecían estar congelados, a pesar de que ambos daban la impresión de ser removidos por el aire.
Ya no tenía brillo y sus colores estaban muy degradados. De su espalda se desprendían varios hilos que conectaban con sus extremidades. Y a diferencia de los otros, estos estaban cortados.
—¡Es ella! ¡Otra vez! —la pequeña se fijó en que alguien la señalaba y retrocedió hasta esconderse debajo de una mesa—. ¡La vi!
—¿Es ella? —inquirieron los demás dentro de sus mostradores.
—¡Sí, la niña fantasma!
Todos miraron expectantes e intrigados hacia donde el dedo de madera apuntaba.
—No es un fantasma, ya se los dije —gruñó uno de ellos después de una larga espera.
—¿Entonces qué es? —preguntó un poco molesto el que había hecho la advertencia.
—No sé, pero en definitiva un fantasma no es porque para ser un fantasma primero tendría que ser una humana. Y los humanos, como saben, no existen —se acomodó dentro de su repisa—. Y los títeres no poseen alma como para que anden deambulando por allí.
Los otros títeres asintieron estando de acuerdo y también se acomodaron dentro de sus estanterías.
—Eso no lo sabes —insistió el títere anterior de la advertencia—. Hace mucho tiempo que ninguno de nosotros sale de aquí.
—Lo mismo podría decirte yo.
—Ya paren —les interrumpió una títere con apariencia mayor a la de ellos—. Independientemente de lo que sea, no nos podría hacer nada porque la vitrina nos protege —le dió pequeños toquecitos a esta.
—Eso hasta que un titiritero decida llevarnos al aserradero.
"El aserradero", repitió la pequeña en su cabeza. Nunca había visto a nadie volver de allí. Pensó que tal vez eran los únicos que lograban salir del taller una vez que estaban arreglados. Al fin y al cabo, ese era el motivo por el cual los tenían a todos allí.
Había otro mundo afuera, uno del que ella desconocía por permanecer toda su vida dentro. Esa era otra cuestión que desconocía. Por qué ella era la única títere en no haber conocido nunca el exterior y en tener los hilos cortados.
Observó a los otros títeres. Todos estaban exhibidos dentro de una especie de repisa de madera oscura. Eran iluminados por unas velas a su alrededor y todos compartían una advertencia debajo que decía "Estado de pudrición".
BINABASA MO ANG
EL TALLER DE LOS TÍTERES
Mystery / Thriller"Han hecho de ti como querían. Te han transformado a su antojo. Sin darte cuenta lo haces, inconscientemente. Te han manipulado a tal punto que ni siquiera saberlo te hace libre". ¿Qué cosas me han metido en la cabeza? ¿He estado equivocada todo est...
