ADVERTENCIA
El siguiente texto contiene descripciones y lenguaje sexual explicito, así como relaciones interespecie.
Se recomienda discreción.
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Para sorpresa de nadie, el Coyote no pudo contra la asombrosa y sobrehumana velocidad de aquel correcaminos. Una y otra vez, intento tras intento y fracaso tras fracaso. Se había vuelto un juego de nunca acabar, correr y perseguir, ser presa y ser un cazador, salir librado y ser lanzado contra un peñasco después de una explosión. Algunos dirían que ese comportamiento ininterrumpido era como un ritual entre ambos. ¿De qué otra forma se podría explicar que ninguno le hubiera puesto un fin? En efecto, el hambre era una constante en el desierto y el Coyote tenía que comer, pero Road Runner tampoco era la única ave, ni el único animal de esa zona y, sin embargo, el Coyote seguía firme al atraparlo. Se lo había jurado y, solo tal vez, el hambre ya no era la única ni la principal razón; pero algo era seguro para él, y es que nada lo saciaría como creía que lo haría el cuerpo caliente al desnudo del Correcaminos.
Agotado, Coyote se desplomó en el suelo de su cueva; había perseguido al ave toda la tarde hasta que cayera el Sol desde que volvió al desierto. Ahí va otro artefacto a la pila de objetos defectuosos e inservibles de ACME, además de otro ingenioso plan al montón de papeles arrugadas y fracasadas. Derrotado por el día de hoy, se dispondría a dormir de una buena vez.
Para poder conciliar su sueño, Coyote se imaginaba a su eterno némesis y las diversas formas en las que podría comérselo. Se lo imaginaba al vapor, transpirado y mojado en su sudor, rodeado de una nube caliente ahogando sus gemidos, mientras el aire se aromatizaba con su sabor, el cual solo podía imaginarse justo en sus sueños. Se lo imaginaba envuelto en una salsa dulce, chorreando desde el pico, recorriendo todo su cuello hasta envolver su cuerpo en mango picante. Se lo imaginaba rodeado de finas hierbas y exquisitas lechugas, con rodajas de tomate cubriendo, sin mucho éxito, su cuerpo emplumado. Se lo imaginaba pegajoso, en un pastel gigante, lamiendo cada uno de sus rincones hasta terminar con el dulce glaseado metido entre sus plumas. Se lo imaginaba atado, girando sobre una fogata caliente, muy caliente, mirándolo y suplicando con esos grandes ojos que lo soltase, pero una vez que pudiera tenerlo para él, no pensaba dejarlo ir. Esa noche, el Coyote logró soñar con tan deseada oportunidad, la de poder encajar sus uñas en la piel del Correcaminos. Ya otras noches y en otros sueños, había logrado capturar a ese burlón, pero siempre despertaba cuando lo tenía en manos; sin embargo, aquella noche sería diferente a las demás, y al despertar, lo lamentaría.
Ahí estaba Wile, detrás de unas rocas, como siempre, esperando a que su presa mordiera el anzuelo. Su plan, a comparación de otros, era muy sencillo, pues una vez que el Correcaminos picoteara las semillas en el plato, el coyote tiraría de una cuerda invisible marca ACME, que garantizaba capturar a tus enemigos sin que ellos lo vean venir; pan comido.
Dentro de poco, Road Runner se hizo presente. Empezó a comer y Wile vio su oportunidad, pero había un problema: ¡no lograba encontrar la cuerda!
Desesperado buscó por todo el suelo a su alrededor, esperando sentir su rugosidad. El Correcaminos ya casi terminaba de comer. Coyote sudó frío, hasta que por fin encontró la cuerda y tiró de ella. Cerró sus ojos por la fuerza al estirarla, y al abrirlos se esperaba encontrar con el pájaro logrando burlarse de él de nuevo o con algo explotando en su rostro, pero sorprendente e increíblemente, ahí estaba, tendido en el suelo y sujeto por las patas, su querida ave. ¡Lo había conseguido! El correcaminos por fin era suyo.
Sus ojos se abrieron en grande mientras se lamía su rostro, saboreándose esa carne blanca. Rápido y antes de que se le fuera, lo tomó entre sus brazos y corrió con todo lo que le permitieron sus patas hasta el interior de su cueva. Correcaminos parecía sorprendido y hasta un poco preocupado, pero como era el sueño del Coyote, no presentó ningún esfuerzo por fugarse.
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Atrapar al Correcaminos
FanfictionAtrapar al Correcaminos era algo que el Coyote solo podía conseguir en sus sueños, pero una noche, uno de ellos se transformó en una pesadilla. La vida como la conocía no volvería a ser igual, e incluso las motivaciones por atrapar al ave dejarían d...
