El lugar equivocado
Fer no quería ir.
Llevaba todo el día grabando, tenía el rímel a medio correr y su hermana Carol llevaba media hora diciéndole "nomás un ratito, te juro que es gente chida, es en el estudio de VHS".
El estudio no era un estudio. Era una casa adaptada en la Roma, con una alfombra que ya había visto demasiadas fiestas, una bocina que vibraba demasiado y un patio chiquito atrás donde alguien había puesto una portería improvisada con dos botes de pintura.
Y ahí estaba él.
Moisés López.
Fer lo reconoció a medias. Obvio sabía quién era Fuerza Regida, obvio había escuchado sus rolas en todos lados, pero nunca lo había visto sin gorra, sin escenario, sin toda la gente gritando. Estaba en pants, con una playera blanca toda sudada, jugando fútbol con otros dos morros como si llevara horas ahí. Se veía cansado, como si acabara de salir de un ensayo de tres horas y solo quisiera apagar el cerebro.
Carol la jaló del brazo. "¡Ven, te presento!"
"No, déjalo, está jugando", susurró Fer.
Pero ya era tarde.
Uno de los chavos pateó el balón demasiado fuerte y el balón se fue directo hacia donde estaba Fer, pegándole en la espinilla.
"¡Uy, perdón!" gritó Moisés, corriendo hacia ella.
Fer se agachó sobándose. "No pasa nada, estoy bien."
Moisés se quedó parado frente a ella, agitado, con el cabello pegado en la frente. La vio de arriba a abajo y luego vio el celular en su mano. Fer, por inercia de creadora, ya estaba grabando una historia del lugar.
Y ahí la cagó.
Él cambió la cara al instante.
"¿Estás grabando?" le preguntó, seco.
Fer paró la grabación. "No, o sea, sí, pero no a ti. Solo del lugar."
"Sí, ajá." Moisés sonó a la defensiva. "Mira, si quieres foto me dices y ya, no tienes que estar grabando a escondidas."
Fer, que venía de un día larguísimo y que ya tenía comentarios en internet sobre con quién salía y con quién no, sintió como se le subía la sangre.
"¿Perdón? Ni siquiera sé quién eres bien, no mames. Me pegaste con un balón, no te estoy grabando."
Se hizo un silencio incómodo. Los otros dos del partido se dejaron de reír.
Carol intervino: "¡Ya, Moisés, no seas así! Es mi hermana, Fer."
Moisés se talló la cara, arrepentido al instante. "No, perdón, perdón. Es que... hoy tuvimos un día culero y ya estoy hasta la madre de que todo se suba. Pensé..."
"No pensaste", le soltó Fer, pero ya no tan enojada.
Él la miró, sorprendido de que no le hubiera dado por su lado. La mayoría de gente le decía "sí, no te preocupes" aunque él la cagara.
"Eres directa", dijo.
"Tú eres el que patea balones como si quisieras matar a alguien", contestó ella.
Y por primera vez en la tarde, Moisés se rió. Una risa corta, real.
"Me llamo Moisés", dijo, extendiendo la mano como si no se acabaran de pelear.
"Ya sé. Fer."
Se dieron la mano. La de él estaba toda caliente y sudada. La de ella fría por el refresco que traía.
Los dejaron solos porque Carol se fue por un cigarro y los otros se metieron a seguir platicando adentro. Fer no sabía si irse o quedarse, así que se fue a la cocina que estaba justo al lado del patio a buscar agua.
Moisés entró detrás de ella.
"¿Me perdonas por lo de hace rato? Es que neta pensé..."
"Ya, ya entendí. Eres famoso y todos quieren algo de ti. Ya, supéralo", lo interrumpió Fer mientras abría el refri. No lo dijo feo, lo dijo como bromeando.
Él se recargó en la barra. "No es eso. Es que estoy harto de que si me río con alguien ya dicen que andamos, si juego fútbol ya dicen que me voy a retirar. Todo es contenido."
Fer le pasó una botella de agua fría. Sus dedos se rozaron.
"Te entiendo", le dijo ella bajito. "A mí me pasó algo parecido hace poco. Subes algo y ya te inventan toda una historia. Cansa."
Moisés la miró de verdad por primera vez. Notó que tenía una pecita en la nariz, que no traía pestañas postizas como todas las niñas que iban a ese tipo de fiestas, y que no lo estaba viendo como "Moisés de Fuerza Regida", lo estaba viendo como el vato que le pegó con un balón.
"¿Por qué viniste entonces si se ve que no querías venir?" le preguntó él.
"Porque mi hermana me obligó. ¿Y tú por qué estás jugando fútbol en medio de una peda?"
"Porque si no me muevo me pongo ansioso. Y patear cosas me calma."
Los dos se rieron.
Se quedaron ahí como diez minutos hablando de puras pendejadas. De que él odia el cilantro, de que ella no sabe manejar estándar, de que los dos son de los que contestan mensajes tres días después. Nada profundo, pero fácil. De esa plática que no pesa.
En un momento, Fer sacó su celular para enseñarle un meme de un perro que juega fútbol y Moisés se acercó tanto que su hombro rozó el de ella. Olía a sudor y a perfume caro mezclado. Raro, pero no desagradable.
"¿Me lo mandas?" le dijo.
"¿El meme?"
"Ajá."
"¿Cuál es tu insta?"
Moisés se lo dictó. @moiseslopezfr. Fer lo buscó y le dio seguir. Él hizo lo mismo. Fer Durán. Ya la había visto antes, en TikToks.
"Sí te había visto", confesó él. "El de la voz de ardilla."
"¡No mames, qué pena! Lo borré."
"No, estaba cagado."
Afuera alguien gritó que ya iban a poner música. Fer supo que era su momento para irse. Ya había cumplido con Carol.
"Me tengo que ir", dijo.
"Va. Gracias por no subirme llorando porque te pegué con el balón."
"Gracias a ti por no pensar que te quería grabar para hacerme viral."
Se quedaron viendo un segundo de más.
Esa noche, Fer llegó a su depa, se desmaquilló, se puso su pijama de Stitch y se acostó. Ya iba a apagar el celular cuando le llegó una notificación.
moiseslopezfr te envió un mensaje: [meme de un gato portero]
Era un meme malísimo. Malísimo de verdad.
Fer se rió sola en su cuarto a las 2:13 am y le contestó con otro meme peor.
Y sin darse cuenta, sin planearlo, sin querer, empezaron a hablar todos los días.
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CASI SIN QUERER
FanfictionFer Durán no quería ir a esa fiesta. Moisés López no quería socializar con nadie después de un ensayo de 3 horas. Ella fue obligada por su hermana. Él solo quería patear un balón para calmar su ansiedad en el patio de un estudio feo de la Roma. Un b...
